Ernesto Talvi: “No podés ser progresista si no sos liberal”

Publicado: 28/11/2018 20:40 | Actualizado:
Ernesto Talvi: “No podés ser progresista si no sos liberal”

El precandidato de Ciudadanos dice que "la implosión del Partido Colorado fue una fatalidad" y se define más "progresista que Lacalle Pou."

Por Leonardo Haberkorn

La sede de Ciudadanos es una casa en Pocitos sin ningún distintivo partidario o político en su fachada. Desde la vereda se ve gente trabajando dentro y parece que se tratara de un estudio o una empresa.

Ernesto Talvi, uno de los rostros nuevos de esta campaña electoral, precandidato presidencial del Partido Colorado, un reconocido economista de 61 años, nos recibe en cómoda sala de reuniones, de muebles modernos, pero sobria y casi austera. Más allá de un cartel que dice “Ciudadanos” y un pizarrón que indica las reuniones y actos políticos programados para los próximos días, no hay otros signos de la campaña política.

-Es su primera participación en la política partidaria. ¿Se considera un outsider?

-No. Un outsider es una persona antisistema, que lo denigra, lo desprestigia, que se erige en único intérprete de la voluntad del pueblo. Nosotros somos nuevos, pero venimos a tratar de que la gente recupere la confianza en los partidos y en la política como única herramienta para responder a los problemas cotidianos y mejorar la calidad de vida.

-Entonces se considera un político.

- No; me considero un académico comprometido con la cuestión pública desde hace muchos años. Un académico que ha formulado y diseñado políticas de gobierno junto a un gran equipo de jóvenes formados en las mejores universidades del mundo por muchísimos años, que tiene un proyecto de país, que tiene propuestas concretas, factibles, financiables y probadas para enfrentar los principales desafíos del Uruguay. Y en vez de andar convenciendo a otros para que las lleven adelante, decidimos hacerlo nosotros.

-El periodista Carlos Luppi lo ha llamado “un operador en las sombras”.

-Luppi falta a la verdad con una frecuencia inusitada. Esa es una historia totalmente falsa. Yo no soy ningún operador político, yo fui un académico que trabajó 21 años en una institución independiente como Ceres. Que además trabajé para la Brookings Institution, la Harvard de las instituciones de política pública con sede en Washington, con 160 investigadores. Dirigí su programa latinoamericano desde Montevideo. La primera vez que Brookings puso a su lado el nombre de otra institución, lo hizo con Ceres: la iniciativa “Brookings Ceres para América Latina”. Y Brookings te hace firmar de manera explícita que tú no tenés actividad política alguna. Así que Ceres ha sido y es rabiosamente independiente. Está en el diseño y el debate de políticas de gobierno. ¿Estábamos en la actividad pública? Sí. ¿En el debate político? Sí. ¿En la política partidaria? No. ¿En lo electoral? No. Es un concepto que poca gente entiende. Cuando toma posición pública sobre temas desde la academia, está trabajando para generar propuestas innovadoras para enfrentar los principales desafíos del país. Eso es lo que he hecho por 21 años con gran independencia. Tanto es así que ahora yo me tuve que desvincular de Ceres y de Brookings porque entré a la vida política. Decir que fui o soy “un operador” es una leyenda urbana que no por repetirla mil veces se transformará en verdad.
Batlle nunca me ofreció ser ministro, como se dice. Me ofreció la presidencia del Banco Central.

- ¿Tiene algún punto de contacto con Novick o Sartori?

-Ellos también son nuevos en la política, pero no nos parecemos en prácticamente nada. Yo llego habiendo tenido una experiencia previa de 21 años y habiendo diseñado políticas de gobierno. Vengo con un bagaje de conocimientos. Yo me preparé para esto, para la vida pública.

-¿Qué le pasó al Partido Colorado para pasar de lo que fue a lo que es hoy?

-Su caudal electoral se estaba reduciendo de forma paulatina, pero lo que hizo que implosionara fue la crisis de 2002. Nos agarró la crisis como resultado de los coletazos que recibimos de Argentina; una corrida bancaria que se originó allá y que -como el 50% de nuestros depósitos eran de argentinos-, se contagió acá. Además de la aftosa.

- Desde 1985 el Partido Colorado tuvo dos figuras protagónicas: Sanguinetti y Jorge Batlle. ¿No tienen una cuota de responsabilidad en esa “implosión”?

-Creo que no.
El Frente Amplio hoy no tiene la capacidad de reconocer los problemas, mucho menos de darles respuesta.

-¿Entonces cree que lo que le pasó al Partido Colorado fue una fatalidad?
-En gran parte, sí. Fue una fatalidad que indudablemente, con los conocimientos de hoy de regulación bancaria, probablemente se podría haber evitado. Pero a veces las cosas tienen que pasar para que te des cuenta dónde están las debilidades. Me gusta mucho el fútbol y los cuadros grandes a veces pasan por períodos de sequías deportivas prolongadas y no por eso dejan de ser grandes. El Partido Colorado está pasando por un período de sequía electoral, pero no dejó de ser grande. Tiene la obligación histórica de competir para ganar y gobernar. Esperamos que a través de Ciudadanos, como una propuesta de renovación, cambio y futuro, se logre esa vitalidad y ese protagonismo indispensable para dejar atrás esta coalición que nos gobierna y que ya está agotada. El Frente Amplio hoy no tiene la capacidad de reconocer los problemas, mucho menos de darles respuesta. Les reconozco muchos otros méritos, no tengo ningún problema, el Uruguay no se refunda cada cinco años. Al contrario, se toma lo bueno y encaramos nuevos desafíos. Pero este es un proyecto político agotado y lo tiene que reemplazar otro, que responda a los desafíos de hoy: falta de empleo, inseguridad, fractura social y un fracaso educativo que compromete el futuro.

-Usted se define como “liberal progresista”. Darwin Desbocatti dijo que “es como declararse judío musulmán, tambero animalista o parrillero vegano”.

-Me causó muchísima gracia; no podía ser menos viniendo de Darwin. Pero el liberalismo progresista tiene una tradición en la filosofía política. Me defino así desde hace más de 20 años, y entronca con los valores y principios que inspiraron al primer batllismo, que era liberal, progresista e internacionalista.

-Desbocatti no niega que es posible conciliar ambos términos, pero sostiene que quien hoy se identifica como liberal se brota al oír la palabra progresista, y viceversa.

-Eso es porque los términos son secuestrados a veces. Yo estoy convencido de que no se puede ser verdaderamente progresista si no sos liberal. Porque ser liberal implica, primero y antes que nada, creer en la libertad como una precondición para el desarrollo humano y para la coexistencia en comunidad. Ser liberal implica creer en un orden institucional, en la democracia, el gobierno de la ley, la separación de poderes y la libertad de expresión: en todos los dispositivos institucionales que protegen al individuo contra el abuso y la arbitrariedad de quien tiene el poder. Ser progresista implica asegurarles a todos los ciudadanos igualdad real de derechos, oportunidades y una vida digna por el solo hecho de ser tales. Pero para que eso ocurra, esos ciudadanos tienen que tener voz, capacidad de expresarse y voto. La historia habla: el único sistema que trajo niveles de prosperidad, bienestar, libertad, respeto por los derechos humanos y coexistencia pacífica y cooperación internacional fue la democracia liberal. Los demás nunca lograron eso, y la democracia liberal es, esencialmente, progresista. No se puede ser progresista si no sos liberal.

-Entonces, como liberal, la ley de la marihuana le parece bien.

-Sí, creo que hoy la tendencia mundial es a liberalizar su producción, distribución y consumo. Pero no soy partidario de hacerlo en un clima festivo. Hay que informar a los chiquilines y a los padres de los daños que puede hacer el consumo prolongado, aún social. Que es un depresor del sistema nervioso central, que lleva a los chiquilines al “no-me-importa-cosismo” y su consumo prolongado puede generar un daño directo a las áreas cognitivas. Yo creo hasta ahora -que el doctor Vázquez decidió que empezara una campaña- la legalización se hizo en un clima festivo. Fue un error. Y segundo, creemos que se perdió una gran oportunidad, porque sabemos que Israel, Holanda, están a la vanguardia del uso de la marihuana no como un elemento psicoactivo, sino con fines medicinales, cosméticos, alimentarios. Podríamos haber aprovechado que fuimos de los primeros en liberalizar toda la cadena, para ponernos a la vanguardia en industrias asociadas y perdimos también esa oportunidad.

-¿Y el aborto?

-La ley la votó un parlamento legítimo. Hubo un intento de convocar a referéndum para derogarla y fracasó. Entonces -como demócrata republicano- tengo que aceptar el veredicto del parlamento y de un referéndum que no prosperó. Es tema saldado, más allá de lo que yo piense o no piense.

-¿Y qué piensa?

-Estoy a favor de la vida, pero estar a favor de la vida no es estar en contra del aborto legal. Estar a favor de la vida implica usar la legalidad y no la clandestinidad para trabajar mejor en los disuasivos para tratar de persuadir a quienes vayan a tomar la decisión de que, eventualmente, opten por otra vida.
Me cuesta definirme. Quizás la palabra sea agnóstico. Soy una persona muy espiritual, muy emocional, pero no soy creyente.

- ¿Es creyente?

-No, soy laico.

-¿Ateo?

-Me cuesta definirme así. Quizás la palabra sea agnóstico. Soy una persona muy espiritual, muy emocional, pero no soy creyente, ni practico la religión. Me gusta definirme como laico. ¿Qué quiere decir? Una persona que no niega el fenómeno religioso, al contrario, que lo valora. Que no niega la espiritualidad y su importancia en la vida. Hay momentos que me da sana envidia los creyentes, porque siento que tienen un respaldo, un apoyo, una convicción que a veces uno tiene que buscarlos en otras partes. Pero apechugo con lo que soy, y con las cosas que elijo, siempre con respeto y tolerancia. Entiendo la laicidad no como negación, sino como tolerancia a todas las expresiones espirituales y religiosas.

-Fue fundador del liceo Impulso, que ha tenido críticas de filas del gobierno. ¿Por qué entiende se debe emular a nivel público?

-En Impulso he sido fundador, pero el alma máter es Nicolás Herrera. Yo di una mano, es un orgullo haber estado ahí, haber visto lo que vi, y haber aprendido lo que aprendí y que eso haya inspirado la propuesta de Ciudadanos de hacer 136 liceos públicos modelo para emular y replicar esa experiencia formidable. Para que podamos aplicarla en todos los contextos vulnerables y sacar a los chiquilines de quedar condenados a una vida sin futuro por el lugar donde nacen. La mitad de los chiquilines que nacen hoy en Uruguay, nacen en las periferias pobres y solo 13 de 100 terminan el liceo. Y sin preparación no pueden acceder a trabajos formales, terminan en la informalidad, en la dependencia perpetua de los planes sociales. Lo peor es que terminan siendo semillero de los narcotraficantes y las bandas de criminales, con el delito como forma de vida. Estamos hipotecando el futuro, por eso Uruguay se está desfigurando como sociedad. Esto es un fracaso educativo estrepitoso. Si no entendemos que este fracaso está conectado íntimamente con la exclusión social, la fractura social, la marginalidad y con todas las secuelas de delitos, drogas, inseguridad y miedo que traen detrás, entonces no estamos entendiendo el problema.

-Marcó su deseo de tomar este desafío de ser precandidato prescindiendo de las viejas estructuras del Partido Colorado. Pero en su nueva agrupación hay dirigentes importantes que trabajaron con otros sectores. ¿Por qué rechazar a algunos y aceptar a otros?

- Jorge Batlle, en noviembre de 2015, me dijo: “Mire Ernesto, usted tiene un sueño, usted tiene un proyecto de país, usted tiene un equipo formidable de gente que se ha formado en las mejores universidades así que puede armar un equipazo de gobierno, usted tiene el amor por el país más grande que se puede tener que es el del hijo de un inmigrante agradecido, usted tiene una comunicación con el ciudadano extraordinaria, a usted le puede ir muy bien en política y yo lo vengo a invitar, a estimular, le vengo a proponer que asuma esta responsabilidad”. Si el doctor Batlle no me hubiera dicho eso, no estaría hoy en esta entrevista. Mi respuesta fue “Mirá Jorge, yo no soy político, yo no tengo perfil político”, y él me dijo: “Usted no entiende; el que entiende soy yo, y yo le digo que a usted le va a ir muy bien en política pero tiene que tener ganas. Si no tiene ganas, me levanto y me voy. Pero si tiene ganas, entonces le voy a enseñar, porque esto se aprende”. Y entonces decidimos armar esto desde cero, de una manera en la que yo me sintiera cómodo y me hiciera ilusión. Decidí que íbamos a construir primero un movimiento ciudadano, que no iba a heredar un aparato político preexistente, sino que iba a construir uno nuevo con una cultura propia. Hoy Ciudadanos tiene una organización política comprometida y potente. Sus integrantes tienen un compromiso con ciertos valores y principios que queremos traer a la política. En particular que a la política la entendemos como una actividad digna, de vocación y servicio. Hay alguna gente que ha estado, como Adrián Peña y Ope Pasquet, que son los más visibles. Y mucha gente que nunca estuvo.

-¿Por qué Peña y Pasquet sí y otros no?

-Porque ellos vinieron a título individual a sumarse a una cultura emergente. Mientras que la propuesta que me hizo el doctor Sanguinetti era apoyar mi candidatura pero llevando todo un aparato político que, no digo que sea ni mejor ni peor, pero que no es lo que yo quería armar.

-¿Con viejos vicios?

-Vicios y virtudes, no quiero juzgarlo. Pero queríamos algo nuestro, no heredar un aparato. Queríamos construir una cultura propia. Es como un adolescente que se emancipa: no deja de querer a sus padres por emanciparse. Pero está construyendo su personalidad y es sano.

-Pero Pasquet, por más que venga a título individual, también tendrá su grupo que lo sigue…
Hemos decidido no incorporar gente e incluso desvincular a algunos que se habían sumado y entendíamos después que no reunían el perfil que buscamos.

- Ope tiene un grupo de gente que lo sigue en Montevideo, Adrián tiene un grupo y una estructura en Canelones, pero el doctor Sanguinetti y la gente que lo acompaña tiene una estructura nacional, en todos los departamentos, entonces básicamente yo hubiera sido un candidato de una estructura que no armé, en la que no tuve incidencia y en la que no tuve nada que decir.

-¿Qué pasa si viene un señor y le dice que tiene o tuvo un club o un comité en Sarandí del Yi o en Guichón y que puede juntar 200 o 500 votos?

-Hay un comité de selección que evalúa los pedidos para apoyar y representar nuestro proyecto y nuestra candidatura. No alcanza con que alguien diga “tengo cien votos” o “tengo un club”, tenemos que ver si está comprometido con el proyecto, evaluar su trayectoria a la luz de los valores y los principios.

- ¿Han rechazado gente?

-Sí. Hemos decidido no incorporar gente e incluso desvincular a algunos que se habían sumado y entendíamos después que no reunían el perfil que buscamos.

- ¿Qué cosas concretas les llevaron a excluir a esos dirigentes?

-Conductas inadecuadas en términos de lenguaje en Twitter, o defender posiciones que son absolutamente contrarias a los valores de Ciudadanos. Prefiero no ser más preciso, porque quedaría en evidencia de quién se trata.

-Le repaso algunas de las críticas que se le hacen. Por ejemplo, se le achaca que más que “liberal progresista” es neoliberal, recordando anteriores dichos o posiciones políticas. ¿Usted cambió, se movió más al centro o es el mismo de antes?

-Neoliberal es un término que se usa para descalificar y que no me describe. Si la pregunta es si evolucioné, claro que sí. Pero yo me eduqué en un hogar batllista, así que mi condición de humanista la tuve siempre. Siempre tuve una sensibilidad muy especial para los temas sociales y un talante progresista. Quizás muchos años antes, en la ingenuidad juvenil, pensaba que si arreglabas el déficit fiscal, bajabas la inflación, abrías la economía al comercio, desregulabas el crédito, abrías al competencia las empresas del Estado… hacías cuatro o cinco cosas y era la llave de la prosperidad. Hoy creo que eso era una ingenuidad. Porque la prosperidad es elusiva. Hay muy pocos países en el mundo que han llegado desde el subdesarrollo hasta ella. Pero aunque no seamos un país rico, la gente tiene que poder vivir con dignidad. Tenemos que ser un país más digno, más amable y más justo. Y para eso lo fundamental es asegurar igualdad de oportunidades a través de la educación. Con Ciudadanos, cualquier chiquilín que nazca en cualquier rincón del país va a tener la oportunidad de tener una educación de calidad.

-¿Se moderó ideológicamente?

-Me di un baño de realidad. Hoy sé que no hay fórmulas mágicas. Pero todas esas cosas que enumeré hay que hacerlas bien. La propia izquierda las ha asumido.

-Algunas sí, otras no. Desmonopolizar las empresas públicas, no. Usted sí lo ha planteado.

-Nunca propuse venderlas, sí desmonopolizarlas y aún hoy lo planteo. Pero primero hay que prepararlas para poder competir. Por eso planteamos, en una primera fase, ir al sistema neozelandés que es el de profesionalizar la gestión de las empresas públicas, designando en las altas gerencias, por concurso, personas altamente calificadas.

-Se le achaca también haber vaticinado la llegada de sucesivas crisis económicas con el Frente Amplio, que no ocurrieron.

-Es otra forma de descalificar, para que no me hagan caso. Hemos hecho muchas veces advertencias. Algunas se habrán cumplido, otras no. Pero siempre hablamos desde una perspectiva independiente, buscando lo mejor para el país. Yo los desafío a buscar esos pronósticos apocalípticos, nunca los vi.

-En un artículo del semanario Voces recuerdan que en 2012 usted vaticinaba una fuerte devaluación.

-No recuerdo haberlo hecho, porque en Ceres siempre fui muy cuidadoso en hacer pronósticos, porque creo que uno de los males que tiene nuestra profesión es el de hacer de oráculos.

-¿Pero se equivocó alguna vez en esos análisis?

-Muchas veces. Pero no me equivoqué deliberadamente para perjudicar al Frente Amplio porque los economistas no somos oráculos, es una ciencia social, es imprecisa e imperfecta. Evito hacer pronósticos pero cuando a veces me ha tocado hacerlos tratando de advertir por situaciones, en fin, en algunos casos hemos acertado y en otros nos hemos equivocado. Pero una equivocación no es ser agorero de la catástrofe, son dos cosas distintas y quisiera que me muestren donde están los augurios apocalípticos.

-Roberto Elissalde recordó en el semanario Voces que, entrevistado por Néber Araújo, antes de las elecciones de 1999, definió como “un salto al vacío” la propuesta económica del Frente Amplio.

-No me acuerdo que dije en 1999, pero aquel Frente Amplio no era el que el que ganó en 2004, cuando el doctor Vázquez nombró ministro a Astori cuatro o cinco meses antes de la elección, lo llevó a Washington, se fotografiaron frente al Banco Mundial, renunció al repudio de la deuda externa, a la reforma agraria, a la nacionalización de la banca. Si hubiera sido el mismo Frente Amplio de años atrás quizás sí hubiera sido un salto al vacío para la economía, pero el Frente que gobernó no fue ese.

-Otra cosa que le reprochan es no haber aceptado ocupar un cargo de gobierno cuando Jorge Batlle se lo ofreció en medio de la crisis de 2002.

-Batlle nunca me ofreció ser ministro, como se dice. Me ofreció la presidencia del Banco Central. Fue a raíz de que el día anterior le habíamos planteado un plan de salida para la crisis financiera. Porque él nos había llamado para consultarnos y nosotros habíamos elaborado un plan, previo, meses antes viendo los desastres de Argentina. Lo hicimos con gente muy capacitada en temas financieros, del exterior, por si se llegaba a precipitarse una crisis que a la postre se precipitó, para que eligiéramos una salida más quirúrgica y prolija que la que hizo Argentina. Yo respondí ante la oferta de Batlle: “Presidente, si el Titanic estuviera a dos kilómetros del iceberg y creyera que con un golpe de timón quizás zafamos, lo haría. Pero acá ya chocamos con el iceberg, ahora hay que decidir quién va a los botes salvavidas y quién se hunde con el barco. Hay que decidir a quién se le reprograman los depósitos, qué bonos se pagan y cuáles no. Esto es un tema redistributivo, no es un tema técnico. Yo soy un técnico independiente, sin respaldo político y usted va a tener que tomar decisiones políticas, que van a requerir de acuerdos muy amplios. No me parece que este sea el trabajo para un técnico sin respaldo político”. Gente muy cercana, como Ricardo López Murphy en Argentina, que duró 15 días como ministro, me dijo “Mira, si vos agarras esto, yo voy a ser un ministro longevo comparado contigo”.

-Se reafirma en su decisión de entonces.

-Sí. Fue bueno que el doctor Batlle eligiera para el ministerio a alguien como Alejandro Atchugarry, que fue un héroe en tejer los acuerdos políticos que se precisaban, y también que Julio de Brum asumiera el Banco Central. Ambos y otros hicieron una tarea formidable para sacar al país de la peor crisis económica. Yo ayudé en mi rol en ese momento, que era desde Ceres y desde la contribución intelectual, a ponerle delante al presidente un plan de salida que le gustó.

-Se ha llegado a decir que su negativa al pedido de Batlle fue una traición.

- A las pruebas me remito: el presidente Batlle es el que me vino a buscar para hacer política. Lo sabe todo Uruguay, porque se lo dijo a todo Uruguay. Así que no solo no se sintió traicionado, ni siquiera molesto, sino que entendió perfectamente mis razones. Es otra leyenda que instalan quienes en lugar de debatir ideas, proyectos y propuestas, se dedican a destruir reputaciones. La política puede ser un tráfico de insultos y de intrigas, un juego de poder, esa cosa pequeña, mezquina y denigrante que la gente detesta y que ya no quiere más. O puede ser un espacio de encuentro, donde se resuelven disensos, se discuten ideas y se elaboran propuestas para los problemas de la gente. Esa es la política con mayúscula, la única política que Ciudadanos va a hacer, me cueste o no la elección.

-¿De dónde saldrá para hacer los 136 liceos modelo inspirados en el modelo del Jubilar e Impulso?

-Ponerlos a funcionar cuesta 160 millones de dólares por año por encima de lo que ANEP ya gasta, que son 200-210 millones con resultados pésimos. Por 160 millones más, vamos a ofrecer una propuesta educativa de alta calidad, con el triple de horas de clase, con contención de familia y comunidad para que los chiquilines entren al liceo, estudien, se queden y terminen. Esos 160 millones, son una gota en el océano del presupuesto anual de gastos de Estado de 15.000 millones de dólares. Pero me podrán decir “sí, pero igual son 160 millones”. Entonces esto hay que pensarlo como una siembra. Cuando vos sembrás, tenés que laborar la tierra, se gasta en semillas, fertilizantes, esto y lo otro y recién cuando vendés la cosecha pagás los gastos y tenés una utilidad. Después que estos liceos empiecen a funcionar, a partir del año siete, cuando salga la primera generación, muchos de esos chiquilines en vez de ir a la informalidad, de depender de planes sociales del MIDES, de ir al delito y obligarnos a gastar en cárceles, policías, esto y lo otro, estarán formados para trabajar dignamente y contribuir a la sociedad. Este proyecto se paga solo en 12 años, se paga tres veces en 25 años. O sea que es el proyecto social y económico más rentable que se pueda imaginar. Si uno va con un proyecto así a un banco de desarrollo, como el Banco Interamericano o el Banco de Desarrollo de América Latina, te podrán decir “ajuste acá” o “hágale unos retoques a esto”, pero lo van a financiar. Como nos financiaron la reforma de la seguridad social en su momento. Así es como se tiene que financiar este proyecto. Es indispensable si no queremos que el Uruguay se nos desfigure de manera definitiva.
Por centralizar absolutamente todo, hemos perdido la policía de cercanía, que es la primera línea de defensa contra el delito.

-¿Qué hará con la seguridad pública mientras estos planes de mediano aliento no tengan efecto?

-Estamos enfrentados a bandas criminales, organizaciones que trafican drogas, armas, animales, trafican con la vida humana, matan por encargo. Cuando uno está ante este tipo de crimen, los países que han hecho experiencias exitosas en combatirlo son los que han actuado con mecanismos de prevención y represión inteligente. Acá hay que usar mucha inteligencia. Estas bandas tienen que hacer muchos movimientos para poder funcionar, alguien que trafica droga tiene que ingresarla al país, tiene que pagarla, acopiarla, distribuirla, venderla, cobrarla, lavar el dinero, tiene que contratar un montón de gente que haga todo esto. Está lleno de instancias para detectar los movimientos. Alguien tiene que estar mirando. Entonces nosotros vamos a fortalecer los recursos en tecnología y personal a los servicios de inteligencia y comunicación.

-La policía ya mejoró mucho su capacidad tecnológica.

-Yo hablo de usar la inteligencia para realmente detectar las rutas de tráfico y lavado, las formas de organización y reclutamiento de estas bandas. Hoy vamos siempre cuatro o cinco pasos atrás, siempre reaccionando ante hechos consumados. Y hay que recrear la policía de cercanía. La policía que conoce a los vecinos, y en la que los vecinos confían. Porque esa policía puede actuar como una red de información. Hoy las comisarías son oficinas de quejas sin ninguna capacidad de respuesta. Por centralizar absolutamente todo, hemos perdido la policía de cercanía, que es la primera línea de defensa contra el delito.

-¿Compite por un electorado similar al de Luis Lacalle Pou?

-Aunque hay un punto de intersección, creo que no. Nosotros reivindicamos los valores del primer batllismo. El Partido Nacional también es liberal y republicano, pero nosotros somos más progresistas. Vamos a recrear un estado de bienestar para el siglo XXI y pensamos hacerlo mirando lo que está haciendo el presidente Macron en Francia, que realmente está a la vanguardia en estos temas. Es algo que nos diferencia de la tradición del Partido Nacional.


Uno a uno



-Maduro

-Un narco dictador sanguinario.

-Macri

-Un presidente que le devolvió el espíritu republicano a la Argentina, después de 12 años de crispación e intolerancia con el kirchnerismo.

-Bolsonaro

-Como candidato, alguien que en su discurso hizo apología de la dictadura y la tortura, incitando al odio, la discriminación y la violencia. Como presidente electo, parece que moderó su discurso. Confiemos en que se traduzca en una moderación de sus acciones.

-Trump

-Espero que sea un accidente temporario en la rica historia democrática de Estados Unidos, que las aguas vuelvan a su cauce y la democracia liberal pueda recuperar a uno de sus principales constructores.

-Putin

-Un autócrata electo.

-Mujica

-Un expresidente que admiro por su sencillez, austeridad y falta de apego a los placeres materiales y que ojalá hubiera tenido esa misma austeridad para manejar los dineros públicos. Porque lo suyo fue un desgobierno.

-Sanguinetti

-Un expresidente que hizo cosas muy valiosas, como haber universalizado la enseñanza preescolar. Que tuvo la valentía de animarse a hacer una reforma educativa que le costó enfrentamientos. Un intelectual de fuste, con una capacidad de reflexión poco frecuente. Un hombre con el cual es un placer conversar, y del cual tenemos mucho que aprender. Un posible competidor en la interna del Partido Colorado, un lindo contrapunto entre una historia que respetamos y la renovación y el cambio que el partido y el país necesitan. Le toca el turno a otra generación.