La gimnasia preelectoral de los traspasos partidarios

Por: Leonel García
Publicado: 14/09/2018 07:05
La gimnasia preelectoral de los traspasos partidarios

Los cambios de partido de Juan Raúl Ferreira y Gonzalo Mujica son los últimos capítulos de una vieja historia; a veces impactante, otras no.

La tensión se cortaba con una sierra eléctrica ese 24 de abril de 1994 en el Platense Patín Club. El Partido por el Gobierno del Pueblo (PGP), la lista 99 de Hugo Batalla, debía decidir si aceptaba una alianza con el Foro Batllista de Julio María Sanguinetti, que se iba a traducir ese mismo año en una fórmula presidencial. Hubo emociones, tensiones, insultos, alegrías, llantos y piñazos.

La moción finalmente se aceptó. Hugo Batalla, surgido en el Partido Colorado, fundador del Frente Amplio y del Nuevo Espacio, volvía al Partido Colorado, conmoviendo a todo el mapa político. Las elecciones de ese año vieron vencedora a esa fórmula por un estrecho margen; sin embargo, la 99 tuvo la peor votación de su historia, al punto que prácticamente significó su certificado de defunción.

Cuando un dirigente pasa de un partido político a otro, algo bastante usual en el ruedo nacional, sobre todo en los períodos preelectorales, se suele poner este ejemplo. Es un ejemplo atípico: Hugo Batalla era un líder en su partido, el PGP y también en el Nuevo Espacio, cuando regresó al Partido Colorado. Lo habitual es que estos traspasos no sean de dirigentes de primera línea. No lo han sido Gonzalo Mujica y Juan Raúl Ferreira, que en esta semana oficializaron su ingreso al Partido Nacional y al Frente Amplio, respectivamente, viniendo desde el Frente Amplio y el Partido Nacional, también respectivamente.

Hay analistas políticos que han dicho que estos traspasos no son bien vistos por el electorado. “Acá la competencia electoral está asociada a las lealtades partidarias. Se considera que los votos no tienen dueño”, indica el politólogo e investigador Diego Luján. “Los partidos uruguayos son muy fuertes, las tradiciones también. A lo largo de la historia, aquellos políticos que han cambiado de partido han sufrido por lo general descrédito y no les ha ido bien en réditos electorales. Salvo que se vayan a hacer algo nuevo”, señala Antonio Cardarello, docente del Instituto de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República.

Benito Nardone comenzó en el Partido Colorado. No alcanzó ahí grandes alturas y fundó, luego de convertirse en un fenómeno de comunicación radial, la Liga de Acción Ruralista. Esta hizo una alianza con el sector herrerista del Partido Nacional que fue fundamental para llevar a los blancos al poder luego de casi un siglo, en las elecciones de 1958. El cambio lo llevó al Consejo Nacional de Gobierno, pero también le generó grandes tensiones internas producto de un acuerdo más electoral que ideológico: “una comadreja colorada se ha metido en el rancho de los blancos”, se dijo en el propio Herrerismo.

Batalla, efectivamente, llegó a la vicepresidencia en las elecciones de 1994. Pero la lista 99 tuvo una votación desastrosa de apenas 30 mil adhesiones, sacó solo un diputado y lo dejó bastante debilitado políticamente. Además, debió sufrir el mote de “traidor” por sus antiguos compañeros del Frente Amplio –a pesar de haber tenido una conducta heroica durante la dictadura- al punto que debió irse de su casa de toda la vida en La Teja. En un cambio de partido anterior, el de 1989, cuando se fue del FA a crear una expresión nueva, el Nuevo Espacio, le había ido bastante mejor: su candidatura a la Presidencia había acumulado 177 mil votos. Aun así, fue menos que la histórica votación de la 99 de 1984, cuando llegó a representar al 40% del Frente Amplio.

Nardone y Batalla, claro está, eran primeras figuras en su momento. Otros analistas, en cambio, matizan ese tipo de impacto en el electorado, sobre todo cuando se trata de dirigentes que no pueden calificarse de líderes.

Adriana Raga, directora de Cifra, afirma que si bien en el partido original se puede pensar en una traición y en el partido de acogida la recepción no siempre es de brazos abiertos, difícilmente esto mueva la aguja en la población no militante. “Y hay que tomar en cuenta que el 50% de la gente no se considera cercana a ningún partido”, expresa.

“El pasaje de un partido a otro no necesariamente está mal visto”, afirma por su lado Eduardo Bottinelli, director de Factum. Para él, cada caso debe analizarse en su contexto. El caso de Juan Raúl Ferreira, quien no puede ser candidato a ningún cargo y cuyo peso político “es bastante reducido”, tiene un gran peso simbólico por su apellido, apunta. “Por algo se le dio la trascendencia que se le dio, por algo José Mujica hizo una conferencia de prensa para presentarlo”. Sin embargo, al menos en Twitter, los dirigentes blancos expresaron más sorna que dolor por su partida.

El caso de Gonzalo Mujica al Partido Nacional tiene otros ribetes; léase, posibles votos. Antonio Cardarello sostiene que con él en sus filas, el sector Todos de Luis Lacalle Pou busca atraer al elector frenteamplista descontento, en el entendido que desde 2004 a hoy el FA ha tenido más votantes que militantes.

De cualquier forma, estos traspasos, siempre en los meses previos a las definiciones, casi siempre de dirigentes de mediana importancia, es algo que parece conmover más a las elites políticas que al resto de la gente, opina Diego Luján. “No veo a la población en general conmovida por ninguno de estos casos”, opina, en referencia a Gonzalo Mujica y a Juan Raúl Ferreira.

En el partido que recibe al recién llegado, afirma Adriana Raga, los principales dirigentes suelen ser los más entusiastas con la llegada de “expatriado”: el concepto es que pueden arrimar votos en principio ajenos. El propio José Mujica lo dijo a su estilo en la campaña de 2004, cuando hablaba de que para ganar, hay que “abrazarse hasta con las culebras”. Pero esta analista apunta que los militantes de rango intermedio, en cambio, no suelen ser tan afectuosos en la bienvenida: el recién llegado es, en esta época pre-electoral, uno más para competir a la hora de confeccionar una lista al Senado o a Diputados.

Otros traspasos

Juan María Bordaberry. Hijo de una familia colorada, su padre, Domingo Bordaberry, fue uno de los impulsores de la Liga de Acción Ruralista, que lideró Benito Nardone. Él se fue con ellos. Cuando la Liga hizo alianza con el Herrerismo, Bordaberry fue electo senador por el Partido Nacional. Cuando el ruralismo perdió fuerza, con la muerte de Nardone en 1964, regresó al Partido Colorado. Fue ministro de Ganadería y terminó siendo presidente de la República en las elecciones de 1971, al fracasar la reforma constitucional que impulsaba la reelección de Jorge Pacheco Areco. En 1973 se transformó en dictador y su pasaje de un partido a otro pasó a ser notoriamente menor relevante en su biografía.

Zelmar Michelini. Fue uno de los “jóvenes turcos” de Luis Batlle Berres. Fue el creador y primer líder de la lista 99. Primero se fue de la histórica lista 15, luego del Partido Colorado. Con Hugo Batalla como su segundo, llevaron al grupo al naciente Frente Amplio en las elecciones de 1971. Su sector, que en su primera participación electoral de 1962 tuvo una gran acogida, obtuvo una magra votación en esas elecciones en el nuevo lema (lo mismo, pero en inverso sentido, que le pasaría a Hugo Batalla años después). Fue asesinado en 1976 en Buenos Aires, en el marco del Plan Cóndor. Se convirtió en un símbolo.

Francisco Rodríguez Camusso. Diputado y ministro por el Partido Nacional, también fue fundador del Frente Amplio. Por este partido fue senador y diputado. Poco considerado por el FA, luego regresó a su partido de origen, donde tampoco tuvo una gran figuración.

Victor Vaillant. Fue el único legislador del Partido Colorado que votó contra la Ley de Caducidad en 1986. En el segundo gobierno de Julio María Sanguinetti es nombrado presidente de AFE. Se presenta a las internas de 1999 en su partido sin lograr apenas figurar. En 2003 pasa al Frente Amplio, creándose el Espacio 609 (el mismo al que ahora se unió Juan Raúl Ferreira). Entre 2005 y 2010 ejerce como senador.

Jorge Saravia. Portador de un apellido emblemático del Partido Nacional, fue otro dirigente de los que se unieron al Espacio 609 en 2004. Electo senador en esa elección y en la siguiente, su regreso al Partido Nacional no tuvo el mismo éxito.

Rodolfo Nin Novoa. Por el Partido Nacional, fue electo intendente de Cerro Largo en 1984 y 1989. Integrante del llamado “Polo Progresista” de ese partido, que tuvo escaso eco, acabó haciendo una alianza con el Frente Amplio, conformando el llamado “Encuentro Progresista”, que postuló para las elecciones de 1994 la fórmula Tabaré Vázquez-Rodolfo Nin Novoa, que se repetiría en 1999 y 2004 (cuando ganó). El cambio de aire le sentó bien: por el Frente Amplio ha sido vicepresidente (2005-2010), senador (2010-2015) y desde 2015 canciller.

Rafael Michelini. Hijo de Zelmar Michelini, creció políticamente bajo el ala de Hugo Batalla, de quién terminó distanciado. Con él pasó del Frente Amplio al Nuevo Espacio en 1989, siendo electo diputado, pero como no estuvo de acuerdo con la alianza de aquel con el Foro Batllista, se quedó con el NE, del cual es el líder desde entonces. Senador desde 1995, dos veces candidato a la Presidencia por el Nuevo Espacio, volvió al FA en 2003.

Carlos Pita. Militante wilsonista, fue electo diputado por el Partido Nacional en 1984. Cuando su sector apoyó la Ley de Caducidad se fue al Frente Amplio, estando en la Vertiente Artiguista y en el Espacio 90, también consiguiendo un escaño como representante en las elecciones de 1989, 1994 y 1999. En 2012 el Senado aprobó su venia para que fuera nombrado embajador en Estados Unidos; en vez de hacerlo unánimemente (lo que suele ser de estilo), tuvo los votos en contra de los legisladores del Partido Nacional, que lo trataron de “traidor”.