También en el extranjero los uruguayos se dividen por el voto exterior

Por: Leonel García
Publicado: 9/08/2018 07:19
También en el extranjero los uruguayos se dividen por el voto exterior
Centro Uruguayo de Madrid

Alegría y apatía, interés e incredulidad. Estas son algunas de las reacciones de la diáspora tras el primer paso aprobado en el Parlamento.

La misma división que genera dentro del país la posibilidad que los uruguayos en el exterior puedan votar en las elecciones nacionales es la que tiene la diáspora, según un relevamiento realizado por ECOS. La votación en el Senado del martes, en la que se aprobó un proyecto considerado como el primer paso para el voto exterior, fue recogido fuera de frontera por una mezcla de euforia, satisfacción, incredulidad o, lisa y llanamente, desinterés. Uruguayos al fin, parecen no poder ponerse de acuerdo.

“Había expectativa por supuesto. Hay alegría, ¡pero solo hay que esperar que alguien no nos pinche el globo!”, se ríe Juan Sotelo, presidente del Centro Uruguayo de Madrid (CUM), España, con una uruguayísima forma de pensar. “Para nosotros significa mucho. El voto es un derecho que nos habían quitado por vivir en el exterior. ¡Éramos el único país en América Latina cuya diáspora no tenía derecho a votar! ¡Estaba en el debe!”, agrega.

Su duda, su miedo a que alguien les “pinche el globo”, va por el lado de la instrumentación del proyecto aprobado. En sí, lo resuelto el martes en el Senado fue que los derechos y las obligaciones de la ciudadanía no se pierden por vivir en el extranjero. Ahora se instalará una comisión multipartidaria que buscará definir cómo se instrumenta este derecho que, más allá que recién estaría vigente para las elecciones de 2024, requerirá dos tercios de los votos en el Parlamento. Lo del martes puede considerarse histórico, sí; pero no sería más que un histórico primer paso.

“Acá no hay unanimidad”, indica Sotelo. Así en el Parlamento –donde solo el oficialismo acompañó el proyecto-, así en Madrid. El presidente del CUM, que al igual que el secretario Gustavo Núñez están afines a votar, admite que dos integrantes de la directiva del centro ya han dicho que no participarían de las elecciones uruguayas. “Ellos creen que no saben lo suficiente del país.

Bueno… ¡hay gente que vive y sufre en Uruguay y ni siquiera sabe qué votar!”.
Sotelo es de la idea que las “proporcionalidades de voto” en España son las mismas que en Uruguay. De esa forma, rechaza la idea que el voto exterior favorecería al Frente Amplio, su impulsor. Núñez se aleja más todavía de la perspectiva partidaria: “El Frente Amplio lo impulsará a su manera, por aritmética electoral. Nosotros lo queremos pero por el derecho de cada ciudadano”.

Lo que sí rechaza tajantemente el presidente del CUM es la postura, central en quienes se oponen al voto exterior, de que al no vivir en Uruguay no tienen derecho a decidir quién gobernará en el territorio nacional. “¡Nosotros los impuestos los seguimos pagando! Nuestros jubilados pagan impuestos en Uruguay, regalando las comisiones a los bancos. Los que tienen propiedades siguen pagando la contribución. Todos los que pueden ayudan a nuestras familias”, indica Sotelo. También apela –como lo han hecho varios impulsores del proyecto- a los dos uruguayos más reconocidos de Madrid, los futbolistas Diego Godín y José María Giménez. “Ellos –que representan a Uruguay con la selección y que tampoco podrían ejercer su derecho- sí podrían ir a votar porque tienen recursos para hacerlo. No todos nosotros podemos. Entonces, ¿en Uruguay puede votar el que tiene dinero?”.

Residente de Madrid desde junio de 1977, solo en dos ocasiones Juan Sotelo pudo venir a Uruguay a votar. Si fuera por él, habría venido siempre.

Dos grupos

Susana Peluffo, coordinadora general de Uruguayos Unidos de Miami, en Estados Unidos, lleva 45 años afuera del país. Siguió la votación del sábado en YouTube y se aburrió de escuchar los mismos términos de un lado y otro: “inconstitucional”, “derecho de ciudadano”, “resultado del plebiscito de 2009”, “igualdad entre todos los uruguayos”, “patoteros”, “xenófobos”… No, no fue un espectáculo que le haya gustado ver.

“Acá, en Miami, la colectividad es grande, la mayor de Estados Unidos, son unos diez mil. Y no se toca el tema (del voto exterior) porque la cosa está muy dividida. No queremos entrar en discrepancias”, señala Peluffo.

Ella explica que el tiempo de arribo a EE.UU. juega mucho que ver en esa postura. Quienes vivieron en la última oleada inmigratoria, por la crisis de 2001 y 2002, son más proclives a votar en las elecciones uruguayas; quienes están desde antes, no. “Yo por caso, que llevo tanto tiempo afuera, ¿qué puedo elegir para mi país? Puedo llevarme por los diarios o por lo que me cuentan, pero lo cierto es que no sé lo suficiente”. De hecho, ni siquiera tiene credencial.

Por supuesto, sostiene, una ley se acata. "Luego cada uno ejerce su derecho si quiere". No parece muy entusiasmada por hacerlo.

Apatía y alegrón

Con más de 50 mil uruguayos cada uno, Estados Unidos y España son dos de los países que tienen la mayor colectividad de nacionales viviendo dentro de sus fronteras. Gran Bretaña, por el contrario, tiene pocos criollos. El músico Guillermo Hill, residente en Londres desde hace 21 años, es uno de ellos. Los uruguayos en esa ciudad –unos 800 estima- se conectan, más que en asociaciones, por Whatsapp. Y en el mundo 2.0 expresan su discrepancia. “La cosa acá está dividida. No hay una mayoría clara, te diré. Está el que se siente uruguayo pese a la lejanía y el que dice que hay que vivir allá para poder votar”, expresa.

Su postura, al respecto, es de una risueña apatía. “Para lo que hay para votar (se ríe)… no me entusiasma para nada votar o no. Es un derecho importante, pero no veo que nadie pueda impulsar los cambios que se necesitan”. Nunca votó en Uruguay. "Nunca estuve en noviembre", se ríe otra vez. Indudablemente, la instancia del Senado no le movió la estantería en absoluto.

Por el contrario, para Andrés Esteche, un mozo y bartender que vive desde hace 21 años en Estocolmo, Suecia, enterarse del resultado fue un “alegrón”. Y, asegura, un “alegrón” compartido por casi toda la colectividad.

“La mayoría de los países que conozco permiten votar en el extranjero. De hecho, yo viví un tiempo en España y pude votar en las elecciones suecas porque tengo la ciudadanía, ¡y no podía votar en la de Uruguay!”, expresó. Para él, dada la distancia, siempre representó “una tristeza” no poder sufragar. Nunca pudo y siempre hubiera querido. “¡Ahora me voy a sacar la credencial!”, se apresura.

Esteche en Estocolmo, así como Núñez en Madrid, subraya el concepto que la inmensa mayoría de los que se fueron lo hicieron obligados, por motivos económicos o políticos, y no por ver qué tal era eso que llamaban mundo. “No estamos en Uruguay pero votamos por nuestras familias, porque su situación mejore… y también está por el sueño de volver, con la frente marchita, como dice la canción, a un país mejor…”.