Patricia Ayala: historia de una presidenta que viaja en ómnibus

Por: Danilo Costas
Publicado: 2/06/2018 15:23
Patricia Ayala: historia de una presidenta que viaja en ómnibus
@TopolanskyLucia
Patricia Ayala luego de asumir la presidencia, acompañada de Lucía Topolansky.

Es hija de presos políticos, fue también la primera fonoaudióloga de Artigas y la primera mujer en ser Intendente de su departamento.

El teléfono suena y la agarra limpiando su casa, con la ropa apenas colgada para aprovechar los pocos rayos de sol que desafiaron al frío del sábado y los platos del desayuno recién lavados.

Atiende, saluda y avisa que está apurada, porque en una hora deben pasarla a buscar para ir a una actividad. No tiene auto y por eso depende del horario de otras personas. Parece una uruguaya más, de esas miles de amas de casa o trabajadores que dedican las primeras horas del fin de semana para poner la casa en orden. Pero no, es la actual Presidenta de la República Oriental del Uruguay. Y como tal atendió a ECOS, para contar su historia y de cómo se divierte con el imaginario colectivo detrás del cargo presidencial.

Por primera vez en la historia del Uruguay dos mujeres realizaron un traspaso de mando. Lucía Topolansky, en el máximo cargo tras el viaje de Tabaré Vázquez, le delegó la responsabilidad antes de partir rumbo a Rusia. Así fue como esta mujer, nacida en Artigas pero vecina de El Pinar, asumió el cargo más importante.

“Dormí bárbaro porque fue un día muy largo y de mucho trabajo. Llegué a mi casa, ordene un poco, cocinamos algo, me bañé y caí fundida. Recién ahora como caigo un poco del cargo y de la responsabilidad, pero me levanté como todos los días a ordenar la casa y me puse a limpiar para salir con todo pronto”, le cuenta Ayala, presidenta en ejercicio, a este portal.

A los 51 años, y con una carrera política que la llevó a ser edil, diputada, intendenta de Artigas, senadora, vicepresidente y ahora presidente, Ayala prepara un mate y las respuestas para contar su historia. Sus padres, vinculados al Movimiento de Liberación Nacional, fueron presos políticos. Mientras su padre estuvo más de 10 años en el Penal de Libertad, su madre fue detenida en una cárcel de Artigas por un año.

“Yo siempre los acompañe en su actividad política, desde muy chica y me críe en un contexto educativo a nivel de escuela y de liceo que era en plena dictadura y con todo ese panorama familiar. Mi tío, que también fue preso político, emigró a Suecia y se quedó allá. Lo bueno de todo ese momento, por decirlo de alguna manera optimista, es que mi madre estuvo presa solo un año y al salir nos volvimos a encontrar”, agrega Ayala, quien habla con devoción de sus abuelos maternos, esos que se jugaron la ropa para criarla cuando sus padres estaban recluidos.

Esos años la marcaron a fuego. “Yo desde muy gurisa empecé la militancia política, cuando apenas se terminó la dictadura. En 2005 recién empecé a encabezar listas, pero el compromiso político venía de mucho antes. Luego de todo el recorrido desde ser una edil más hasta lograr la intendencia, se me propuso integrar la lista al senado. Sinceramente soy consciente que no esperaba que el MPP (el Movimiento de Participación Popular al que pertenece Ayala), sacara seis senadores. Yo fui la sexta y acá estoy”, indica.

Ayala llegó hace unos días del Congo, donde participó junto al Ejército Nacional de las Misiones de Paz que se llevaban a cabo hace años en el continente africano. Allí coincidió con el senador nacionalista Javier García, quien le dijo unas palabras que la hacen reflexionar hasta ahora.

“Tengo una satisfacción enorme por asumir este cargo y este compromiso que es de una responsabilidad enorme, pero en lo más íntimo no me cambia mucho. Me sentí muy reconfortada por todos los mensajes de compañeros de partido, pero también de otros actores del sistema político pertenecientes a la oposición y de personas que considero importantes del exterior. Estábamos en el Congo y todos empezaron a comentar que iba a ser presidente en pocos días, pero yo soy de minimizar todo. ‘Es por unos días nomás’ dije, pero en ese momento Javier García me corrigió y dijo: ‘Muchos quisiéramos estar ahí aunque sea solo por unos días’. Esa frase de Javier me quedó marcada, porque no nos damos cuenta que todos los días estamos escribiendo la historia, la del país, o la de cada uno a nivel personal”, agrega Ayala.

Cuando fue a firmar el traspaso de mando tuvo dos sensaciones claras. La primera, el orgullo de encontrarse con el secretario de presidencia Miguel Ángel Toma y con la mujer que le dejo el cargo, Lucía Topolansky. La segunda fue un incontenible deseo de ponerse a la orden.

“La connotación de estar con Toma y con Lucía es que con Miguel somos los dos de Artigas, un departamento del interior profundo que durante años fue olvidado y donde era muy difícil que personas de allí ocuparan ciertos lugares. Por eso fue una satisfacción que él estuviera ahí conmigo. Y luego de firmar me puse a la orden en todo momento: le dije a Roballo (el prosecretario de presidencia Juan Andrés Roballo) que me venía como sea si pasaba algo”, afirma dejando caer la primera risa de la charla.

Ese “venirse como sea” tiene que ver con un aspecto clave. Patricia no tiene auto, pero dice que no lo necesita y que recorre la distancia entre El Pinar y el Palacio Legislativo en ómnibus todos los días.

“Me muevo siempre en ómnibus y con mucha gente que sale a trabajar todos los días ya nos conocemos las caras de memoria. Lucía me dejó a su chofer pero yo le dije que no, que le agradecía mucho. El viernes, cuando me tocó asumir, llamé a mi padre para que me llevara porque para él iba a ser muy especial”, sostiene la actual presidenta.

El padre llevó a su hija en su auto particular pero le dejó un recado a la actual mandataria: “Que no digan que me contrataste como chofer”. Los últimos acontecimientos vinculados con el nepotismo bien valen la previsión.

Ayala, divorciada, de 51 años, disfruta las charlas y los momentos compartidos con sus hijos Camilo (32), Paula (27) y Joaquín (25). Para ellos el nombramiento de su madre como presidenta también fue un cambio.

“Les cuesta asumir un poco, pero me imagino mucho con el colectivo imaginario de la gente. Los compañeros de estudio estaban fascinados porque iban a viajar en helicóptero y mi casa iba a tener guardaespaldas (suelta una carcajada divertida). Yo firme y me vine a mi casa como siempre, nada de autos blindados, ni de seguridad. La gente se imagina muchas cosas divertidas, se les vuelan un poco los pajaritos y es genial recibir la percepción de otros uruguayos. Soy un ser humano como cualquier otro con una función diferente”, dice.

La mandataria que protagonizó un hito al protagonizar el primer cambio de mando entre mujeres en la historia del Uruguay tiene una faceta más. Fue la primera fonoaudióloga de su departamento y, cuando llegó con el título recién obtenido, no había plazas para desempeñarse.

“No había cargos en Salud Pública y tampoco podía trabajar en el hospital, entonces me fui a trabajar al sector privado, cumplía las horas y cuando salía trabajaba de forma honoraria para un montón de gente que necesitaba un tratamiento médico y no podía pagarlo”.

Patricia Ayala, la mujer de Artigas con una infancia marcada por la dictadura, una juventud donde la medicina fue su bandera y un presente que la tiene como presidenta del país, avisa que están por pasarla a buscar.

La Feria del Libro infantil la espera en la Intendencia, donde habrá lecturas y obras de teatro para los más chicos.