Andrés Cunha: "Mi familia sufre, vive nerviosa, tiene miedo"

Por: Joaquín Silva
Publicado: 18/06/2017 12:51 | Actualizado:
Andrés Cunha: "Mi familia sufre, vive nerviosa, tiene miedo"

El árbitro dialogó sobre su relación con Peñarol, la violencia y las amenazas recibidas, y su error que le costó la eliminación de Brasil.

Hasta sus 20 años iba muy seguido a la cancha. Seguía a un equipo –que no quiere mencionar– y se la agarraba con los jueces. “Tenía momentos de mucho enojo”, recuerda hoy, sonriente. Luego, como juvenil de Cerro y Rampla, se fue tranquilizando, hasta el punto de jactarse que nunca fue expulsado de un partido. El fútbol le encantaba y quería estar vinculado a él por el resto de su vida, a como diera lugar. Como la Primera División era un sueño que a sus 24 años comenzaba a desvanecerse, necesitaba de un trabajo que lo ligara a este deporte.

El periodismo deportivo podía ser, se decía. Le gustaba. Escuchaba todo el tiempo fútbol en la radio. Pero su vocación la descubrió por casualidad: en la tanda de uno de los programas deportivos que seguía entonces, el Colegio de Árbitros anunció un llamado para becas y fue a anotarse.

Eso fue hace 16 años. Ahora, recién llegado de Corea del Sur a donde fue a arbitrar el Mundial Sub 20, no puede andar por la calle o entrar al Nuevocentro Shopping, por donde camina esta mañana, sin que desde los rincones de la plaza de comidas muchos entendidos se codeen, se llevan la mano a la boca, sonrían y lo señalen. Andrés Cunha (40) convive con ello y no le molesta; hasta le gusta, dice.

Pero todo cambia cuando involucran a sus seres queridos –tiene dos niños de cinco y siete años–. “Yo ya estoy curtido y no me afecta demasiado –cuenta–, pero mi familia no está acostumbrada, sufre, vive nerviosa, tiene miedo de que pase algo”.

Sobre el momento más difícil de su carrera, no tiene dudas: fueron los días y meses posteriores al 21 de mayo de 2016, cuando no le cobró dos penales a Peñarol. Los dirigente del club presionaron a la AUF para que le impidiera arbitrar la Copa América Centenario –para la cual debía viajar esa misma semana–, y su familia fue amenazada en las redes sociales.
No me perdonaría nunca cobrar algo que no vi.

Pero al destino no le alcanzó con ello: tres semanas después validó un gol hecho con una mano que sus ojos no vieron –nuevamente–, y de esta forma Perú eliminó a Brasil del torneo americano. Como con Peñarol, no vio la mano. Y como con Peñarol, sabía que se estaba equivocado, lo veía en los jugadores: “No me perdonaría nunca cobrar algo que no vi”, niega con la cabeza, resignado, mientras revuelve un capuchino en la mesa de un café.

-Hay una reflexión popular muy común, que reza: “Hay que ser árbitro de fútbol, que lo insulten todos los fines de semana, se acuerden de su madre…" Imagino que la conoce.

-Me lo han dicho muchas veces –sonríe–. Cuando recién comenzás la carrera es algo que al principio te lo formulás: Pah, un estadio lleno insultándome… Pero bueno, es una profesión en la que se está expuesto. Yo ya no lo pienso ni tampoco me influye.

-Hoy, como árbitro de Primera División, es una persona de notoriedad pública. ¿Cómo convive con ello?

-Esta sociedad es bastante tranquila. La gente me reconoce cuando voy a hacer algún mandado o al shopping, como ahora. Me doy cuenta que me miran y que comentan entre sí, pero en realidad no he tenido ningún inconveniente, a no ser en la calle, cuando me gritan alguna cosa. Pero la mayoría de las veces son chistes: “Cobranos un penal hoy”, o “no nos mates esta noche”. Y si es con respeto, les respondo.

-¿Usa redes sociales?

-Sí, tengo Twitter, pero es privado, porque si no sería muy difícil. También tuve Facebook, hasta 2012, cuando estaba por ser árbitro internacional. Lo cerré porque me empezaron a llegar insultos y cosas que no estaban buenas.

-Entrevistada por el periodista Gerardo Tagliaferro, la referí Claudia Umpiérrez dijo que prácticamente nadie conoce el reglamento del fútbol, que además la FIFA actualiza periódicamente. ¿Comparte esa observación?

-Totalmente. Creo que estaría bueno que los periodistas, los jugadores y los técnicos conocieran mejor las reglas. A ellos les serviría para sacar provecho de ciertos aspectos que desconocen, y a nosotros para que no nos critiquen en forma injusta. A veces escucho juicios periodísticos sin ningún sustento reglamentario.
A veces escucho juicios periodísticos sin ningún sustento reglamentario.

-¿Como por ejemplo?

-Como con las manos, que ahora es todo un tema. Los periodistas afirman que cuando se produce una mano despegada al cuerpo o que ocupa un espacio es penal. Y no es así: hay una explicación que es muy larga, que tiene muchos ítems a evaluar. He visto en muchos programas deportivos decir más de una vez: “Claro penal”. Y no lo es. Tanto en mi caso como en el de colegas. Y se afirma con seguridad absoluta.

-O sea que muchas veces los periodistas contribuyen al encono generalizado contra un árbitro por un fallo que tal vez estuvo bien resuelto…

-Sí, exactamente. Algunos errores cometemos, por supuesto. Pero no siempre.

-¿Considera que se ha construido una relación especial con Peñarol? Cuando no le cobró dos penales a su favor en el encuentro disputado con Wanderers el 21 de mayo de 2016, las críticas se elevaron al punto de que la directiva del club presionara a la AUF para que le dieran de baja en la nómina de árbitros de la Copa América Centenario.

-No siento que tenga una relación especial con Peñarol. Fui a arbitrarle en la inauguración de su estadio, lo que para mí fue un orgullo, y luego otro partido este año. Ya lo he dicho varias veces: siempre me trataron con total respeto tanto sus dirigentes, el cuerpo técnico, Leonardo Ramos, a quien conozco, como los jugadores en la cancha, que se comportaron excelente. Las cosas que hay son más en relación a su hinchada. He tenido algún error con ellos, claro, como el caso que menciona del año pasado.

-¿Se daba cuenta en el momento de que se estaba equivocando?

-El primer penal que se reclamó es más discutible; la mano estaba sobre el cuerpo. La segunda, sí, fue clara. Lo que pasó fue que me tapaba la cabeza misma del jugador, porque la mano la tenía detrás. Pero yo no puedo cobrar algo que no vi. Sabía que algo podía haber pasado, pero no puedo inventar algo que no alcanzo a ver.

-¿Tuvo alguna llamada de algún dirigente molesto o presionándolo?

-No, para nada.

-¿Cuánto le costó esos errores?

-Dos meses sin arbitrar ni percibir salario. Fue un momento duro.

-Usted habló de que su familia fue amenazada. ¿Qué fue lo que pasó?

-No fueron amenazas personales, sino a través de las redes sociales. Hubo algunas pintadas, como en la sede de nuestra gremial (N. de R. La amenaza a la que se refiere decía: “Dejen de robar a Peñarol. Hay balas para todos”), que apareció al otro día. No fue fácil, sobre todo por la familia; yo ya estoy curtido y no me afecta demasiado. Pero ella no está acostumbrada, sufre, vive nerviosa, tiene miedo de que pase algo.

-¿Pensó en renunciar?

-Me replanteé muchas cosas, pero no renunciar.

-El último partido que le arbitró a Peñarol volvió a ser polémico: el domingo 19 de febrero, en el Campeón del Siglo, el club volvió a reclamar un penal que usted no cobró. Y la prensa informó luego que su directiva volvió a dirigirse a la AUF pero esta vez para solicitar que usted no lo volviera a arbitrar en lo que quedaba de la temporada. ¿Es cierto?

-A mí no me consta. Yo escuché que algunos dirigentes lo afirmaron, pero no tengo la confirmación de que hayan ido al Colegio de Árbitros para pedir formalmente que no les arbitre. Por lo pronto, el Colegio no me comunicó nada. Para mí Peñarol es un equipo más y voy a arbitrarle como a cualquiera. No tengo ningún problema.
Para mí Peñarol es un equipo más y voy a arbitrarle como a cualquiera.

-Pero desde entonces no le han asignado otro partido de Peñarol. Se habló,
también, que fue una decisión para "resguardarlo".


-Sí, pero si hubo un pedido concreto deberá contestárselo alguien del Colegio o de Peñarol.

-Otro obstáculo importante en su carrera fue la Copa América Centenario.

-Sí, fue difícil. Fue un torneo complicado, porque viajé a los tres días del partido de Peñarol y Wanderers. Y cuando llegué a Estados Unidos se seguía hablando del tema. Y luego tuve ese error con Brasil; realmente, fue el momento más complicado de mi carrera. Con la tecnología de video que se está implementando ahora, me hubiese salvado.

-Demoró casi tres minutos en dar el gol como bueno. ¿Qué sucedía?

-Detuve el partido para hablar con el compañero que tenía más cerca, que era el línea. Él tampoco había visto nada. Pero lo consulté con todo el equipo, incluyendo al cuarto y quinto asistente; la demora fue porque quería corroborarlo con todos: sentía que había algo raro, las protestas no eran naturales. “Algo pasó”, me repetía, los jugadores estaban muy locos. Pero, de nuevo, podemos no ver algo, pero no inventarlo. No me perdonaría nunca cobrar algo que no vi.

-¿Qué le decían los jugadores de Brasil?

-Su golero, Alison Becker, me decía: “Fue mano, Andrés, te juro que fue mano”. Yo le respondía que se quedara tranquilo, que me dejara consultarlo con mis compañeros, porque si alguien la había visto, seguro que la íbamos a sancionar. Quiero destacar a esos jugadores porque, la verdad, fueron excelentes profesionales. Quedaron afuera de la Copa y ningún jugador vino a reclamarme nada. Fueron un ejemplo.

-¿Existe el arbitraje localista?

-Puedo hablar por mí. He estado en canchas repletas en América, con más de 50.000 personas, como en un partido en el Estadio Morumbí entre River Plate y San Pablo, o en el Maracaná este año en el encuentro entre Flamengo y San Lorenzo, y nunca sentí esa presión. El año pasado arbitré por cuartos de final de la Copa Libertadores a Atlético Mineiro y San Pablo. Era el partido de vuelta; el que perdía quedaba afuera y los diarios de Brasil decían que era el partido más importante del año. A mí, esas cosas, me motivan.

-¿Pero la gente no le empuja?

-No, al revés, lo disfruto. Es parte del color y de lo que vivimos en la cancha. No me presiona para nada. No me tiembla el pulso ni siento ningún tipo de presión. Es algo que lo trabajamos en el Colegio.

-¿Se puede vivir del arbitraje en Uruguay?

-No, no se puede. Acá tenemos meses en que por distintas razones no cobramos casi nada, como cuando nos lesionamos o nos sancionan. Ya dije lo que me pasó: por cobrar mal una jugada estuve dos meses sin sueldo.
No se puede vivir del arbitraje.

-¿Cuál es el ingreso promedio?

-Depende de los partidos que se arbitren. Es muy difícil que nos asignen todos los fines de semana. No queda muy bien hablar de números, pero digamos que es similar al de un jugador de la Segunda División.

-¿Menos de veinte mil pesos?

-Sí. Nunca más de eso, a no ser un mes muy excepcional. Y siempre dejando de lado las participaciones internacionales, que son más esporádicas aún.

-¿Alguna vez intentaron corromperlo?

-Nunca. Ni siquiera mediante un ofrecimiento telefónico. Y si eso pasara, es mi deber denunciarlo.

-¿Y a colegas?

-Tampoco. Hay muchos rumores sobre esto. Nunca nadie me ha comentado nada en ese sentido.

-¿Sigue los partidos de la selección mayor?

-Sí, claro. De hecho, voy al Estadio, a la Tribuna América, con mi hijo de siete años que le encanta ver a Uruguay. He ido a varios partidos de las Eliminatorias.

-¿Le gritan algo?

-La gente que va a ver Uruguay está en otra onda. Va con mucha tranquilidad a disfrutar de los partidos. Por eso es que llevo a mi hijo.

-¿Reclama las decisión de los jueces? ¿Se para del asiento para rezongar?

-No, seguro que no –se ríe–. Ni siquiera grito los goles. Me pongo contento, nada más. Es algo que controlo.

-¿Pero no discrepa sobre lo que le cobran a Uruguay algunas veces?

-Por supuesto que sí. Pero de ahí a gritar o decir algo estoy lejísimo. Discrepo de igual forma que cuando observo luego lo que yo mismo cobré en algunos partidos.

-¿Y antes de ser juez? ¿Se enojaba?

-Sí, claro, reclamaba todo… Tenía momentos de mucho enojo –vuelve a reír–. Pero nada fuera de lo normal, nunca más allá de proferir algún insulto. Era un hincha que descargaba su bronca.

-¿Qué lugar ocupa en su cabeza el problema de la violencia en el fútbol?

-Y es una preocupación muy grande. Creo que acá ha habido una gran escalada de violencia en los últimos años, en general, no solo en el fútbol. Veo con buenos ojos las medidas que las instituciones están tomando para tratar de erradicar a la gente que no le hace bien a este deporte. Me parece muy bien que se pongan cámaras de identificación y que se controle el ingreso de los hinchas a los estadios.

-Su madre fue a verlo una vez y nunca más volvió…

-Sí. Fue un partido de la Tercera División, con poca gente. Y con lo que escuchó ahí no quiso ir nunca más. Ya sabía a lo que iba, pero vivirlo en carne propia es muy fuerte.

-¿Comparte el reclamo de los jugadores de fútbol por mejores condiciones económicas en sus derechos de imagen?

-Como gremialista, siempre que se reclamen derechos voy a estar de acuerdo. No voy a hablar puntalmente de este caso, porque hay una lucha de intereses sobre la cual no estoy muy empapado. Ellos saben hasta dónde tienen razón.

-¿Qué balance hace del Mundial de Corea?

-Uno muy bueno. Vinimos muy contentos con el equipo, que integré junto a Nicolás Tarán y Mauricio Espinosa. La evaluación que nos hizo la FIFA fue muy positiva. Hicimos tres partidos y quedamos con la expectativa de arbitrar otro, pero nos complicó la clasificación de Uruguay a semifinal. De los cuatro equipos que definieron el torneo, el único que tenía árbitros éramos nosotros, lo que también nos puso muy contentos.