La "herejía" de Diego Lugano que le valió ir a la hoguera en Twitter

Por: Leonel García

Ciencia & Tecno

20/12/2018 15:32

La "herejía" de Diego Lugano que le valió ir a la hoguera en Twitter
Captura Subrayado
Diego Lugano en Punta Cala, diciendo que en Brasil no se ve lo mismo sobre Bolsonaro que en Uruguay.

El excapitán celeste, ícono del Proceso Tabárez, habló del optimismo que hay en Brasil con Bolsonaro. Le hubiera ido mejor marcando a Messi.

Dicen que no hay nada como los prejuicios y los preconceptos para acortar camino. El caso de Diego Lugano es un ejemplo. Como primer gran e indiscutible capitán del Proceso Tabárez fue el estandarte de la resurrección de la Celeste a nivel internacional, con el cuarto puesto en el Mundial de Sudáfrica 2010 y la conquista de la Copa América de Argentina 2011. Con la malla color cielo en el pecho jugó once años, dos mundiales, dos copas América, una Copa Confederaciones, 95 partidos y anotó nueve goles.

Lugano, como casi toda figura de peso en el Proceso Tabárez, recibía de la gente la energía positiva que se había ganado sudando en la cancha. Además, se relacionó con el movimiento Más Unidos Que Nunca (MUQN), un grupo de jugadores que descabezó a la anterior directiva de la Mutual Uruguaya de Futbolistas Profesionales (MUFP), a la que consideraban aparejada a la empresa Tenfield, y que respaldó la reciente intervención en la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF). Lugano, por transitiva, era visto como un opositor a Tenfield, una empresa que lleva años con la batalla de la opinión pública perdida. El juego recio lo hacía admirado para el paladar futbolístico criollo; su pinta también ayudaba (muchas no lo querrán recordar, pero antes del Mundial 2010 se hizo una “campaña” por Facebook donde varias mujeres proponían que él y Diego Forlán jugaran sin camiseta). Como el prejuicio acorta camino y se nutre de asociaciones un tanto obvias de más, que se lo vinculara a Oscar Tabárez de inmediato lo ponía en el lado izquierdo de la vida. En fin, sumaba muchos aspectos para que la mayoría de la gente lo idolatrara, aun retirado.

Hasta el miércoles 19 de diciembre de 2018.



En el complejo Punta Cala, luego de asistir al discurso del presidente Tabaré Vázquez en el último de los Almuerzos ADM del año, Lugano –que es encargado de Relaciones Institucionales del San Pablo brasileño, club del cual es ídolo absoluto- dijo algo que hacía ruido en ese prejuicio. Un periodista de Subrayado le preguntó por la situación de Brasil en vísperas de la asunción del presidente electo Jair Bolsonaro, un exmilitar ultraderechista amante de la mano dura, muy religioso, que ha tenido varias expresiones misóginas, homófobas y contrarias a cualquier tratamiento social de la delincuencia. Y Lugano –que además es empresario cementero en sociedad con Diego Godín, el actual capitán celeste- habló de que en su país de residencia la gente está más optimista y que el 75% está de acuerdo con los paseos que está dando.
“La información que yo veo que llega a Uruguay no es la que se maneja en Brasil. Hace una semana hubo una nueva encuesta a la gente y aprobaban por 75% los primeros pasos del nuevo presidente, entonces, hay un optimismo grande. Luego se verá…”, expresó. Ese optimismo, destacó, lo ve en un país que sufre “recesión, violencia y desempleo”.

Para qué...

“Hoy en las redes sociales se están generando unos estándares de comportamiento políticamente correcto, en los cuáles si uno se dice algo fuera de lo habitual, lo envían a la hoguera”, dice a ECOS el psicólogo Roberto Balaguer, especializado en nuevas tecnologías. Lo que hizo Lugano fue el equivalente a una “herejía” virtual. Y también virtualmente, a través de las redes, los fieles tiraron a las llamas al hereje que abjuró de una fe que nadie sabe en realidad si profesa.

Lugano es este jueves trending topic en Uruguay y los tuiteros no tuvieron –no suele haber en Twitter- medias tintas: “está todo tomado por el fascismo”, “no me extraña, hombre millonario y rubio”, “¿Ya se puede hablar mal del facho de Lugano?”, “En qué momento pasaste de ser el capi del pueblo a operar con Bordaberry y bancar a Bolsonaro”, “andá a lavarte el orto” y un larguísimo etcétera.

Otros que habrían aplaudido hasta desmayar sus tranques y la cara de loco con que aterrorizaba delanteros rivales, le “sugerían” que, como jugador de fútbol que es o fue, no opine de política (otro prejuicio tristísimo). Del que recibió la bandera uruguaya dos veces de manos del expresidente José Mujica y del que representaba todo-lo-bueno-de-la-Celeste ya no se acordaba nadie.



“Y al tirarlo a la hoguera, se toma a la parte por el todo. Ese elemento hecha por tierra todo lo supuestamente bueno que haya hecho anteriormente. Es que nada es tan positivo como para ser suficiente contrapreso para tal herejía”, agrega Balaguer.

Este tipo de linchamientos virtuales son “bastante preocupantes”, a juzgar por este experto. La consecuencia más grande es el silencio o que el que se anime a expresar una idea por fuera de lo (que se considera) correcto esté dispuesto a enfrentar un aluvión. Sobre todo, en momentos donde parece haber una polarización política por todo, se es pro o se es anti, que a alguien se le desprenda la etiqueta que se le ha impuesto lo convierte en un blanco.

“Estamos hoy en una permanente categorización de las personas. Ya no se debate ni se discuten ideas. Enseguida, tratamos de etiquetar. Si es como nosotros avalamos retuiteamos, y si no, destruimos. Y en términos de sociedad eso es grave: se vuelve a lo tribal” aún en momentos hipertecnificados, resume Balaguer.

Lugano también sorprendió por lo poco habitual del mensaje y el emisor. “En realidad, los futbolistas muy pocas veces hacen pronunciamientos políticos importantes, al menos mientas en actividad. Una razón es porque no saben del tema o no les interesa. Otros sí se interesan, pero se cuidan”, dice por su parte Luis Prats, periodista deportivo de El País y uno de los más prolíficos investigadores en la historia del fútbol uruguayo.

Lo tragicómico es que lo que hizo Lugano fue manifestar una sensación que percibe en el país donde vive y trabaja, lo que no puede traducirse como un apoyo a Bolsonaro, algo como en su momento sí hizo –y así también le fue en las redes sociales- otro inmenso exzaguero del fútbol uruguayo como Hugo de León.