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Opinión

11/05/2020 16:50

Ignorantes o malintencionados

Por: Darío Vecchio

La defensa de Ancap por parte de algunos actores y las falacias que sostienen en apoyo a las empresas públicas.

Ignorantes o malintencionados

Gastón Britos / FocoUy

Publicado: 11/05/2020 16:50

Nuestro país tiene una larga tradición estatista desde los comienzos del siglo XX. El afán por lo público es notorio y cada vez que se pronuncia la palabra “privatización” nos recorre una suerte de escalofrío en el cuerpo que no podemos explicar con palabras. Este germen, instalado en el pensamiento colectivo por José Batlle y Ordóñez, solamente le ha hecho daño a nuestra sociedad.

Tal es el daño que al día de hoy defendemos cosas indefendibles, cosas que en el mundo se entendió que eran perjudiciales y que no tenían razón de ser. El ejemplo más claro de esta aflicción es la acérrima defensa de la Administración Nacional de Combustibles, Alcohol y Portland (Ancap) por parte de algunos actores.

Si es preferible la gestión pública y tan bueno es tener una empresa como Ancap, ¿por qué no dejar que compita con empresas privadas dirigidas por “malvados capitalistas”?

A veces se pierde de vista que lo público es gestionado, generalmente, por actores políticos y en función de intereses políticos. Lo privado, por otro lado, no es exitoso si no se satisfacen las necesidades de los consumidores, aunque está claro que existen casos donde empresarios y políticos acuerdan y dirigen fondos de las arcas del Estado a su favor.

En definitiva, estamos ante un problema ideológico que nos traslada a plena Guerra Fría (que ya sabemos cómo terminó).

A continuación, se presentarán algunas falacias que los defensores de las empresas públicas sostienen; quienes, en muchos casos, están cegados por sus buenas intenciones y caen en el error, pero también hay otros que conocen la debilidad de sus argumentos e insisten en la defensa de lo indefendible, claramente sesgados por intereses políticos o corporativos.

“Ancap es de todos los uruguayos” dicen algunos ignorantes, demostrando su nacionalismo berreta que no tiene sostén empírico. ¿Acaso a usted le dieron acciones de Ancap? ¿Acaso usted recibe dividendos mensuales por las operaciones financieras de la empresa? ¿Acaso a usted le piden su opinión antes de tomar decisiones de gestión?

Ancap pertenece al Estado, es decir, una entelequia que no es nada, pero que es todo al mismo tiempo; que sustrae el producto del trabajo de sus habitantes bajo el pretexto de perseguir “el bien común” y “defender a los más vulnerables”, pero que financia, con el IVA que paga el residente de un asentamiento cuando logra adquirir un paquete de arroz para toda la semana, burócratas incapaces que serían inempleables en el sector privado.

“Nos da soberanía” dicen los esclavos tributarios que sufren del Síndrome de Estocolmo ¿Cuál es la importancia de tener “soberanía” en este ámbito?

Los precios de los combustibles en Uruguay no han bajado ni siquiera cuando el precio del barril de petróleo se ubicó por debajo de 0 ¡Soberanía, ahí la tienen! Los únicos que gozan de soberanía en este caso son los políticos de turno.

“¡Soberanía!” En caso de que alguien pretenda adquirir productos derivados de petróleo en este país solamente tiene un oferente.

Al uruguayo le llega todo tarde, pero le llega. Esperemos que la cura para este germen llegue pronto. De lo contrario, tendremos que experimentar varios despilfarros más, como el agujero que se descubrió en Ancap hace unos años, pero en escala ascendente.