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Opinión

11/03/2020 20:04

El precio del poder venezolano

Por: Enrique Lista

¿Qué pasa cuando está en duda la representatividad, la legalidad de un régimen? Porque eso pasa en Venezuela.

El precio del poder venezolano

EFE / Miguel Gutiérrez

Publicado: 11/03/2020 20:04

Venezuela está en llamas. Sumergida en una crisis social, económica y política que no viene de tres días atrás sino que golpea la vida de las más de 31 millones de personas a toda hora, en la mañana, la tarde y la noche.

En este mundo globalizado se pueden rápidamente buscar causas y culpables. Será el interesado libre de decidir si quiere jugar desde la distancia a ser juez y parte de la polémica, si prefiere defender a Nicolás Maduro y a su gobierno proponiéndolo como víctima de intereses económicos extranjeros o, por el contrario, respaldar a la oposición hoy liderada por Juan Guaidó del que hay que decirlo, es más popular en el extranjero que en su propia tierra.

Por supuesto se pueden tener aun dos posturas más, el ejemplo suizo de neutralidad, inquebrantable y extremadamente impoluto o también el fantasmagórico sitio donde se posicionó el gobierno uruguayo de Tabaré Vázquez, ese limbo de no tener el valor de decir en voz alta una opinión y así pasar a ser vergüenza para Latinoamérica, además de quebrar una historia riquísima de seriedad en política exterior.

Sostener una opinión acerca de estos dos bandos, sea la que sea, puede ser respetable y coherente en un estado democrático de derecho que permite la disidencia (y hasta la respalda) porque la confrontación de ideas es sana, por eso, tenemos por ejemplo un Parlamento y sobre todo, el derecho al voto.

Pero, ¿qué pasa cuando está en duda la representatividad, la legalidad de un régimen? Porque eso pasa en Venezuela; hay un sector de la población que está diciendo basta a sus gobernantes y no son pocos, para nada, son miles y están sangrando como sangra su país.

Es más que claro que algo malo está pasando si más de cinco millones de personas dejaron Venezuela en los últimos años. Los uruguayos sabemos que la emigración viene de la mano de la falta de calidad de vida, casi nadie se va a vivir a otro país para disfrutar de la playa y el buen vino y, sobre todo, eso lo sabemos bien los latinoamericanos.

Históricamente la izquierda en el mundo ha responsabilizado a los Estados Unidos en primer lugar como gran formador de desestabilizaciones cuando las cosas no están bien internamente, y hoy en el país caribeño ese punto de vista está sumamente presente entre los oficialistas y reitero, es válido si así lo quieren ver. Lo que no se puede es ir en contra de lo que conflictos y más conflictos han paradójicamente producido pactos en materia de derechos humanos.

En marzo de 2017, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) se atribuyó competencias de la Asamblea Nacional; que tenía dos tercios de mayoría opositora. Esto desencadenó protestas que el gobierno de Maduro reprimió mediante el uso de la fuerza en muchas ocasiones de forma ilegítima y desproporcionada.

Lo dijo Amnistía Internacional, eso ocurrió, y volvió a pasar, y llovieron gases y balas; tanques y blindados sumaron en este tiempo miles de kilómetros por las rutas venezolanas.

Este martes volvió a pasar. Efectivos de la Policía Nacional Bolivariana impidieron la movilización opositora que se dirigía hacia en centro de Caracas.

¿Iban a tomar el poder? ¿iban a derrocar a Maduro? ¿iban a instaurar un régimen de derecha sometiendo al chavismo al ostracismo o en el peor de los casos a una justicia desequilibrada?

No, aunque algunos piensen que sí, era una marcha de descontento por -entre otras cosas- el salario mínimo que no llega a 4 dólares. ¿Usted no estaría descontento trabajando un mes para ganar 160 pesos?

Pero entonces sale el vicepresidente del Partido Socialista de Venezuela, Diosdado Cabello, a decir que “para la derecha las manifestaciones son un negocio”. De nuevo no, en Venezuela “el negocio” es el poder y ni Maduro, ni Cabello lo quieren perder.

En mi opinión, ya poco les importa a los gobernantes en Caracas sus compatriotas, no hay autocrítica, pero cuidado, ¿que autocrítica le podemos pedir al régimen chavista si hasta hace poco nosotros como uruguayos, representados por el gobierno anterior fuimos débiles en decir lo que la razón deja de manifiesto?

Alimentación, vestimenta, transporte, salud, su propio ocio... siéntese cómodamente un poco y véase cubriéndolos con 160 pesos.

¿Usted no iría a la calle? Yo sí. Pero ni por Guaidó ni por Donald Trump ni por el capitalismo del sueño americano, iría porque la estafa a los pueblos no son de derecha ni de izquierda, la tiranía no tiene lado.

Ahora, siga siendo prochavista, ¡está perfecto! exponga sus argumentos democráticamente en su trabajo, en su casa, en el boliche de la esquina, usted puede...

Pero, ¿todos pueden? De mi parte no me van a convencer que los embargos económicos son culpables de la represión al derecho de la libertad de expresión. Ojalá nunca debamos vivir con 160 pesos mensuales y si pasa, lo invito a manifestarse, ojalá que sin que nos repriman con balas y gases.