Peñarol corre el riesgo de igualar un récord poco envidiable

Por: Jorge Savia

Deportes

12/02/2020 08:08

Peñarol corre el riesgo de igualar un récord poco envidiable

Foco Uy

En 2020, los aurinegros aún no han podido salvar “la prueba del 9”, algo que se refleja en una situación que ya se repitió siete veces en los últimos 20 años.

En lo que va de 2020, Peñarol jugó un partido de entrenamiento, de carácter informal en Estados Unidos, con el Seattle Sounders, y lo ganó 1 a 0; pero,
a partir de allí disputó tres encuentros -amistosos, aunque ya más formales- y en ninguno de ellos pudo conseguir el triunfo y, lo que es peor, ni siquiera logró anotar un tanto: perdió 2 a 0 con Los Ángeles F.C., empató 0 a 0 con Belgrano de Córdoba y también igualó 0 a 0 con Deportivo Maldonado.

De modo que, con ese pobre registro de eficacia ofensiva como lastre, Peñarol enfrentará a Cerro con otro objetivo, tan o más imperioso que aquel
que tradicionalmente tienen los grandes del fútbol uruguayo todos los fines de semana: evitar de igualar su para nada halagüeño récord histórico de cuatro partidos sin anotar un gol, que en setiembre/octubre de 2016 marcó el equipo aurinegro entonces dirigido por Jorge “Polilla” Da Silva y que en agosto de 2017 volvió a establecer el conducido por Leonardo Ramos.

En 2016, Peñarol encadenó en forma consecutiva los siguientes resultados:

10.09.16. Nacional 1 Peñarol 0.
18.09.16. Boston River 0 Peñarol 0.
25.09.16. Juventud 1 Peñarol 0.
01.10.16. Plaza 0 Peñarol 0.

En 2017, mientras tanto, Peñarol hilvanó de manera consecutiva los siguientes resultados:

-05.08.17. San Lorenzo 3 Peñarol 0.
-09.08.17. Peñarol 0 Estudiantes de La Plata 0.
-14.08.17. Peñarol 0 Nacional 0.
-16.08.17. Danubio 3 Peñarol 0.

Por si eso fuera poco, la situación actual que parece un “rara avis” para cualquiera de los dos grandes del fútbol uruguayo, en el caso de Peñarol no lo es tanto, pues en lo que va del siglo XXI, los aurinegros padecieron este tipo de “sequía” -como dicen los españoles- al pasar al menos tres partidos sin anotar un gol, ¡en siete oportunidades!

Es que a esas dos rachas de 2016 y 2017, hay que sumarle otras cinco en las cuales los aurinegros pasaron tres partidos -como ahora- sin poder vulnerar
los arcos rivales.

En 2005, con Fernando Morena como entrenador, Peñarol estuvo los siguientes partidos sin convertir goles:

30.08.05. Tacuarembó 0 Peñarol 0.
10.09.05. Miramar Misiones 2 Peñarol 0.
16.09.05. Peñarol 0 Cerro 0.

También en 2005, los aurinegros volvieron a pasar tres partidos sin anotar tantos:

19.11.05. Plaza 3 Peñarol 0.
26.11.05. Nacional 0 Peñarol 0.
02.12.05. Peñarol 0 Cerrito 0.

En 2007, con la conducción de Gregorio Pérez, Peñarol estuvo otra vez durante tres encuentros sin hacer goles:

29.05.07. Danubio 1 Peñarol 0.
03.06.07. Defensor Sporting 1 Peñarol 0.
05.06.07. Nacional 1 Peñarol 0.

Al igual que lo que ocurrió en 2005, también en 2007 los aurinegros volvieron a pasar por segunda vez en un mismo año por la situación de no poder convertir:

03.11.07. Cerro 0 Peñarol 0.
07.11.07. Defensor Sporting 2 Peñarol 0.
11.11.07. Progreso 3 Peñarol 0.

Por último, en 2019, con la conducción de Diego López, los aurinegros disputaron tres partidos consecutivos sin anotar goles:

18.08.19. Peñarol 0 Juventud 0.
24.08.19. River Plate 1 Peñarol 0.
01.09.19. Nacional 3 Peñarol 0.

La situación por la cual atraviesa Peñarol en este comienzo de temporada en 2020 parece deberse a la falta de un jugador con las características y los registros propios de los goleadores de todas las épocas; los de hoy y los de antes: un 9 -por identificar la función con un determinado número de camiseta- de área, definidor, “pescador”, de esos a los que la pelota parece buscarlos, en vez de que ellos vayan a buscarla, y menos aún a los laterales y/o lejos del arco adversario.

En ese sentido, con Luis Acevedo y Matías Britos incluidos en la lista de los “puede ser”, con Xisco cuyo promedio de 0,29 goles por partido registrado a lo largo de su carrera no lo define como un goleador nato, y sin ver la salida de Lucas Viatri como un error, pues el argentino acumula una magra media de 0,24 goles cada 90’ jugados, podría decirse que el problema de Peñarol, que en el reciente período de pases incorporó a diez futbolistas, es que no resolvió “la prueba del 9”; algo que visto en forma superficial puede considerarse un “error de cálculo” puntual del cuerpo técnico encabezado por Diego Forlán y la dirigencia comandada por Jorge Barrera, por no haber reforzado adecuadamente una zona del equipo que la frialdad de los números parece señalar como la más carenciada.

El tema, tal vez más profundo, es que los antecedentes estadísticos dejan entrever que a esta altura se trata un mal que, como si fuera un virus, ha afectado al club en los últimos 20 años y que por ahí hasta guarda cierto vínculo con otro indicador que a Peñarol no le resulta favorable: ha salido campeón en tan sólo seis de las 21 ediciones del Uruguayo
disputados desde el comienzo del siglo XXI a los días
actuales.

Esto último no ha ocurrido pura y exclusivamente porque Peñarol haya carecido durante la mayor parte de ese período de goleadores de raza; pero, quizá no casualmente, según establecen los datos de Willy Viola, especialista “top” en estadísticas del fútbol uruguayo, en los últimos 20 años los aurinegros sólo tuvieron dos veces a un punta -un “9” clásico- de su equipo que fuera el goleador del Uruguayo.

Carlos Bueno fue el máximo anotador -junto a Alexander Medina- en 2004, y Juan Manuel Olivera de la temporada 2012/2013; porque en 2008/2009
Antonio Pacheco compartió ese galardón con Líber Quiñones, pero “Tony” era un enganche, o mediapunta como máximo, y el mayor artillero de 2017 resultó Cristian Palacios con 29 goles, 19 de los cuales los convirtió jugando el Torneo Apertura por Wanderers.

Es más, la dirigencia de Peñarol ha dado muestras con el correr del tiempo de tener un diagnóstico claro de cuál es el problema, tal vez por las imágenes que le devuelve el espejo de su pasado: en las décadas de los 60 y 70, con goleadores como Alberto Spencer y Fernando Morena, que tenían un promedio de 0,68 y 0,74 goles por partido, respectivamente, la superioridad aurinegra en el plano local fue incuestionable.

De modo que, en el intento de encontrar una solución, por el camino hubo aciertos, como en 2010 cuando se produjo la incorporación de Juan Manuel Olivera, o cuando a mediados de 2017 se “repatrió” a Cristian
Palacios; pero también errores de apreciación, no faltando las ocasiones en las que Peñarol no fue asesorado en la forma más acertada.

Por ejemplo, a fines de 2017, tanto Peñarol como Nacional recibieron un ofrecimiento para incorporar a Gonzalo Bergessio, que había quedado libre de Vélez Sarsfield; y, tal vez con una visión más amplia como consecuencia de su ya larga vigencia en el fútbol internacional, que presenta mayores exigencias que el de cabotaje, Diego Aguirre -que había sido su entrenador en San Lorenzo de Almagro- dijo al ser consultado: “Es un ex jugador”; y el argentino fue el goleador del Uruguayo 2018, vice goleador del campeonato 2019, y metió 37 goles en dos años.

Algo más o menos parecido, incluso, pasó un año más tarde, cuando el técnico argentino Eduardo Domínguez asumió en Nacional: el estilo de Bergessio no era de su agrado, por lo cual, ya empezada la temporada el delantero seguía en Buenos Aires, sin renovar su contrato; en ese lapso algún dirigente de Peñarol consultó a Diego López para saber si tenía interés de que se hiciera alguna gestión por el atacante, que a esa altura parecía que no volvería al tradicional adversario, pero “Memo” respondió en forma negativa,
explicando que el tipo de juego del cordobés no encajaba en el tipo de fútbol que él predicaba.

Más conocidos, en cambio, son los casos de Carlos Núñez en 2013, y Junior Arias y Gastón Rodríguez en 2016, por cuyos pases Peñarol pagó un total de
3.000.000 de dólares, a razón de 1.000.000 por cada uno, sin que ninguno le diera los resultados esperados, hasta siguiendo impulsos individuales y viscerales como el que tuvo Juan Pedro Damiani -entonces presidente del club- cuando apareció en las propias oficinas de la AUF con el ex delantero de Wanderers para hacerlo firmar la transferencia, sin tener presente
la opinión negativa que había dado Jorge Fossati cuando en 2014 era el entrenador aurinegro y el Consejo Directivo lo consultó por la posibilidad de
contratarlo.

En suma, Peñarol debe resolver ahora “la prueba del 9”, un problema que viene de antes y tampoco despejó en el comienzo de la presente temporada, con el riesgo de que si no lo hace rápido, en el partido que tiene con Cerro el próximo sábado, igualará su propio récord de jugar cuatro partidos sin convertir un gol; algo que no se corresponde en absoluto con el mandato histórico que cualquiera de los dos equipos grandes del fútbol uruguayo tienen todos los fines de semana, aunque en lo que va del siglo XXI los
aurinegros no hayan podido cumplir con él en la medida más adecuada.