La Copa Libertadores se convirtió en Champions League

Por: Brahian Kuchman

Deportes

8/11/2019 07:18

La Copa Libertadores se convirtió en Champions League

EFE.

Los clubes más poderosos de Sudamérica se transformaron en magnates financieros y la competencia deportiva marcó una clara línea.

Con los años, el fútbol como negocio solo ha ido creciendo y disparándose en cifras inimaginables. Sus ingresos representan una jugosa mezcla que se obtiene principalmente por los derechos de televisión, por contratos publicitarios, por el valor de las entradas, por el merchandising y por todas las camisetas vendidas.

Los magnates multimillonarios tuvieron cabida en el fútbol y lo transformaron en un negocio donde se vieron sumamente beneficiados los clubes más privilegiados.

El fútbol económicamente está agotando todos sus recursos y oportunidades y muchas veces vemos que no hay límites para gastar en jugadores, no hay balance entre el que más tiene y el que menos tiene.

Tampoco hay duda de que si el fútbol genera tanto dinero alrededor del mundo es porque hay gente que está interesada en verlo, mientras haya afición que siga consumiendo este fantástico deporte seguirá habiendo negocio.

Existe una enorme industria a su alrededor donde muchas veces somos testigos que la esencia del fútbol como juego queda de lado ya que desde hace algunos años la competencia deportiva se ha dividido en dos: los más poderosos por un lado y los menos por otro.

Las mejores ligas del mundo son un fiel reflejo de ello donde los más privilegiados lo ganan todo mientras que la coronación es un sueño cada vez más lejano para los que tienen menos recursos, que solo deben conformarse con la clasificación a alguna copa.

Actualmente, la liga española es una competencia directa entre Real Madrid y Barcelona, aunque últimamente Atlético Madrid se ha metido en la pelea.

En Italia, la Juventus consiguió los últimos ocho títulos en la Serie A. En Francia, el París Saint-Germain ganó seis de los últimos siete torneos locales y en Alemania el Bayern Munich se quedó con los últimos siete trofeos de la Bundesliga.

En Inglaterra los equipos han sido más amables porque los títulos se los han repartido entre los dos Manchester, United y City, Chelsea, hasta incluso Leicester ha cortado con esta hegemonía con su hazaña lograda en la temporada 2015/16.

Este predominio, que está a la vista de todos, sucede porque los grandes equipos del mundo arman su plantel para ganar la Champions League, entonces, a la hora de competir por la liga local se ven ante sus rivales diezmados en plantel y con una diferencia despampanante en calidad de jugadores.

Cuando juegan entre sí, los que tienen menos recursos se abrazan al sueño más próximo y real: el de poder hacer un buen partido.

Esta desigualdad deportiva entre los clubes más potentados y los más desprotegidos no solo se refleja en sus ligas locales sino que también se traslada a la Champions League. Claro, si se preparan para ello.

No obstante, este prestigioso torneo, que ha tenido 22 campeones a lo largo de su historia, se ha transformado en una monopolización de las grandes potencias en la que siempre definen los mismos.

Real Madrid, Barcelona, Bayern Munich, París Saint-Germain, Liverpool, Juventus y Atlético Madrid, por nombrar algunos, son los súper candidatos y no faltan nunca. Su favoritismo es tan alto que hasta incluso una semifinal para ellos podría ser catalogado como fracaso. Ni que hablar si se despiden en cuartos u octavos de final.

Salvo en la pasada edición, donde el Tottenham Hotspur fue la gran revelación llegando a la final ante Liverpool, desde hace 15 años aproximadamente este torneo ha ido marcando una clara línea en base al prestigio financiero de cada equipo.

Actualmente, clubes como Estrella Roja, Aston Villa, Nottingham Forest, Celtic, Hamburgo, Steua Bucarest, Olympique de Marsella, Feyenoord, que fueron campeones en otras épocas, ven a la Champions League como una quimera donde la ilusión de poder ganarla –casi siempre- se desmorona apenas en el comienzo.

Es que los equipos con mayor poder financiero adquieren a las mejores figuras mundiales y éstas se concentran en la selecta lista de clubes potenciados.

Si bien antes las estrellas del fútbol eran adquiridas por los mejores equipos, había un balance. Estaban repartidos en varios clubes, por lo tanto, los torneos eran más parejos y los más desprotegidos se ilusionaban con algo que hoy es prácticamente imposible.

A otra escala, otra dimensión y con números bastante inferiores a los que manejan los grandes clubes de Europa, esta potestad financiera llegó a Sudamérica en los últimos años y los equipos con menos privilegios ya lo sufren.

Los grandes clubes del continente, sobre todo de Argentina y Brasil, han tomado el ejemplo de las potencias europeas y han transformado a su plantel en un súper equipo, en una mini selección, con jugadores estrellas cobrando sueldos impensados para los que tienen menos recursos.

A equipos como Lanús, Independiente del Valle, Guaraní, Bolívar, Nacional de Paraguay, Defensor Sporting o Barcelona de Ecuador, que hace algunos años fueron finalistas o semifinalistas de la Copa Libertadores, cada vez se los podrá ver con menos frecuencia en el podio.

Es que los grandes clubes de Sudamérica ya son parte del juego millonario y ello claramente se refleja en la cancha, en los resultados deportivos.

No obstante, en las últimas dos ediciones tres equipos repitieron en semifinales: River Plate, Gremio y Boca Juniors. Incluso, Flamengo, el otro semifinalista, desembolsó millones de dólares a comienzos de temporada para afrontar la Libertadores y llegó a la final.

El negocio y los magnates llegaron a Sudamérica y el círculo de los siempre favoritos ya comenzó a trascender en el torneo más importante a nivel de clubes.

Nadie puede ignorar que el dinero y el fútbol son viejos amigos y mantienen una relación histórica llena de egos, claroscuros y misterios. Pero se debe respetar la esencia del juego y de manera inteligente hacer sinergia con el área deportiva para encontrar un verdadero desarrollo sostenible y más competitivo.

Obviamente que el hincha fanático, por más conocimiento que tenga sobre la realidad de este fútbol-negocio, nunca quitará su sentimiento ingenuo por la camiseta ni por este deporte a la hora de afrontar un nuevo torneo. La ilusión de poder ver a su equipo otra vez en competencia va mucho más allá de las posibilidades. Eso no cambiará jamás.

Pero las áreas deportivas y comerciales deben encontrar fronteras más claras y transparentes y los límites deberían respetarse mejor. No todos los espacios, momentos y experiencias del fútbol pueden estar a la venta.

Es momento de parar la pelota, de poner el juego por encima de la fortuna y que las máximas autoridades del fútbol mundial propongan nuevos límites para que el deporte más hermoso y popular del mundo regale, otra vez, la misma ilusión para todos los clubes y no solo para los más privilegiados.