Peñarol repite con la llegada de “Xisco” una aventura de hace 52 años

Por: Jorge Savia

Deportes

8/09/2019 08:43

Peñarol repite con la llegada de “Xisco” una aventura de hace 52 años

EFE

En 1967, Vicente -ex Barcelona- vino del Granada pues Joya estaba operado; Pablo Forlán recordó a ECOS: “Lo recolectamos en medio de una gira en España”.

Peñarol trae a un punta español que llegará a Montevideo entre lunes y martes con la misión prioritaria de jugar el Torneo Clausura, como lo deja entrever claramente la extensión del contrato que firmará el atacante, que en principio será sólo hasta fin de año.

El jugador es Francisco Jiménez Tejada, le dicen “Xisco”, mide 1,90, pesa 84 kilos, tiene 33 años, pues nació en Santa Ponsa -ciudad de Mallorca que cuenta con poco más de 10.000 habitantes- el 26 de junio de 1986 y, jugando para el Osasuna en la Segunda División actuó en 61 partidos, 25 de los cuales los disputó como titular, y convirtió 13 goles en las dos últimas temporadas.

Para más datos, “Xisco”, que llega a Peñarol con el aval de Walter “Rifle” Pandiani, es futbolista profesional desde 2004, y desde entonces a hoy anotó 96 goles en 314 partidos, 170 de los cuales los jugó de como titular, en ocho equipos: Deportivo La Coruña, Vecindario, Racing de Santander, Córdoba, Mallorca y Osasuna, en España; Newcastle en Inglaterra; y Muang Thong United, en Tailandia.

Además, entre 2007 y 2009 el delantero sumó once partidos en la selección mayor de España.

Toda una novedad, aunque el mallorquín no sea un jugador destacado, por lo que podría afirmarse que la noticia de su inminente arribo a Peñarol no dejó de provocar un impacto; pese a que el futuro rendimiento de “Xisco” en filas aurinegras, en realidad, hoy por hoy despierte en los hinchas aurinegros más interrogantes que esperanzas.

Sin embargo, pese a que resulta algo singular para el fútbol uruguayo, la llegada de un atacante español a Peñarol no representa un hecho inédito, y hasta puede decirse que de esta manera los aurinegros repiten una experiencia ya encarada bajo la presidencia del Cr. Gastón Guelfi hace exactamente 52 años.

Es más, si no fuera porque por sus edades los dirigentes actuales quizá en su mayoría desconozcan el antecedente, podría pensarse que Peñarol hasta apela a una cábala: a mediados de 1967 incorporó a Vicente González Sosa y ese año el club salió campeón uruguayo.

Vicente, “a secas”, tal como se le inscribía y nombraba en las alineaciones de Peñarol, era puntero izquierdo, bajo, de complexión delgada, y fue contratado porque Juan Joya -campeón de América y del Mundo con los aurinegros en 1961 y 1966, y hasta ese momento también campeón uruguayo en cuatro oportunidades- había sido sometido a una operación de meniscos e iba a estar sin jugar por un tiempo relativamente prolongado.

“Lo recolectamos en medio de un gira espectacular que hicimos por Europa a mediados de ese año”, señaló Pablo Forlán en respaldo del recuerdo de ECOS acerca de la incorporación de Vicente, para enseguida darle el contexto histórico adecuado a lo que luego sería el pasaje sin mayor destaque de tan sólo una temporada que tuvo el puntero español por el fútbol uruguayo: “La gira fue por España, Italia y Alemania, y perdimos únicamente un partido: ¡con la selección de Alemania!”

Vicente, que había nacido el 17 de setiembre en Agaete, Gran Canaria, no era un futbolísticamente un don nadie: se inició en 1959 en la Unión Deportiva Las Palmas, entre 1961 y 1966 jugó nada más ni nada menos que en el Barcelona, y en 1966 fue cedido al Granada, donde Peñarol “lo recolectó” -según la gráfica forma de decir de Forlán- en su paso por España.

“Era buen jugador, un zurdo rápido, pero yo diría que le costó adaptarse a la dureza de la marca que era común en el fútbol uruguayo de entrecasa en aquellos años”, comentó Forlán, en lo que fue una clara explicación de por qué a mitad de 1968 el puntero canario regresó a España.

En parte gravitó la definición de Forlán acerca de su estilo de juego, aunque también pesó -y mucho- que puesto frente al espejo de lo que era la habilidad y exuberancia física de las que hacía gala el gran puntero peruano, Vicente tenía casi nulas de salir bien parado de una comparación que, al menos para los hinchas de Peñarol, resultaba casi inexorable.

Vicente se fue de Peñarol y volvió al Granada, donde jugó entre 1968 y 1973, para luego retirarse; y hoy, con 77 años, cuando en su último club aún lo consideran como “el mejor ‘granadista’ de todos los tiempos”, hace 39 que vive en Pachuca, México, junto a Tita, su esposa mexicana que conoció cuando jugaba en Barcelona, dos hijos y otros tantos nietos, sin siquiera soñar con que otro español sigue sus pasos en dirección a Peñarol.

Por antecedentes, y por todo lo expuesto, “Xisco” no parece ser ni cerca lo que era Vicente cuando vino a Peñarol. Quizá ni le ate los zapatos. Pero, si se trata de especular y hacer proyecciones sobre su futuro rendimiento con los aurinegros, también hay que tener muy presente que el mallorquín llega a un Peñarol muy diferente a aquel que “recolectó” al delantero canario a su paso por España.

Justo en fechas como las de estos días, aquel equipo del que formó parte Vicente, aún sin aportar demasiado, estampó un récord todavía imbatido, y ni siquiera igualado, en la historia del Campeonato Uruguayo: entre el 3 de setiembre de 1966 y el 14 de setiembre de 1968, jugó 56 partidos sin ser derrotado, marcando así un registro sin par, incluso en el ámbito de todo el fútbol sudamericano.

Hoy, claro, la vara está puesta mucho más abajo. Hay que ver si “Xisco” la salta.