Rafael García cree que a lo único que puede ir a Europa es "a pasear"

Por: Diego Domínguez

Deportes

1/09/2019 08:29

Rafael García cree que a lo único que puede ir a Europa es "a pasear"

Tenfield

El futbolista de Nacional habló a Ecos, previo al duelo clásico del domingo ante Peñarol.

A los 15 años Rafael García dejó el fútbol. Pese a que desde los seis lo había practicado de forma ininterrumpida, estuvo un año parado y sin practicar en ningún club.

García, quien no se siente habilidoso y dice que nunca lo fue, cumplió el sueño que muchos chicos anhelan a esa edad: ir como aspirante a Nacional y quedar en la pensión para jugar en las formativas. Aunque, en ese entonces, el fernandino ni siquiera soñaba con ser jugador profesional: ¿El sueño de ser futbolista? No, nunca. Ni lo pensaba”, admitió.

Fiel a su estilo raspador, en el primer clásico que jugó contra Peñarol fue expulsado por doble tarjeta amarilla. Entró con el resultado 2-0 a favor de Nacional y a los cinco minutos de haber ingresado lo echaron por dos “faltas tontas”, según relata.

La garra y el carácter de “Rafa” se hacía notar desde temprano cuando por una rebeldía propia de la juventud, dejó de jugar al fútbol por un año. Poco le importó, en ese entonces, la continuidad que había tenido desde los seis hasta los 14 y dejó porque ya “no tenía ganas de jugar”. “Prefería hacer otras cosas y no ir a las cinco de la tarde a entrenar, prefería jugar con los amigos del barrio”, aseguró. Le gustaba “jugar a la pelota con los amigos en la 'placita'” y aún es un fiel convencido de que “a esa edad no necesitás entrenar para jugar bien, sino que vas a la placita a jugar y ya está”.

Su fanatismo por Nacional se notaba en su juventud, miraba los partidos y le gustaba muchísimo el club, aunque manejó con tranquilidad su llegada a Montevideo por más que lo tomó por sorpresa. Lo llamaron luego de que participara “de casualidad” en una capacitación de jugadores, donde “Rafa” simplemente pensaba que era un partido para divertirse con sus amigos.

Si bien estuvo en Maldonado sin entrenar durante un año, a García lo tocaron con la varita: lo llevaron como aspirante a Nacional y tras dos o tres prácticas con la quinta quedó en las formativas.

Llegó a los tricolores y, tímidamente, comenta que estaba “muy contento, pero nada más”. Sus padres mantenían la calma y la tranquilidad, estaban alegres por su hijo, pero “tampoco andaban como locos porque jugara en Nacional”.

Desde chico el “Rafa” tenía espirítu de campeón. Empezó en URU —un humilde club de barrio de Maldonado— pero al poco tiempo decidió irse a Deportivo Maldonado porque siempre salían segundos. “Quería salir primero alguna vez y como el club (Deportivo Maldonado) tenía buen equipo, pensaba que iba a tener más chances”, recalcó.

Su etapa de baby fútbol la cerró de la mejor manera. Luego de buscar tanto ese campeonato que soñaba, se fue a un equipo que le quedaba más lejos de su casa, pero finalmente salió campeón de su departamento.

La humildad y tranquilidad que lo caracterizan, ayudaron a que manejara de forma muy madura los cambios drásticos en su vida. Al llegar a Nacional no extrañaba, vivía en la pensión del club y tenía amigos del interior (Nicolás Lodeiro, Facundo Píriz, Cristian Paz). Había dejado el liceo pese a que en el club se lo exigían.

Vivió muy natural su debut en primera división. Fue con Rampla —Nacional lo había cedido a préstamo— en un partido que recuerda por haber perdido 2 a 1 contra Liverpool en Belvedere.

Al cabo de un tiempo retornó a Nacional, debutó y propio de su madurez y frialdad, lo hizo sin demasiado nerviosismo. Para García no existió el tabú popular de que en los instantes previos a debutar se te pasan muchísimas personas y recuerdos por la mente.

Por “una decisión personal” que prefirió guardarse y no comentar, pidió salir cedido y llegó a Fénix. Disfrutó la etapa en el albivioleta donde se desempeñaba como volante central y reconoce que tanto allí como en Rampla, notó que “las diferencias respecto a un grande son evidentes”: “Se juega con menos gente, otra comodidad y distintos presupuestos”.

Además del medio local, a Rafael García se le dio la chance de jugar en Argentina y en México. Le cuesta elegir a un país por sobre el otro y dice que ambos son “lugares con cosas muy lindas”. A nivel deportivo tiene su preferencia y recuerda con mucho cariño la etapa en Atlético Tucumán, ya que fue donde rindió más pese al poco tiempo que estuvo.

Rafa es un tipo hogareño, le gusta estar en la casa y eso le da tranquilidad. Precisamente en Tucumán, buscó una casa cerca de la institución para estar cómodo. Relata que en general cuando uno se encuentra en el exterior “la gente del club te ayuda a encontrar un lugar cómodo”.

Con la llegada de Álvaro Gutiérrez a Nacional, Rafael García tuvo un nuevo cambio en su carrera futbolística. El entrenador le comunicó que dejaría de ser zaguero para pasar a jugar en una posición en la que únicamente había jugado en inferiores y en Fénix: volante central. “Te tenés que adaptar o adaptarte, no hay otra.Yo me adapto a lo que venga”, aseguró García. .
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El oriundo de Maldonado parece ser un caudillo de los de antes: poco le importa la posición que le toque ocupar, cumple con lo que le piden dentro de sus capacidades y mete como si el hincha se viera reflejado en la cancha. No le interesan las redes sociales y ni siquiera pregunta a compañeros sobre lo que comenta la gente sobre él.

Imagina un retiro en Nacional y maneja la posibilidad de ser técnico algún día, pero le queda pendiente terminar el curso. Aunque si de futuro se le habla, prefiere no pensar en eso de momento.

Ante una posibilidad futura de ir a jugar a Europa, cree que a lo único que puede ir al continente europeo es "a pasear".