En Uruguay las certezas golean a las interrogantes

Por: Jorge Savia
Publicado: 14/06/2018 07:15
En Uruguay las certezas golean a las interrogantes

Cosas claras, dudas y conclusiones de un plantel que ilusiona a todo un país en la previa a su debut en el Mundial de Rusia

Tal vez por el realismo que encierra la definición acuñada por César Luis Menotti al decir que "el fútbol es la dinámica de lo impensado", Uruguay afronta el debut ante Egipto en el Mundial de Rusia, así como la totalidad de su participación en el campeonato, despertando certezas y también interrogantes.

Está claro que, empezando porque en el Grupo A los celestes no tienen rivales de la talla de Italia e Inglaterra como en el Mundial pasado, las primeras son más numerosas y fundadas que las segundas. Esto a su vez fundamenta la gran esperanza popular que se palpa está ansiosamente depositada en la selección dirigida por Óscar Washington Tabárez.

Igual, unas y otras parecen dignas de considerar; o, al menos, como para no dejar de lado.

Las certezas

Las figuras: pocos equipos tienen a tres futbolistas de la jerarquía y el alto nivel individual de Diego Godín, Luis Suárez y Edinson Cavani; el 30% de los jugadores de campo es un porcentaje que, rodeado por buenos acompañantes, debería ser gravitante.

El tiempo: "No vamos a preparar un equipo en dos semanas de trabajo, esto es algo que viene de años", dijo Tabárez al comienzo de la preparación para Rusia. Con recambio generacional incluido, hace mucho que el equipo celeste tiene un "modus operandi" y un "modus vivendi", adentro y afuera de la cancha, lo que le da un equilibrio futbolístico y emocional más propio de un club que de un combinado nacional que se reúne para competir cada tanto.

La vigencia: la cantidad de minutos que marcan el rodaje que tuvo en la temporada 2017/2018 cada uno de los jugadores celestes en equipos de primer nivel mundial, es muy alta.

La excelencia: la mayoría de los futbolistas celestes fueron campeones con sus equipos, ya sea de ligas nacionales como de copas continentales, lo que indica que el estrés y la exigencia propios de las instancias culminantes del fútbol de élite les resultan familiares.

Los bloques: la excluyente jerarquía individual de varios jugadores celestes se concentra en dos zonas del equipo perfectamente definidas, no está desperdigada: Muslera, Giménez, Godín y Cáceres en el fondo, Suárez y Cavani en el ataque; y, si bien es cierto aquello de que en el fútbol moderno los partidos se ganan en el mediocampo, también lo es que –por lo general- se resuelven en las áreas.

La armonía: resulta notorio a partir de 2007, tras la Copa América de ese año, que Tabárez "filtró" no sólo los atributos futbolísticos de los jugadores sino también sus características personales para convocarlos. Que lo colectivo está por encima de lo colectivo, que se nutre y enriquece con los destaques y fulgores de las individualidades, algo de lo cual nada más ni nada menos que Suárez y Cavani representan dos ejemplos muy claros. El primero, quizá como producto de su inserción en el tipo de juego asociado del Barcelona, se ha convertido en un gran generador de asistencias de gol, aún priorizando desinteresadamente ese rol al de ejecutante en las cercanías del arco adversario; el segundo todavía sigue conservando la sacrificada inclinación por retrasarse a colaborar para reducir espacios y generar jugadas de ataque en el mediocampo.

La contundencia: Suárez llega después de haber convertido 31 goles en 51 partidos oficiales con el Barcelona, y Cavani 40 en 48 del Paris Saint Germain; mientras que Giménez y Godín lo hacen tras haber sido sostenes fundamentales del Atlético de Madrid que se consagró campeón de la Liga de Europa en base a un esquema tendiente a priorizar el cuidado de su arco.

La madurez: la mezcla de jugadores de largo recorrido internacional con otros más nuevos que se encastran con sencillez en el orden que reconoce la ascendencia de los mandos naturales, contribuye a la esencia de un equipo maduro y equilibrado.

El descanso: tras una desgastadora y estresante temporada 2017/2018, Tabárez repitió la fórmula empleada para la puesta a punto previa a los dos últimos mundiales: en vez de hacer una gira y jugar amistosos en el extranjero para que el equipo tuviera mayor rodaje colectivo, o de imponer concentraciones rigurosas, buscó afinar el motor sobre la base del descanso de los jugadores rodeados del afecto cotidiano de sus familiares.

La seriedad: en el acierto o en el error, hay un aspecto que parece una grifa de las decisiones de Tabárez, ya sea en materia de convocatorias, integraciones o cambios: la ausencia de intereses o motivos colaterales. Por ejemplo: sabido es que Nicolás Lodeiro es gran amigo de Suárez y que Gastón Ramirez se hizo muy compinche de Cavani; pero ese tipo de vínculos no influyó cuando el entrenador consideró que el sanducero y el fraybentino debían estar entre los futbolistas eliminados.

Las interrogantes

El estilo: lo dicen los propios protagonistas, el entrenador y los jugadores: la selección cambió el perfil de su mediocampo, donde el buen pie, la posesión y los pases cortos sustituyeron al aporte de volantes casi exclusivamente de marca y a la salida vertical en la transición de la defensa al ataque. El cambio de ese tipo no implica sólo un cambio de nombres, sino en la esencia del juego, por más que con la nueva idea la entrega solidaria del colectivo para la recuperación de la pelota y la reducción de espacios cuando la tiene el adversario, sigue siendo innegociable.

En pocas palabras: hay que ver si ante rivales de gran porte la transformación no resiente la reconocida solidez de la retaguardia. Tabárez interpretó que ya no había jugadores uruguayos de las características del "Ruso" Pérez, el "Cacha" Arévalo Ríos, el propio "Tata" González, y del mismísimo Diego Forlán, que con el poder de su "raspaje" (los primeros) y la exactitud de su pegada (el último) eran los pilares del fútbol "de respuesta".

El rodaje: está bien, otra vez la selección en su preparación para un Mundial priorizó el descanso, que ya antes dio buenos resultados; pero lo cierto, también, es que el cambio de estilo en el mediocampo lleva pocos partidos de puesta en práctica, y frente a rivales no muy calificados: Paraguay, Bolivia, Polonia, Austria, República Checa, Gales y Uzbekistán.

Los laterales: desde Sudáfrica para acá, el preciso y exuberante ir y venir de Maximiliano Pereira por la derecha se convirtió muchas veces en el arma supletoria de los pases largos para sacar al equipo desde la defensa hacia el ataque, pues generó muchos circuitos ofensivos por ese lado. Hoy el "Mono" no tiene las mismas revoluciones, mientras que Guillermo Varela en Peñarol no mantuvo el nivel de rendimiento después de los partidos por la China Cup en marzo. Por el otro lado, además, está fuera de toda discusión la jerarquía de Cáceres; pero en el último año y medio el "Pelado" estuvo muchas veces "entre algodones", por lo cual la necesidad de jugar cada 5 días en el Mundial le pone la vara alta.

Conclusión

Dándole razón -o "manija"- a la euforia popular, como se ve, las certezas le ganan por "goleada" a las interrogantes. Pero en su conjunto o tomadas unitariamente, parece prudente no dejarlas de lado.

Aunque más no sea por la definición de Menotti: "El fútbol es la dinámica de lo impensado".