Las palabras se las lleva el viento político

Por: Miguel Ángel Campodónico

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13/05/2019 07:58

Publicado: 13/05/2019 07:58

Opina Miguel Ángel Campodónico*

Las declaraciones de muchos actores políticos son esperpentos verbales, ofenden a quienes por amar a las palabras se entristecen al comprobar cómo sufren una muerte súbita. En la boca de aquellos las palabras se retuercen, desfallecen y expiran en pocos segundos tal como si nunca se hubieran pronunciado.

Hablan aunque sus palabras nazcan para ser olvidadas, de ahí que sea necesario refrescar la memoria para evitar que el viento político se las lleve.
La biografía de José Mujica que publiqué hace ya veinte años tiene infinidad de ediciones en Uruguay y se ha publicado en Barcelona, en el País, Vasco, en Corea del Sur y en México.

Todavía hoy varios adultos extasiados, así como muchos jóvenes olímpicamente desinformados, sostienen que el movimiento tupamaro nació para combatir contra la dictadura uruguaya.

Según me declaró Mujica, los tupamaros estaban ya en 1963 en la calle. El golpe de estado se dio diez años después. Dice en mi libro: “El inmenso remordimiento que tengo es que cuando llegó la hora que nosotros habíamos vaticinado, tal vez porque madrugamos mucho, no le servimos de nada a la sociedad uruguaya…Al llegar la dictadura estábamos deshechos”.

En relación a la decisión de los militares de mantener vivos a los nueve rehenes tupamaros -uno de los cuales era él- recordó que oficiales argentinos de visita en el cuartel en el que estaba preso lo habían observado por la mirilla de la puerta del calabozo.

Fue aquel día cuando un capitán uruguayo le reveló a Mujica lo que esos oficiales le habían dicho al retirarse: “Tipos como éste allá en la Argentina estarían diez metros bajo el agua”.

El impacto mayor fue lo que Mujica agregó como corolario: “El capitán me dijo que él los despreciaba, que tenía conciencia de que en el Uruguay éramos distintos. Lo cual no quería decir que en nuestro país no hubiera alguno que pensara lo mismo que los milicos argentinos, pero a la hora del balance era evidente que nosotros éramos distintos. La vida en el Uruguay vale mucho, después de 1904 el país logró la incrustación de algunos valores que son muy progresistas en relación a la vida humana…”.

Ya en nuestros días, es decir, a fines del año pasado. Mujica hizo una declaración escalofriante justificando la tortura al comentar la muerte de Luisa Cuesta, incansable mujer en la búsqueda de la verdad, símbolo legendario de los familiares de los detenidos desaparecidos: “A veces hay cosas que no tienen otra respuesta que la tortura para encontrar la verdad”.

Y hace muy poco en relación a los vehículos militares que en Venezuela atropellaron a manifestantes desarmados pasándoles deliberadamente por encima como a perros rabiosos de la calle Mujica expresó “No hay que ponerse delante de las tanquetas”. Y subrayó que salir a la calle implicaba riesgos.

Le rindo homenaje al hombre solitario que valerosamente se paró frente a un ciclópeo tanque de guerra en la Plaza de Tiananmen durante las protestas de 1989 en China. Él no siguió el consejo supuestamente paternal con el que Mujica se lavó las manos y gracias a ello la fotografía se convirtió para el mundo en una emocionante alegoría de la libertad.

Oscar Andrade aspira a ser presidente del Uruguay. Defiende al régimen totalitario de Maduro ya que considera que en ese país hay una democracia.

No olvidemos que “democracia” es una de las palabras más deshonradas.
Andrade sostuvo que Guaidó tiene la suerte de vivir en Venezuela ya que si viviera en los Estados Unidos hubiera ido a la silla eléctrica. Su desconcertante conclusión la basa en que según él Guaidó dio un golpe de estado.

El precandidato sindicalista al parecer ignora que tiene la suerte de vivir en el Uruguay ya que en Venezuela no podría ser candidato ni para presidir un club de bochas si el mesiánico Maduro rodeado de su séquito no se lo permitiera.

Ignora, además, a los “colectivos”, paramilitares motorizados que recorren las calles de Venezuela a la caza de opositores, a los veinte mil cubanos que operan en ese país, a los millones que emigran por la falta de alimentos y de medicinas, a los presos políticos, etc.

Tabaré Vázquez quiso abandonar su habitual imagen de pastor evangélico con una réplica burlona a Sartori. Su gran problema es que no tiene sentido del humor ni de la ironía de ahí que plagiara una idea expuesta hace ya más de setenta años.

Vázquez prometió con supuesto sarcasmo que por las canillas saldría leche. ¿Ignora quién fue Domingo Tortorelli? Por su edad debería saberlo. Lo de las canillas con leche fue una de las tantas ideas trastornadas que el desquiciado Tortorelli expuso desde el balcón de su casa en 18 de Julio entre Juan Paullier y Joaquín Requena en ocasión de las elecciones de 1946 y 1950. Vázquez no es original ni cuando pretende ironizar.