La poesía y la medalla de oro

Por: Miguel Ángel Campodónico

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28/04/2019 06:59

Publicado: 28/04/2019 06:59

Opina Miguel Ángel Campodónico*

En los últimos días la prensa entera se ha dedicado a la poesía. ¿Qué ha pasado? En la televisión, en los diarios, en las radios, incluso los conocidos como “comunicadores” se vieron llamados a ocuparse de un género literario que nunca les movió un pelo. Y no es porque todos ellos sean calvos. Hasta algún político aprovechó la circunstancia para sacarle el jugo y convencernos de su erudición en poesía.

¿Cuál fue la causa del vertiginoso golpe de timón? La explicación es muy simple. Se ocuparon de la poesía porque la asimilaron con un triunfo deportivo. Ida Vitale ha ganado el premio Cervantes pero la actitud generalizada ha desembocado en el absurdo de que pareciera que no fuera ella la distinguida ni tampoco la poesía misma. Ganó la enseña patria, la gloriosa camiseta celeste. Lo mismo que, por ejemplo, se ha hecho cuando la selección uruguaya de fútbol se ha consagrado campeona de América.

Ida Vitale es ahora para muchos una exitosa al estilo de Suárez o de Cavani. Eso es todo. Antes del Cervantes o de los otros premios que recibió la inmensa mayoría no sabía de su existencia –tiene 95 años- ni había leído uno solo de sus poemas de su vasta obra. Ahora es diferente: ganó un campeonato. Y la medalla se la entregó nada menos que el rey de España.

Un conocido intelectual aportó el mismo comentario que se usa para hablar de los jugadores de fútbol, esto es, que parecía mentira que en un país de escasa población como el Uruguay hubiera tantos buenos escritores. Puede sustituirse sin ninguna violencia “escritores” por “futbolistas” Le faltó agregar “¡Uruguay nomá!”.

¿La obra de Vitale adquirió valor recién después de ser premiada? Al parecer para muchos es así, la poesía sin medalla de oro no les había merecido ningún interés.

Los escritores, los artistas visuales, los músicos, los bailarines, los intelectuales, sean los que sean, conseguirán un gran espacio en los medios de prensa si triunfan en las grandes ligas. Lo mismo sucedió con María Noel Richetto, cuando obtuvo el Premio Benois de la danza, de lo contrario seguirán integrando el gigantesco espacio en el que habitan los silenciados de enorme valor artístico. Pero estos nunca recibirán la consideración que se merecen porque no llevan colgada ninguna medalla.

Hace varios años el músico Antonio Mastrogiovanni, ya fallecido, me dijo que pensaba dejar de componer porque no valía la pena seguir haciéndolo debido a que las obras de los uruguayos no se ejecutaban. Apenas el Núcleo de Música Nueva durante más de cincuenta años ha desarrollado una milagrosa actividad para difundir la música contemporánea.

¿Qué estímulo tienen hoy en el Uruguay aquellos que se han dedicado a la creación artística? ¿Cuáles caminos encuentran despejados? Muy pocos o simplemente ninguno. Se dedican a lo suyo mientras son mirados como si fueran personas que matan el tiempo con un pasatiempo en los ratos de ocio.

La atmósfera se torna irrespirable, todo conduce hacia abajo, impide levantar la mirada, nada se libra de la espectacular carnavalización triunfante.

Hay un Ministerio de Educación y Cultura y además autoridades de las distintas ramas de la enseñanza. Entonces, para que su existencia se justifique no se olviden de inculcarles a los alumnos la necesidad de asombrarse, machaquen para convencerlos de que descubrirán un nuevo mundo leyendo mucho, visitando museos, asistiendo a conciertos.

Tomen como tarea principal lograr que los alumnos se conmuevan. Hagan lo imposible para que entiendan que no es la medalla de oro lo que debe buscarse sino la satisfacción inigualable de que se ha hecho algo personal nacido en las entrañas. Que ningún auténtico creador pone el alma en lo que hace esperando premios. Ida Vitale en su larga vida buscó empecinadamente el lugar en el que se escondía la poesía, ninguna otra cosa.

Repitan que el único adversario importante que existe en el arte es uno mismo, que hay que derrotarlo transpirando todos los días sin desmayar en el esfuerzo, que el talento no se desarrolla mientras se duerme la siesta o se mira la televisión.

No se olviden de recordarles que desde muy temprano deben aprender a diferenciar aquello que desaparecerá rápidamente de lo que permanecerá durante años resistiendo las más detestables tormentas de la vulgaridad.

Recién entonces, cuando haya lectores de esa calidad, la notable poesía de Ida Vitale será valorada debidamente por quienes hoy todavía ignoran lo que significa temblar con el estremecimiento que provoca la lectura de un poema.

Por fin, sin prisa, paulatinamente, irán esfumándose los exitistas que se encandilan con el brillo de las medallas de oro. Se habrá impuesto la poesía pura alejada de patrioterismo.