La izquierda caviar o filet de lomo

Por: Miguel Ángel Campodónico

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24/02/2019 10:16

Publicado: 24/02/2019 10:16

Opina Miguel Ángel Campodónico*

Las declaraciones de la ministra María Julia Muñoz acerca de Lacalle Pou, dan pie para tocar el tema de las niñerías lanzadas a los cuatro vientos por algunos políticos.

Ella ha dicho entre otras cosas que el dirigente blanco nació en una cuna privilegiada, que entró al Parlamento por los votos de su mamá, que fue a una universidad privada, que no anda en ómnibus y que ni siquiera sabe sacar boleto. Un origen familiar que al parecer lo condenaría a perpetuidad.

Gracias a esa profundísima cavilación sobre la vida de un adversario político es posible ocuparse de un hermanamiento que no ha merecido la debida atención.

Vayamos por partes. A la ministra no le importa mostrar su desmesura. Habla y también baila. Combate el ocio con actos propios de los programas de Tinelli. Se exhibió trepada a una mesa para bailar sobre ella, moviéndose al compás de una cumbia en una cena con los “famosos” uruguayos y candombeando en carnaval.

Nadie la ha visto viajando apretujada en un ómnibus ni se ha sabido que fuera a su trabajo a pie. Llamo “trabajo” a su labor sin olvidar que los verdaderos trabajadores son otros, pero aceptemos esta convención con la disculpas debidas a quienes hacen equilibrio en andamios, asisten a los enfermos en hospitales y sanatorios, transpiran en las fábricas, se afanan por apagar un incendio, manejan taxis y ómnibus varias horas al día, etc.

Tampoco suele verse a sus compañeros frentistas, legisladores o con cargos de dirección en numerosas oficinas del gobierno, esperando con resignación un ómnibus en las paradas haya frío, calor o lluvia.

Todo esto viene a cuento porque el ingeniero Daniel Martínez, precandidato frentista a la presidencia de la República, nos dio en enero pasado un claro ejemplo del que debería valerse la ministra para dispararle también a él sus centellas desde el Olimpo sempiterno.

Resulta ser que Lacalle Pou participó en una cena con empresarios en el Club de Golf de Laguna del Sauce organizada para financiar la campaña electoral. El ticket a los asistentes les costó mil dólares. Allí disfrutaron el encuentro con entrada de canapés, risotto de camarones y hongos como plato principal, amplio menú de dulces, whisky, champagne y café. Esto encajaría sin violencia en el retrato hablado que hizo la ministra Muñoz de su condenado adversario nacionalista. “¡Vieron!”, habrá pensado ella.

¡Pero, ah, las malvadas casualidades! En el mismo enero el ingeniero Martínez organizó una cena para empresarios en el Salón Río de Janeiro del Hotel Enjoy de Punta del Este, para financiar su campaña electoral. No hubo camarones, pero los platos fueron igualmente apreciados por los asistentes que –sorprendente coincidencia- tuvieron que pagar mil dólares para disfrutar la cena. Así fue que engulleron jamón crudo, filet de lomo, postres, champagne y whisky.

El discurso de Martínez –se dice que duró cuarenta minutos- realizado seguramente después de quedar ahíto, fue escuchado por numerosos empresarios y por varios dirigentes frenteamplistas ya saciados y con los cinturones aflojados.

Al cambio de hoy tanto el ticket que se pagó para comer con Lacalle Pou como el que se abonó para hacerlo con Martínez equivale a treinta y tres mil pesos. Una ganga en la que coincidieron un dirigente que ha sido despreciado por “pituco” y un militante socialista que podría incluirse en lo que en algunos países se conoce como la izquierda caviar (entre nosotros sería la izquierda filet de lomo).

Curiosamente, además, Martínez, como Lacalle Pou, fijó el costo de la cena en dólares, el infame símbolo monetario del imperialismo norteamericano.

Adiós, peso uruguayo.

¿Cómo romperá la ministra Muñoz este nudo que ató en Punta del Este a Martínez con Lacalle Pou? No se sabe. Lo seguro es que el frenteamplista no podrá hacerlo ya que sus allegados sostienen que su oratoria no es su punto fuerte razón por la cual lo empujaron a consultar a un coach.

Se presume que de esta manera mejorará su labia cuando deba justificar, entre otras desventuras montevideanas, la basura de la ciudad, el estado calamitoso de las veredas o su vulgarísima reacción cuando afirmó “los de Adeom me tienen podrido”.

Una salida para el izquierdista del filet de lomo hermanado con el nacionalista “pituco” de los camarones podría ser la que a continuación se expone. Por ejemplo, en lugar de basura debería hablar de cochambre, las veredas serían serventías para viandantes y estar podrido se convertiría en sentirse caronchoso. A Punta del Este -para la izquierda un balneario aristocrático- la redimiría llamándola termal disfrutada por capipardos.

*Miguel Ángel Campodónico es escritor y periodista.