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Violencia hacia las mujeres en las relaciones de pareja

Publicado: 25/11/2018 12:33

Opina Mag. Andrea Tuana*

La violencia hacia las mujeres es una ofensa a la dignidad humana y una manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre varones y mujeres. (Convención de Belem Do Para).

La violencia hacia las mujeres se manifiesta en múltiples ámbitos y se expresa en diversas modalidades como ser: la violencia en las relaciones de pareja, el femicidio, la violencia sexual, el acoso sexual laboral, el acoso callejero, la trata sexual, el abuso sexual intrafamiliar, la violencia mediática, la violencia política, la violencia institucional, la violencia obstétrica, la violencia lesbofóbica y transfóbica, entre otras.

Las desigualdades de género, producen relaciones jerárquicas y asimétricas basadas en mandatos sociales que van moldeando la subjetividad y van estableciendo los parámetros de relacionamiento entre varones y mujeres en forma genérica y en las relaciones particulares.

A través de mitos y mandatos culturales se reproducen las relaciones de subordinación que se naturalizan y en muchos casos se invisibilizan, formando parte de los que se considera aceptable, normal, natural, lo común.

Una referente latinoamericana en estos temas, Rita Segato, se refiere a este contexto como violencia moral, lo caracteriza como “el aire que se respira” y lo define como un conjunto de mecanismos legitimados por la costumbre para garantizar el mantenimiento de los status relativos entre los términos de género. Ella afirma que el género produce violencia, dado que existe una estructura de poder jerárquica y patriarcal a la que denomina relaciones de género. La autora entiende que esta estructura es de por si violentogénica y potencialmente genocida dado que la posición masculina sólo puede ser alcanzada y reproducirse como tal, ejerciendo una o más dimensiones de formas de dominio entrelazadas: sexual, intelectual, económica, política y bélica. La autora describe la existencia de una pedagogía de la crueldad en las relaciones de género.

“En el género hay una pedagogía de la crueldad que es diaria, la primera escena de violencia, de expropiación y desigualdad es la familia. Los medios reproducen el hecho que la familia es el espacio donde aprendemos a hacer cruel. Los crímenes contra las mujeres deben ser abordados desde una posición desligada de la líbido sexual y la privatización porque toda agresión y violación se efectúa para demostrar el poder de la masculinidad convencional”. (Segato, 2013).

Esta violencia moral, opera transformando en natural un hecho social de desigualdad.

En nuestro país, a principios del siglo pasado, en las libertas de matrimonio uruguayas se establecían el siguiente mandato: “El marido debe protección a su mujer, la mujer obediencia a su marido”. Esta idea que a los ojos del siglo XXI parece descabellada, aún tiene una enorme vigencia dentro del “sagrado inviolable” del hogar. Lo que sucede puertas adentro de la casa, continúa siendo un lugar vedado para el ingreso de la justicia y la igualdad. Las 40.000 denuncias anuales y los 28 femicidios ocurridos hasta el día de hoy en nuestro país, son una muestra irrefutable de ello.

Otro concepto que ayuda a comprender los mecanismos que se instalan hoy en las relaciones entre varones y mujeres, es el concepto de micromachismos, desarrollado por Luis Bonino. El autor define los micromachismos como conductas cotidianas, sutiles e invisibilizadas dada su legitimidad social. Plantea que los objetivos de estas micro violencias se orientan a mantener el dominio y la superioridad sobre la mujer, reafirmar o recuperar dicho dominio, resistir al aumento de poder personal o interpersonal de una mujer con la que se vincula. Estas estrategias, si bien son aplicadas en distintos ámbitos, se desarrollan en forma masiva en el ámbito de las relaciones de pareja.

Algunas de estas conductas son:

-Manipulación afectiva: “Si me querés, preferirías estar conmigo que salir con tus amigas”.

-Victimización: “Yo me desvivo por vos y nunca estás contenta, ¿no te alcanza con lo que te doy? ¿porque necesitás irte a esas reuniones?”

-Desconexión y distanciamiento: “Hacé lo que quieras”, “no tengo problema que vayas”. Sin embargo, cuando la pareja vuelve de sus actividades, recibe indiferencia, falta de apoyo, distanciamiento y vacío. Explícitamente se dice que se apoyará, en lo real se castiga esa elección con el distanciamiento emocional.

-Hacer mérito para restablecer el vínculo o lograr el perdón sin comprometer una transformación real del problema de base. Promesas que duran unas semanas y luego todo vuelve al punto inicial.

-Hacer responsable a la pareja de su infelicidad: “Ella me arruinó la vida, por su culpa no soy nada.”

-No responsabilizarse en las tareas domésticas y de cuidado: “Yo ayudo a mi mujer en todas las tareas de la casa.”

-Aprovechamiento y abuso de las capacidades “femeninas de servicio”: “A vos te sale mejor, yo soy muy torpe y distraído”.

-Naturalización y aprovechamiento del rol de cuidadora: “El niño se calma solo contigo, yo no puedo tranquilizarlo.”

-Delegación del trabajo del cuidado de vínculos y personas: “Podés cuidar a mamá en el hospital? Yo no sé ni qué llevarle, vos entendés mas de esas cosas.”

-Requerimientos abusivos solapados: “Ella lo hace porque quiere. Yo no le pido nada, a ella le gusta levantarse de mañana a plancharme la camisa y prepararme la vianda”.

-Negación de la reciprocidad: “Necesito descansar, no puedo atender al bebé, yo trabajo.”

-Aislamiento y malhumor manipulativo: “Cada vez que tengo que hacer horas extras y llego más tarde a casa, está de mal humor, a veces pienso que sería mejor no aceptar las horas extras”

-Autoindulgencia y autojustificación: “Vos sabés que yo te quiero, que intento y me esfuerzo, pero hay cosas que no me salen, me educaron así, en casa mi madre nos hacia todo a nosotros y a mi padre. Tenes que entenderme un poco vos también ¿no?

-Minusvaloración de los propios errores: “No es para tanto, ¿cuantos padres se olvidan de ir a buscar a sus hijos a la escuela? Tampoco es un drama, ya está grande este chiquilín que arma un escándalo por esa pavada, vos lo tenes demasiado mimado”. El niño de 4 años, estuvo dos horas esperando en la escuela, junto a una maestra mientras ubicaban a su padre.

Si analizamos con mayor profundidad las relaciones de pareja, se pueden identificar distintas concepciones, que diagraman los modos de relacionamiento en esos vínculos. Los mitos del amor romántico son trampas en las que muchas mujeres quedan atrapadas, dado que estas concepciones encubren situaciones de violencia o pueden propiciarlas.

Estos mitos pueden ser identificados en nuestra sociedad, reproducidos en la trasmisión cotidiana, en la educación que impartimos a nuestros hijos e hijas, en la publicidad, en la literatura, en las canciones y diversas expresiones culturales, entre otras. Se reproduce en lo que decimos, pero también en lo que callamos, en lo que pasamos por alto, en lo que no cuestionamos.

A continuación, se desarrollan algunos de los principales mitos del amor romántico, que constituyen las piedras angulares desde donde se edifica la desigualdad y se establecen las bases de las relaciones de pareja abusivas y jerárquicas.

-El mito de la media naranja o del alma gemela. Este mito refuerza la idea que la relación con el otro genera la completud y que fuera de ese vínculo no existen otras necesidades afectivas que satisfacer. Este mito promueve las relaciones de extremo control, profundiza la idea de propiedad sobre la otra persona y aumenta los niveles de aislamiento y distanciamiento de otras personas con las que se mantenían vínculos afectivos, generando una dependencia emocional extrema y hasta la anulación de la persona en función de esa idea de complementariedad y completud del uno con el otro.

-El mito de los celos como expresión de amor. Esta creencia legitima acciones violentas, y de extremos control y coarta la autonomía e independencia de las personas.

-El mito de que el amor todo lo puede y que basta con el amor para superar cualquier adversidad. Esta creencia genera fuertes dificultades en las mujeres para pedir ayuda, para salir de una relación violenta en el entendido que el amor podrá superar y transformar las dificultades que enfrenta la pareja. Se refuerza la idea de que es compatible el amor y la violencia, que se debe perdonar por amor y sostener una relación que produce daño en el entendido que el amor podrá superar estas situaciones y que las personas pueden cambiar por amor sin necesidad de otras intervenciones.

-El mito de que el amor y la pareja cubren todas las necesidades e intereses de las personas, que lo demás es secundario. Este mito promueva ideas de tipo “sin ti no soy nada”, refuerzan que no es necesario desarrollar otras relaciones, otras actividades por fuera de la pareja, desarrollar intereses propios, tener espacios personales, etc. Este mito refuerza las ideas de propiedad y control y deteriora la autonomía y el desarrollo pleno de las personas. Atenta contra la autoestima y autoconfianza y promueve la dependencia y despersonalización, fortaleciendo la idea de ser para el otro. Se sostiene en la idea de que la felicidad del otro depende de mí y que por amor debo renunciar a mis intereses para logar el bienestar del otro.

Si bien existen avances y transformaciones que logran cuestionar algunas de estas ideas, muchas personas aún permanecen envueltas en estos dispositivos de disciplinamiento. Algunas de estas concepciones llevadas a sus expresiones más extremas, pueden estar en la base de actos de violencia de género letales, como el femicidio.

Hoy 25 de noviembre, Día Internación de la Eliminación de la Violencia hacia las Mujeres, debemos continuar avanzando hacia un horizonte de igualdad de género. Un horizonte al que muchas personas afilian discursivamente pero no están dispuestas a dar la lucha. Porque dar esa lucha, es confrontar y resistir el sistema de poder en el que vivimos, un sistema de poder patriarcal, adultocéntrico y heteronormativo que nos oprime.

Dar esa lucha es poner en cuestión nuestras certezas, nuestras costumbres, nuestros poderes, nuestras creencias, nuestros aprendizajes.

Dar esa lucha, es entender que no hay formas de violencia graves o menos graves, ni violencias tolerables. Es entender que no es posible ser violento y buen padre. Una persona violenta con su pareja siempre supone un riesgo para sus hijos e hijas.

Dar esa lucha es entender que la violencia sexual existe, que, en casos de niños, niñas y adolescentes, los principales abusadores sexuales son varones y parte de la familia. Es entender que un niño, niña o adolescente no miente ni fantasea cuando relata y pide ayuda en casos de violencia sexual.

Dar esa lucha es amplificar la voz de quienes sufren situaciones de violencia, denunciando las omisiones, los vacíos y las barreras que aún quedan por sortear.

Dar esa lucha es no avalar, justificar, minimizar, ni encubrir ninguna forma de violencia hacia las mujeres.

Dar esa lucha es empezar por nosotros y nosotras, cambiar nuestra cabeza, nuestras creencias y nuestras acciones, cambiar el mundo que nos rodea.

Dar esa lucha es combatir la impunidad, condenando todo acto de violencia de género.

*Andrea Tuana es licenciada en Trabajo Social y magister en Políticas Públicas de Igualdad, directora de la ONG El Paso, e integrante de la Red Uruguaya contra la Violencia Doméstica y Sexual.