Miami, desierta, espera a Irma, un huracán de "proporciones épicas"

Por: Leonel García
Publicado: 8/09/2017 19:15

GABRIEL BALDI

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Desde Miami Beach, un uruguayo residente y una familia de uruguayos que pasaron de turistas a refugiados cuentan cómo esperan los vientos.

Este viernes está espectacular en Miami Beach. Hace mucho calor, treinta y tres grados y, aunque se ven nubes de variada grisura, hay un sol que parte las piedras. No corre una gota de viento. No se mueven ni las banderas. Y, contrariamente a lo que podía esperarse en la zona más turísticamente tropical del estado más turísticamente tropical de Estados Unidos, Florida, no hay nadie. No hay autos, no hay gente en la calle. De los cinco supermercados rebosantes de mercadería ahora hay solo uno y está casi desabastecido. Y las pocas personas que se animan a asomar la nariz están visiblemente alteradas.

Así describe Gabriel Baldi a ECOS cómo está la zona de Miami que se prepara a recibir lo peor de Irma el domingo en la mañana, según las últimas previsiones. Baldi es maestro, tiene 47 años y es un uruguayo que vive hace 22 en Estados Unidos. Más concretamente, vive a diez cuadras de las playas, que deberían estar repletas pero están vacías, en el mismísimo corazón de la zona que las autoridades recomendaron evacuar.

El propio Gabriel estima que el 80% de los habitantes de la zona ya se debe de haber ido.

“En mi apartamento no me voy a quedar. Están haciendo una construcción enfrente y está todo prefabricado”. Traducción: nada peor que estar cerca de un montón de inminentes escombros ante lo que el presidente Donald Trump calificó de un huracán de “proporción épica”, “quizá mayor” de lo jamás visto en un país que no desconoce de huracanes. “Agarré lo esencial y me vino a lo de un amigo. Somos cuatro. Encontré una ‘bakery’ (panadería) abierta y conseguí menús para hoy (viernes), mañana y el domingo”.

Sigue siendo Miami Beach. O sea, sigue estando en el mismo lugar donde pasará lo peor de un huracán más ancho que todo Florida, según lo describió el gobernador Rick Scott. Es otro apartamento, en un cuarto piso, a apenas ocho cuadras de su casa. “Pero acá hay ventanas de ‘alto impacto’, para huracanes, es un lugar seguro. Además, cuando llega no sabés dónde va a caer. El viento va a pegar en todos lados, lo más bravo es que van a quedar las calles inundadas y sin luz. Yo quiero estar cerca de mi propiedad, por si la afecta mucho el agua… y por los robos”.

Y, de paso, le consiguió refugio a unos parientes.

De los vientos de la rambla a Irma

“De pasar de turistas a refugiados”, se ríe Carla Dopasso. Ella, con su madre, su marido y sus dos hijos de 19 y 17 años, montevideanos del Centro, estaban disfrutando de un anhelado viaje al sur de Estados Unidos. Lo tenían pensado para el año pasado, pero un problema de salud del hombre lo postergó para estos días. El paquete que habían comprado vencía el 30 de setiembre así que el 30 de agosto –“¡El día de Santa Rosa!”- se tomaron el avión para Florida. Cinco días en Orlando primero hasta el martes que llegaron a Miami Beach. El jueves avisaron en el hotel en el que se alojaban que tenían que evacuar.

“Nos dieron una lista de refugios. Pero por suerte tenemos a Gabriel (Baldi) que es primo y nos consiguió una casa de una amiga suya. Una casa antigua, de material. Con vigas de madera por todos lados, ventanas de doble vidrio, rejas, casas atrás y a los costados y pocos árboles. Y los vecinos están todos tapando las ventanas con ventanas y láminas de acero”. Y ahí están los cinco, cuya mayor experiencia con los vientos es el temporal de 2005 a la altura de la rambla y Paraguay, aguardando la que parece ser la madre de todas las tormentas, en el noreste de Miami Beach.

¿Y cómo se apronta a vivir tamaña experiencia una familia sin experiencia? Con provisiones, con agua potable y tratando de evitar ver televisión todo el tiempo, para no asustarse con las novedades de Irme arrasando el Caribe.

“Estamos expectantes”, dice Carla. “Mi hijo más chico es el que está más nervioso. Pasa que han machacado que estamos en una zona a evacuar. Pero Gabriel nos dice que estamos tranquilos, que estamos amparados y más cómodos que en un refugio. Hoy (por el viernes) estamos bien, mañana también, cuando empiezan las lluvias. Ves el día de hoy y te parece increíble que se venga un huracán. Eso sí, no da para hacer playa: ya se nota que sube la marea”.

Noticias sin parar

El huracán Irma rebajó la potencia de sus vientos sostenidos de 295 kilómetros por hora a “apenas” 250, según un despacho de la agencia EFE. Ya dejó un tendal de doce muertos y destrucciones casi totales en las Antillas menores. De acuerdo con el Centro Nacional de Huracanes (NHC) de EE.UU., las lluvias que hoy apenas se avecinan en Miami podrían alcanzar los 254 milímetros. Eso son contar las marejadas y las olas de gran tamaño. El gobernador de Florida Scott también anunció el despliegue de 1.000 efectivos de la Guardia Nacional.

Sin embargo, para Gabriel Baldi, quien hace tres años patentó en Uruguay y Estados Unidos una variante del ajedrez llamado “Four fronts”, para hasta cuatro jugadores, su preocupación actual es encontrar un estacionamiento elevado para el auto. “El problema va a estar luego, con las inundaciones”.

A diferencia de sus primos, él sí ha sabido de huracanes. Padeció a Hugo (1989, viviendo en Puerto Rico), George (1998) y Katrina (2005), que en Miami no se ensañó como con Nueva Orleans. “El que dejó una cicatriz bien grande acá fue Andrew”, que en 1992 mató a 23 personas y causó daños por 25,5 mil millones de dólares. Un día como hoy Miami Beach sería un infierno de gente y hoy es un desierto de cemento y arena esperando un infierno de vientos. Y la poca gente que está, está verdaderamente nerviosa.

“Todos están alterados, en la calle, al conducir. Hay gente patrullando en la calle. Pero es cierto que no hay case nada. Mi ‘inner voice’ (sic) me hace mantenerme tranquilo. Pero los nervios de la gente son los normales. Es que hace 48 horas que las noticias no hacen sino informar de lo que se viene. ¡Cómo no te va a alterar!”.