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Sociedad

28/03/2020 16:13

Alejandra Heredia, la profesora que no para sus clases pese al coronavirus

Por: Diego Domínguez

A pesar del coronavirus, la instructora Alejandra Heredia continúa dando clases bajo el lema 'Que nunca pare'.

Alejandra Heredia, la profesora que no para sus clases pese al coronavirus
Alejandra Heredia muestra una sonrisa de oreja a oreja porque terminó su primera clase de spinning online. Su alegría se le sale por los poros y enseguida que corta la video llamada con su primera alumna, se levanta de la bicicleta estática para buscar la aprobación de su hija: “¿Qué te pareció? ¿Cómo la viste? ¿Salió bien la clase?”, pregunta.

Le resulta imposible estar de mal humor. Pese a que tuvo un mal día por una discusión familiar sobre el coronavirus y también la mandaron a seguro de paro en su trabajo, su gesto parece el de alguien que ganó la lotería.

Y es que, si bien se quedó sin la posibilidad de dar clases presenciales por un tiempo, su energía la obligó a buscar una alternativa y a seguir moviéndose: empezó a dar spinning desde la casa.

Con la ayuda de su hija, creó una página en Instagram con la que empezó a motivar gente para que se sume a la iniciativa. Mediante el formato de video llamada y a pura música, les transmite ánimo a cuatro o cinco personas mientras pedalea sin apoyar la cola en el asiento durante 45 minutos.

“¡Vamos! ¡Arriba, arriba!”, le grita a Gimena, una de sus alumnas, cuando sube el volumen de la canción Calma de Pedro Capó y Farruko.

Lejos de mostrarse cansada, a sus 47 años Alejandra tiene energía para dar varias clases seguidas, mantener la intensidad y, a su vez, asumir una tarea demandante en la casa: cumplir el rol de madre las 24 horas.

Sus cuatro hijos y esposo la esperan de lunes a viernes a que llegue del trabajo para cenar en familia, pero ahora esa rutina cambió: el coronavirus obligó a que el Club Minas — lugar en el que trabaja— cerrara sus puertas y Alejandra se quedara sin el lugar físico, pero con las mismas ganas y pasión de siempre.

Todavía recuerda como si fuera hoy su primera clase: “La primera vez que me tocó dar una clase fue en el Club Minas. Me habían prestado el espacio y yo puse las bicicletas que había comprado con mi esposo. Mis alumnos, a los que le daba aeróbica en ese momento, soñaban con hacer spinning porque era el ‘boom’ de aquel tiempo. (…) Fue emocionante, me puse muy nerviosa. Era todo estructurado y yo en realidad soy cero estructurada”, dice a ECOS.

Alejandra disfruta de lo que hace. Esboza una sonrisa cada vez que un alumno responde y grita “¡eso!” cuando le siguen el ritmo. También es consciente de que aquella “idea loca” que se le ocurrió a una amiga en el 2011 dio resultado.

“Un día estaba en mi casa y Valeria (una amiga), que siempre tiene esas ideas locas, me manda un mensaje: ‘Estoy mirando unos premios y está Ariana Grande haciendo spinning con las bicicletas. ¡Ponelo ya, que el spinning tiene que ser así!’”, relata.

Así fue como “enganchó” el estilo “soul-cycling”, —lo mantiene hasta el día de hoy— que consiste en pedalear sobre la bicicleta y moverse al ritmo de la música.

“En el spinning clásico no movés los brazos y no estás todo el tiempo parado. Nosotros le agregamos esas dificultades y es tipo un baile. La gente quedó encantada y yo también. Me gusta más, es más activo, es como un ida y vuelta”, explica.


“Estás cansada, Ale. Hoy no des la clase en bici”, le comentan algunos alumnos cuando la ven exhausta por lo demandante que es la actividad, pero ella no saber hacer caso: es tan apasionada que se presiona a sí misma y no puede estar quieta.

“Me volví medio fanática y no me gusta bajarme de la bici. A veces sí, siento cansancio, pero escucho la música y tengo que estar arriba. Soy inquieta y los veo a ellos (los alumnos) tan desesperados, pedaleando y contentos que digo: ‘Yo me tengo que subir, así como están los demás’”, expresa.

Al hablar de sus clases no puede evitar emocionarse, incluso cuando se le pregunta por quienes le transmiten energía negativa. Tiene cientos de ejemplos curiosos de gente que grita “sacá esa música”, algunos que “van por decir que fueron a spinning”, otros que “quieren sacarse la selfie para el Instagram” y otros tantos que como no les gustó la clase, se levantan y se van.

Con el tiempo supo entender que “hay que aceptarlo” porque “es parte de la diversidad”, aunque en su clase se mantiene un denominador común cuando alguien está de mal humor: “se le va o se le va”. “Después que entró a mi clase o quedó loco o no va más”, bromea entre risas.

“La energía que le pone, las ganas y cómo te transmite todo es lo que admiro de ella. Por algo su lema es 'Que nunca pare'”, opina Claudia, una alumna que afirma que “es imposible alcanzarla” y que nunca había visto algo así a su edad (47).

Su gesto al terminar cada clase parece el de alguien que ganó un Mundial. Pero no, Alejandra no ganó ni el 5 de oro ni un sorteo ni un Mundial; este mes la mandaron a seguro de paro.

Si bien anticipó que “no iba a dar abasto limpiando 15 bicicletas de metal con alcohol”, no se imaginó que iba a dejar de sentir aquella responsabilidad y diversión por 45 minutos durante un largo tiempo.

Pasó de vivir, respirar y sentir spinning a estar las 24 horas dentro de su casa sin hacer actividad, hasta que un día se le prendió la lamparita y decidió trasladar la idea de música y ejercicio a su hogar.

Fue así que se le ocurrió dar spinning online: “Le dije a mis alumnos para darles clases online porque, si bien no tengo experiencia con internet, pensé que por video llamada de Whatsapp podía llamarlos a todos. Dije ‘ta, los llamo, tengo la bicicleta que le compramos a mi hija, la utilizo, pongo música y doy clase’”, afirma.

El coronavirus había sido su primer impedimento laboral en este mes, pero la profesora minuana no dejaría que la tecnología fuera el segundo y, pese a que la aplicación de mensajería —Whatsapp— no la dejaba hacer video llamada con más de cuatro personas a la vez, se las arregló para descargar y aprender a usar Skype.

Le pidió a su hija que la ayudara con la difusión por Instagram y empezó a sumar gente en algo que calificó como “una colaboración” porque “estar encerrado te mata”.

Se trata de una modalidad gratuita, que abarca unos 45 minutos, con la que no pretende recibir dinero a cambio a futuro. También implementó otra similar para quienes no tienen una bicicleta estática, que consiste en hacer ejercicios de fuerza y movimientos con una pesa, una banda elástica o una botella con arena. Eso ayuda, según explicó, a “tonificar los músculos, mover articulaciones y mejorar la postura”.

"Me gusta interactuar, explicar los ejercicios y si se pueden ver, mejor. (Por Skype) Podemos hablar, es más dinámico y sociabilizamos más con el otro aunque estamos encerrados", cuenta.

Al consultarle el motivo de por qué hace algo que no le da rédito económico, la profesora no duda ni un segundo: le volvió esa sensación de “alegría”.

Siente que su clase es “un aporte” y que “estás conectado” porque al pedalear “cantás canciones que nunca en tu vida cantaste” y “no pensás que tenés que pasear al perro o comprar la leche”.

En tiempos donde la salud se robó todos los protagonismos, a ella lo que más le interesa es “difundir el mensaje”. “En estos momentos lo más importante es la salud. Tenemos un criterio para tratar de llegar a la mayor cantidad de gente posible y ofrecerles algo que les atenúe el encierro: el deporte. Esto que yo hago lo ofrezco a todos para mejorar nuestra salud física y mental”, concluyó.

Sea en la sala de un club, en el living de su casa o al aire libre en un parque, Alejandra Heredia siente pasión por el spinning. Para ella, “ese lugar tiene que ser mágico” y la música “te tiene que hacer olvidarte de todo”.

INSTAGRAM: https://www.instagram.com/entrenamientos_heredia/