Tacuarembó: el departamento más grande y el más seguro del país

Por: Leonel García
Publicado: 12/07/2018 07:21
Tacuarembó: el departamento más grande y el más seguro del país
Parlamento

Según los últimos datos del Ministerio del Interior, en relación a su población es el que menos delitos registra. Y quiere seguir igual.

Si al comisario mayor retirado Sergio Solé (54), jefe de Policía de Tacuarembó, le preguntan cuál fue el último gran episodio de la crónica roja de su departamento, se tiene que tomar unos segundos para pensar. “Hubo algún hecho, pero está el de esta muchacha… el que la mató su tío…”. Se refiere al femicidio de una joven de 26 años, el 22 de febrero de este año, en el barrio Juan López de la capital departamental. “Y antes, enseguida de que yo asumí, en marzo de 2017, hubo otro…”. También fue un femicidio, también en López pero en abril del año anterior, cuando un hombre apuñaló a su expareja y luego se mató.

“Acá nunca pasa nada”, le dice riendo a ECOS un periodista radial tacuaremboense, consultado sobre la sensación térmica local. La temperatura parece ratificarlo. Si se consideran los últimos datos oficiales disponibles, según departamento, sobre homicidios consumados y denuncias de rapiña y de hurto, correspondientes a los años 2016 y 2017, todos disponibles en la web del Ministerio del Interior, y se los divide entre las respectivas poblaciones, las matemáticas cantan que Tacuarembó es el departamento más seguro de los 19 del país.

En números reales, Flores tiene menos denuncias, pero juega la razón del artillero: es el departamento menos poblado del país, con 25.050 habitantes según el censo 2011. Tacuarembó, el departamento de más superficie del país, con 15.438 kilómetros cuadrados, tiene 90.053, de los cuales 54.800 viven en la capital homónima.
Si se consideran los últimos datos oficiales disponibles y se los divide entre las respectivas poblaciones, Tacuarembó es el más seguro de los 19 departamentos del país.

Por caso, Flores registró cuatro homicidios en 2016 y 2017; Tacuarembó, con una población casi cuatro veces mayor, ocho, el doble. Parecida relación hay entre denuncias de hurtos y rapiñas: 1,480 y 2.914, y 36 y 62, respectivamente.

En 2016 y 2017, Tacuarembó, que es el noveno departamento en cuanto a población, fue el 13° en denuncias de rapiñas y el 17° en hurtos. En momentos en que autoridades y funcionarios del Ministerio del Interior advierten que los primeros números oficiales de 2018 hablarán de un importante aumento de los delitos, Solé habla de que en su jurisdicción están haciendo “un gran esfuerzo” para mantener los índices actuales. Ya hay más de 10 bocas de pasta base cerradas, en 2017 fueron 30, dice.

Esa sensación de seguridad, algo poco frecuente de oír en casi todo el país, es compartida por autoridades locales y por ciudadanos, más allá de que la época de dejar casas y autos abiertos ya quedó en el pasado. José Omar Menéndez, secretario general de la Intendencia de Tacuarembó, dice que la geografía tiene mucho que ver con esto. No es un departamento de frontera y el tránsito interior se centra en dos rutas grandes, de acceso fácil, lo que ayuda a la vigilancia policial, indica.

A la capital departamental, se llega por las principales arterias del país de norte a sur y de este a oeste, las rutas 5 y 26. El tránsito en ella hace que, según cálculos de Solé, la población flotante de Tacuarembó, “duplique y hasta triplique” a la estable.

Por su parte, Iván Rodríguez, director del semanario Batoví, el más leído en el departamento, apunta también a la gestión policial. “Hay delitos como en todos lados, pasan cosas que antes no pasaban, pero vos notás la vigilancia. Salís de noche y ves patrulleros, salís de día y ves policías a pie. La gente los ve. Y eso sirve como disuasión”.

Tanto la gestión de Solé como la de su antecesor, Oldemar Avero, fueron muy elogiados por Menéndez.

Acciones

El jefe Solé sabe que los números hablan bien de su gestión. “El 18 de diciembre pasado nos dieron un premio de compromiso de gestión, como dependencia destacada, en el Ministerio del Interior”, dice como al pasar. “Somos conscientes de que hemos mantenido la calidad de vida de los tacuaremboenses. Hemos trabajado mucho en la prevención del delito, que es la misión primera y fundamental de la policía. La gestión la basamos en usar racionalmente los recursos humanos que teníamos, que son acordes al departamento”.

La Jefatura de Policía de Tacuarembó consta de 600 funcionarios policiales. Logísticamente, asegura Solé, están “muy bien provistos”. En poco más de un año, 500 de los efectivos han recibido capacitación en relaciones públicas, seguridad pública, gestión, violencia doméstica, armas y tiros, drogas y el nuevo Código de Proceso Penal (CPP). También se apuntó a otras cuestiones: las dependencias policiales son “más amigables e inclusivas”, eliminando los mostradores por una atención más personalizada, y pintando los exteriores de “celeste cielo y azul Francia” –en lugar del verde anterior- y los interiores de “ocre y blanco”. Parecerá meramente cosmético, pero Solé asegura que eso repercutió favorablemente en trabajadores y usuarios.

“Nosotros tuvimos que sacar un comunicado agradeciendo a la población que con muchísimos llamados al 911 dio aviso a situaciones sospechosas. Eso ha permitido la detención de personas y habla de confianza. Hemos logrado el compromiso del personal y la coordinación con todos los actores de la sociedad”, sostiene.

Pero más allá de la pintura en las seccionales, hay operativos. Está el plan Gavilán VI, del Ministerio del Interior, que es un control de rutas y caminos en vehículos y personas. Ese control se realiza conjuntamente con Policía Caminera. Hay otro en Tacuarembó, apuntando a las motos y los transeúntes. “Eso se complementa con un operativo urbano diurno, con personal pie a tierra y motos, en la zona bancaria de la ciudad (Tacuarembó) y otros puntos diagnosticados por la parte táctica”.

Hay otros operativos que son considerados diferenciales. Uno de ellos –el que mencionaba el periodista Iván Rodríguez-, nocturno, supone un patrullaje de 23 horas a 7. Solé señala que si bien hay uno a cargo, todos los oficiales pasan por esa guardia, más allá de la actividad que hagan. “El policía sale a la calle, trabaja, es proactivo”.

El otro se denomina “Candado” y consta el cerrar simultáneamente los nueve puntos de acceso a la ciudad, modificando el día y la hora, durante dos horas. “Eso es por represión y presión de delitos como contrabando, abigeato y faena clandestina”.
El patrullaje constante, más los operativos nocturno y candado son señalados como algunos de los más efectivos para la prevención.

El mayor departamento del país es esencialmente ganadero. Se calcula que tiene más de un millón de vacunos, más de 600 mil ovinos y alrededor de 50 mil yeguarizos. A falta de frontera con Brasil, hay unos 200 kilómetros de costa en el Río Negro que son proclives para delinquir y huir. “Y por suerte, podemos decir que somos el departamento que más ha bajado el índice de abigeatos. En toda la costa, solo recibimos dos denuncias”.

Lo que sí ha crecido es la violencia de género. De hecho, son los dos grandes episodios violentos que Solé recuerda. El departamento está dividido en tres zonas policiales. Está la 1, la “metropolitana”, que atiende a la capital y a dos seccionales rurales. La 2 tiene como base a Villa Ansina, una localidad de casi tres mil habitantes, además de Caraguatá y Las Toscas. La 3, en la costa del Río Negro, incluye a Paso de los Toros (segunda ciudad del departamento, con algo más de 13 mil pobladores) y San Gregorio de Polanco. Todas ellas cuentan con una división específica del tema. “Es un tema que nos preocupa mucho”, reconoce.

Desde afuera

Iván Rodríguez, director de Batoví, matiza, como todo periodista, diciendo que problemas de seguridad “hay, como en todos lados”. Eso sí, no recuerda copamientos ni homicidios recientes producto de alguna rapiña. “Las audiencias a las que voy son por robos chicos”. Destaca además, “la efectividad de la policía local”. Ayuda el tema del pago chico: todos se conocen. Recientemente, una serie de hurtos muy parecidos entre sí fueron descubiertos porque seguían el modus operandi clásico de un conocido delincuente local. Por supuesto, marchó a prisión.

Cuando hay algo raro, la conclusión es obvia: los delincuentes vienen de afuera. Rodríguez dice que también hace poco comenzaron a registrarse unas rapiñas en comercios “de tardecita”, con ladrones llegando en un auto. Ese coche quedó registrado en una de las 50 cámaras de videovigilancia de la ciudad. El vehículo fue detectado en Las Piedras, su dueño era el chofer de la banda, tema resuelto.

Sin embargo, los habitantes ven lo que pasa en “el sur” y también cerca, con las rapiñas fatales en el vecino Salto y los peligros de la frontera seca en Rivera. “La preocupación, obviamente, existe”, reconoce José Omar Menéndez, secretario general de la comuna. “Además, las medidas de seguridad que se toman en Montevideo y en la zona metropolitana hacen que la delincuencia salga a ‘explorar’ al Interior”. La última moda son los cajeros automáticos explotados. Según el jerarca, en Tacuarembó los dispensadores están todos dentro de las sucursales bancarias –ubicadas en plena zona de patrullaje- y no los hay en las rutas. Pero la preocupación está.

“Más allá de los datos que da el Observatorio, la medición nuestra tiene que ser nuestra conciencia. Cuando terminás de trabajar, tenés que pensar qué es lo que hiciste por la comunidad y por la Policía”, reflexiona Sergio Solé. No tiene miedo sobre ningún corrimiento de la delincuencia, sobre todo desde Montevideo. “Del sur ya han venido delincuentes. Y ya han perdido”.