“¿Cuánto nos importan los niños?”, se preguntan los médicos

Por: Leonel García
Publicado: 3/01/2018 16:27
“¿Cuánto nos importan los niños?”, se preguntan los médicos
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Entre quemaduras, ahogamientos y traumatismos, por cada caso fatal hay cuatro lesionados, según la presidenta de la Sociedad de Pediatría.

Un tuit, basado en las noticias del día. La doctora Cecilia Hackembruch tuiteó el martes su desazón por lo que veía en la prensa ese 2 de enero: niños quemados por pirotecnia, un niño que cae de un segundo piso en Manantiales y muere. Ella sostiene que el verano, con gente que se instala en casas que no conoce, o aprovecha para pintar la propia, o quiere hacer un asado, o está más distendido y despreocupado, es la época más propicia para que a los más chicos les pase algo. “¿Cuánto nos importan los niños?”, escribió quien además es directora de ISALUD Uruguay y profesora universitaria de política sanitaria.

A algunos adultos, responsables de esos chicos, muy poco. Una experiencia, basada en la consulta del día, también el martes 2 de enero. La doctora Beatriz Manaro, jefa de la Unidad de Quemados del Hospital Pereira Rossell, atendió –cumpliendo funciones en una mutualista privada- a un niño de cuatro años con quemaduras solares de segundo grado. Sus padres lo habían dejado de las nueve de la mañana a las tres de la tarde en la piscina de plástico del fondo de su casa, al rayo partido del sol, sin protector, remera ni gorro. “¿En serio me estás preguntando si los cuidan…?”.

El verano es la época del año en que los niños están más propensos a sufrir lesiones, afirma a ECOS la doctora Alicia Fernández, presidenta de la Sociedad Uruguaya de Pediatría. Ella se resiste a llamar “accidentes” a estas situaciones: “un accidente es una cosa fortuita y todo esto es prevenible”.

No hay datos ni investigaciones oficiales que sustenten esa sentencia, pero sí está la razón del artillero. Los principales problemas de los niños en esta época son, por orden: las quemaduras por el sol, ahogamientos, los traumatismos por caídas y las quemaduras por fuego y agua caliente.

Las dos últimas se dan todo el año, pero las dos primeras –las principales- son problemas netamente estivales. “Y por cada chico que muere, hay cuatro lesionados en cualquiera de los casos”, subraya la presidenta de la SUP. Ella, quien ha trabajó muchos años en el sanatorio Cantegril de Maldonado, conoce la cara menos amable del verano infantil: quemaduras solares, caídas en bicicleta, ahogamientos (fatales o no), la consecuencia de un adulto tonto que los libra a su suerte en la caja de una camioneta, la consecuencia de otro adulto tonto que piensa que arrojar nafta al fuego es una buena idea para apurar el asadito…

Leve mejora

Las lesiones por pirotecnia quedarían suspendidas hasta las próximas fiestas. Menos mal, opina Hackembruch, porque es una demostración de lo desaprensivo que puede ser con los niños el mundo adulto; no solo el de los padres. “En Fin de Año, yo vi a un niño de cuatro años tirando cañitas voladoras por calle Ramón Anador. No me lo contó nadie, yo lo ví. Mi suegro fue con mis tres hijos chicos a comprar fuegos artificiales y el vendedor les aseguró que ‘no había problema’ en que manipularan esas cosas. No les importa qué les ponen en la mano a los niños”.

Las playas son otro muestrario de lo que no hay que hacer, aseguran los especialistas. Se ha insistido tanto sobre usar por lo menos un protector factor 30 y evitar ir entre las 11 y las 17 horas que esta prédica parece haber dado resultado.

“Tengo la impresión de que se está portando mejor la gente, que las playas están más deshabitadas al mediodía”, señala la doctora María Eugenia Mazzei, presidenta de la Sociedad de Dermatología del Uruguay (SDU). Las secuelas de una excesiva exposición al sol van desde la deshidratación hasta abonar el terreno para un futuro melanoma. “Pero todavía vos estás yéndote a tu casa a las 11 y te cruzás con las mamás con los bebitos desnudos rumbo a la arena…”, añade.

Alicia Fernández, por su lado, también destaca otras mejoras en el comportamiento: “En el agua, al lado de un niño chico, de dos o tres años, hay un padre siempre. Y la mayoría tienen flotadores”.

Sabia decisión: según una investigación de la SUP divulgada a fines del año pasado, el ahogamiento es la principal causa de muerte en niños menores de cinco años y en aquellos que tienen entre 10 y 14.

De acuerdo con Nelson Clavera, presidente de la Asociación Nacional de Guardavidas del Uruguay (ANGU), un balde de agua ya puede ser potencialmente fatal para un niño pequeño. Y esas fatalidades ocurren casi exclusivamente en estas semanas estivales.

“Hay gente muy cuidadosa y gente que no se da cuenta de los peligros de todo espejo de agua”, le dice Clavera a ECOS. La recomendación en niños menores de cinco años es tenerlo “a un brazo de distancia” por parte de un adulto responsable; no, no vale un hermano mayor. Eso en las playas, donde no hay “mansas” que valgan. “En una playa con olas las recomendaciones son menores porque a nadie se le ocurre meter a los chicos”. Y si se trata de una piscina, que esté vallada; todas las fatalidades ocurren en segundos.

Casa nueva

“Tengo la costumbre de observar mucha imprudencia con los niños. No solo por la tragedia de ayer (por el martes), que no pretendió ser un juicio de valor contra nadie. Como médica y como salubrista tengo que ir a la prevención”, le explica Cecilia Hackembruch a ECOS.

Menos frecuentes que las quemaduras y los ahogamientos, episodios como el de Manantiales conmovieron en mucho a estas profesionales. El niño de tres años, integrante de una familia argentina que estaba de vacaciones, llegó subiéndose a un sillón hacia una ventana que no tenía protección (la única del departamento que habían alquilado) y cayó de una altura de seis metros.

“Cuando uno alquila una casa tiene que hacer antes que nada un rápido diagnóstico de las situaciones de peligro: enchufes, ventanas y tejidos”, indica Hackembruch. Lo mismo opina Fernández, quien agrega –de existir- atender a los balcones y la separación entre sus barrotes y a los vallados en torno a los espejos de agua.

La presidenta de la SUP añade otro elemento a tener en cuenta: cuidado con los restos de una celebración. Un niño puede tomarse lo que encuentre en un vaso, sea agua, refresco o whisky. Las intoxicaciones infantiles también son más frecuentes con el calor. Ella conoce el caso de un niño de dos años que aspiró tanta marihuana –sus dos padres son fumadores- que debió ser internado de urgencia.