Lo que quedó en la cancha de los '80

Por: Leonel García

Cinco Sentidos

4/07/2019 06:55

Lo que quedó en la cancha de los '80

Federico Castillo y Horacio Varoli presentan "La ropa en la cancha": Enrique Peña, Obdulio Trasante y el fútbol uruguayo de otro siglo.

En los años ’80, el fútbol uruguayo se jugaba en canchas poceadas y barrosas, con tribunas y taludes de pasto, con jugadores de Primera División que tenían que tener otro trabajo para parar la olla y con transmisiones que premiaban con un kilo de yerba a la figura del partido. En esa década, Uruguay salió dos veces campeón de América, Nacional ganó dos copas Libertadores y dos Intercontinentales, y Peñarol dos y una. Y saltaron a la fama Obdulio Trasante y Enrique Peña.

Trasante y Peña, capitanes de Peñarol y Nacional, respectivamente, cultores de la pierna fuerte, del gesto torvo, del vamoarribaquelostenemo y de lo primero que viene a la mente cuando se piensa en la “garra charrúa”, quedaron eternamente ligados a la tremenda piñata clásica del 19 de abril de 1990. Esa brutal trifulca, que terminó con 16 procesados, es la excusa de “La ropa en la cancha” (Sudamericana, $ 490), libro de los periodistas Federico Castillo y Horacio Varoli.

En poco más de 200 páginas, ambos periodistas (autores de “Hasta la última gota”, sobre Fabián O’Neill, un rotundo éxito editorial al nivel de los libros del Crandon, casi) hacen mucho más que recrear esa golpiza y contar las historias de dos rústicos idolatrados por sus respectivas hinchadas. Es el fruto de tres años de trabajo, incluyendo entrevistas e investigación en archivos de prensa, más de diez encuentros con los protagonistas y otros tantos con los numerosos actores de reparto que aparecen en los sucesivos capítulos. Lo que ambos hacen es pintar un pasado reciente del fútbol uruguayo, en épocas en que “Proceso” era una mala palabra, en que Oscar Tabárez –que pasó por la vida de los dos protagonistas- era un incipiente entrenador-, tan cercano y tan lejano a la vez. Y lo mejor para todo el que gusta de leer: está muy bien escrito. Es literatura y periodismo aplicada a una historia sobre la pelota.

- Estamos de acuerdo que este libro, que son dos historias paralelas a través de lo que se explica una época del fútbol uruguayo, surgió a través de una histórica trifulca clásica. ¿O fue otra cosa?

Federico Castillo: Estábamos buscando nuevas historias futboleras para contar y una de las ideas que surgió fue contar los entretelones de algunos episodios violentos del fútbol uruguayo. Me acuerdo que en ese momento, hace unos tres años, había cierta efervescencia con este tema y se nos ocurrió rastrear los orígenes de la violencia asociada al deporte. Uno de los capítulos era esa gresca clásica de 1990 cuando Peña y Trasante eran los capitanes de Nacional y Peñarol. Fue la primer entrevista que hicimos y ahí nos dimos cuenta que esa dupla rendía mucho más allá de ese episodio, que tenían sus historias de vida y que al contarlas podíamos relatar a través de ellos toda una época del fútbol uruguayo que ya no existe.

Horacio Varoli: Surgió a partir de una idea de contar historias de trifulcas y la de aquel clásico fue la primera que abordamos, pero fuimos encontrando que uno y otro tenían un potencial mayor.

- Están las ligas barriales, los trasfondos políticos, las canchas en mal estado y los premios en kilos de yerba. ¿Qué es lo que les resultó tan fascinante del fútbol de los 80?

FC: Todo eso que mencionás vos: los kilos de yerba, las canchas en mal estado. Un fútbol casi amateur pero que sin embargo era exitoso. Uruguay iba a los mundiales, salía campeón de América, Nacional y Peñarol brillaban a nivel internacional. Más allá del viaje nostálgico que significó revivir el fútbol que veíamos cuando éramos niños, queríamos explorar esos contrastes. Y también rescatar ciertos personajes y actores que hoy están en el olvido porque a veces parece que el fútbol en Uruguay se inventó en el 2010.

HV: Cuando pienso en el fútbol de los ‘80 siempre me vienen algunas imágenes, como figuritas: lo asocio al mostrador de los bares, a las canchas semipeladas de pasto, los shorts cortos, las camisetas de tela y los look afro. Creo que tanto Fede como yo, somos algo nostálgicos. Pero además, lo asocio a los clásicos sin tribunas separadas, de ir en familia grande, con mi padre, mi hermano, primos, tíos, unos de Peñarol y otros de Nacional. Eso es de lo mejor del fútbol de los ‘80 para quienes somos simples espectadores.

- El libro anterior, el de O'Neill, fue el de un gran jugador que se boicoteó la carrera. Esos son dos "rústicos" recordados más por su temple que por su calidad. ¿Por qué esa afición a los "antihéroes"?


HV: No lo enfoco tanto por ese lado. Creo que cada uno de los libros tienen personajes que valen por sus historias, y para la dirección que le quisimos dar a cada libro. En el caso de éste último, fue contar una época del fútbol uruguayo a través de dos personajes, y con ellos también, recordar a otras figuras del fútbol uruguayo. Un caso concreto, y solo como ejemplo, Roberto Fleitas: es un ganador, que no todos tienen presente.

FC: A mí siempre me resultan más atractivas las historias de los antihéroes, de los tipos que se caen y se levantan, de las vidas sacrificadas. Me aburre mucho esa cosa lavada y envuelta con moñito que muestran hoy la mayoría de los jugadores de fútbol en sus redes sociales.
Castillo y Varoli, los autores
Castillo y Varoli, los autores

- Uno de ustedes es hincha de Peñarol y el otro de Nacional, ¿influyó eso? ¿Cada uno tiró para su propio gladiador?

FC: No hubo ningún problema. Yo soy muy hincha de Nacional pero el ‘Tato’ (Varoli) es uno de los mejores hinchas de Peñarol que conozco. Jamás discutimos por fútbol.

HV: A mí me gusta Peñarol, pero no soy anti Nacional. Y no me pesó en nada ese aspecto.

- Trasante genera una sensación de cierta oscuridad: hubo violencia doméstica en su familia, tuvo una vida sentimental agitada, hoy se la rebusca como puede y pide una pensión graciable. Peña, por el contrario, aparece más optimista. ¿Eso fue un descubrimiento o surgió a través de las charlas?


FC: Fue algo que descubrimos en las charlas. Nos pareció una historia de antagonistas que sin embargo tenía muchas coincidencias. Es verdad que salen desde cunas muy distintas pero está bueno ver cómo sus caminos se terminan cruzando, hasta a los piñazos en el medio de una cancha. Hoy se consideran hermanos.

HV: No conocíamos nada de las historias más personales de cada uno. Empezamos a descubrirlo en la primera charla y fuimos avanzando. Hablan de una época; quizás si aquellos tiempos fueran estos, no tendrían el mismo pasar.

- Es inevitable hacer un paralelismo con el Proceso Tabárez, que es nombrado también en el libro. Ustedes dos son futboleros. ¿Qué rescatan de aquella época y qué de esta?

FC: Creo que siempre hubo algo de desprolijidad en la gestión del fútbol y de las selecciones. Revisás los archivos de la época y te das cuenta que las páginas deportivas se repiten en loop. De aquella época rescato los logros internacionales, de esta el orden y el proyecto que lideró Tabarez. El Maestro ordenó la casa, le falta ganar alguna copa más que la de América en el 2011. Es muy poco, porque también tuvo la suerte de conducir a una generación de jugadores absolutamente despegados de la media que no sé cuándo se va a repetir.

HV: Creo que algunas declaraciones de Tabárez de aquellos años evidencian que siempre tuvo en la cabeza la idea de procesos largos, y proyectos de equipo. Eso primero. Es evidente que en esta época se profesionalizó más el fútbol mundial, en menor escala el fútbol uruguayo. Apuntar al profesionalismo en el deporte es positivo. Esos procesos seguramente hicieron que en otros países el fútbol se haya desarrollado más, los equipos sean más potentes y cuenten con más recursos, y que los clubes uruguayos ganen menos. En cierta medida nos hace valorar lo que ganaron los clubes tiempo atrás y las potencialidades que tenemos en caso de pegar un salto.

- Ustedes, más que ninguno, ya lo pueden saber: ¿qué son los tan mentados códigos del fútbol?

HV: “Lo que pasó en la cancha, queda en la cancha”.

FC: Si te respondo esta pregunta, te tengo que matar. Pero como bien dice mi amigo Varoli: Lo que pasa en la cancha, queda en la cancha.