La historia del uruguayo que recorre América de la mano del stand-up

Por: Danilo Costas
Publicado: 3/09/2018 06:50
La historia del uruguayo que recorre América de la mano del stand-up

Diego Vignolo dejó su trabajo en una librería para dedicarse de lleno a la comedia, un proyecto que lo tiene girando por el continente.

Dejar todo para ir detrás de un sueño puede ser una experiencia trascendental en una decisión que lleva horas de meditación, expectativas y una mochila de miedos que implican dejar la estabilidad para dar el salto.

“El primer año es el peor de todos porque vienen las decisiones más duras. Tener que abandonar la estabilidad de un sueldo fijo y un trabajo seguro para dedicarte a la comedia en Uruguay es como saltar al vacío. Muchos me decían que buscara alguna cosa más, que si me la jugaba entero estaba loco, pero mis viejos me apoyaron mucho, me daban una mano con el alquiler, con la luz y algunas cuentas. Fue pasar del ingreso fijo a la nebulosa de tener que sacar pesitos de todos lados es toda una experiencia”, le cuenta a ECOS el salteño Diego Vignolo.

Con 34 años, barba tupida y tono de voz divertido, este comediante salteño relata lo que le tocó vivir hace más de una década, cuando dejó su trabajo en una librería para dar el salto al vacío.

Tras dos años en Buenos Aires, donde vivió con un productor amigo además de aprender y compartir escena con los mejores exponentes del Stand-Up regional, Vignolo volvió a Uruguay con la idea fija de armar una marca, que tomaría forma de pasaporte sellado.

“Me fui invitado a Argentina donde hice un circuito por varias provincias y pensé lo bueno que estaría hacerlo de forma regular. Cuando me invitaban de otros países de afuera lo mismo. Chile, Colombia, Costa Rica, me invitaban de todos lados para festivales puntuales y se me ocurrió coordinar todas las fechas para hacer una gira unificada e ir saltando de país en país. Lo empecé a proyectar en 2013 y me voy ahora para mi tercer gira por el continente”, agrega el uruguayo, que saldrá el martes 4 de setiembre en un periplo por ocho países.

“Comedian on the road”, como bautizó a su gira, lo llevará por Guatemala, Honduras, Costa Rica, Colombia, Chile, Perú, Ecuador y Argentina.

Si bien comparten el mismo idioma, Vignolo se enfrenta a públicos muy distintos desde los modales, las costumbres y las señales de identidad de cada sociedad.

“Cuando empecé a armar las giras consigné un material universal porque tengo mucho material sobre publicidades y marcas de acá que en Honduras por ponerte un ejemplo no se van a entender. Busqué temas desde un enfoque más universal, como los derechos del niño o rutinas (así le dicen los comediantes a sus presentaciones) sobre el cuerpo humano. Girar por países tan distintos tiene el desafío de achicar esa brecha con el público”, agregó.

Además, las diferencias no solo están arriba del escenario, sino que también abajo. “El público está entrenado y es exigente en países donde vio mucho material, desde comediantes excelentes hasta los mediocres. En Nicaragua, por ponerte un país donde el fenómeno del stand-up es más joven, eso no pasa, porque el público vio mucho menos y te pueden funcionar recetas que en otros países ya están agotadas”.

La finalidad es una sola: que la gente se ría. Y en esa misión Vignolo apela a diferentes recursos, desde la paradoja que le supone a un niño destruir la piñata con la cara de su personaje favorito a comentarios sexuales que tienen lo autorreferencial como punto de partida.

En un país de un mercado tan acotado como el uruguayo, vivir de la comedia no es imposible, aunque exige un ejercicio de malabarismo durante todo el año.

“Hace dos semanas me llamaron para hacer un show, al rato me lo cancelaron y a los 10, con toda la euforia y el bajón posterior, me llamaron de otro lado para preguntarme si podía suplir a otro comediante que no podía ir. Esto es así, hacemos malabares para vivir de esto”.

Además de los shows, Vignolo también trabaja freelance para una agencia de publicidad y ocupa su tiempo manejando las redes sociales de una empresa. “Hay gente que gana muy bien y es una profesión que no tiene techo, pero hay que rebuscársela mucho, más si como en mi caso dejás un trabajo formal para dedicarte a esto”.

Las giras funcionan a invitaciones aunque hay un gran componente de inversión. “Ellos me invitan pero hay cosas que tengo que pagar yo. La primera gira fue toda inversión, la segunda me vine apenas abajo y en esta tercera tengo la ilusión de empatar (risas)”.

En tiempos de youtubers y redes sociales, Vignolo cree que su marca pasa por otro lado. “Yo no tengo masividad, no tengo un público propio generado en Instragram, entonces quiero que mi marca sea mi gira, porque me genera un sello y me llaman desde afuera”.