Secretos, miedos y sueños: un viaje a la intimidad de La Vela Puerca

Por: Danilo Costas
Publicado: 26/05/2018 07:30
Secretos, miedos y sueños: un viaje a la intimidad de La Vela Puerca
MARCOS MEZZOTTONI

Sebastián Teysera y Rafael Di Bello, fundadores de la mítica banda uruguaya, hablan de sus expectativas y cambios tras un nuevo disco.

La Ciudad Música, ubicada sobre la calle Ejido, es el refugio de turno para una banda que convoca a miles de personas. De turno, si, porque el fenómeno musical que fusionó rocanrol con ska y se apoderó de un discurso barrial y reflexivo trascendió fronteras.

¿Acaso se les puede asignar un espacio físico? Montevideo, Maldonado, Rocha, Buenos Aires o Córdoba en la vuelta. México, España o Alemania si se decide girar el globo terráqueo. Los destinos se acumulan, como los sellos en el pasaporte.

Es La Vela Puerca, una de las bandas más importantes de la escena musical del continente en los últimos 10 años. Un grupo de amigos que convoca, que disfruta, pero que le pone cabeza, músculo, piel y hueso a un proyecto que resulta indeleble al paso del tiempo.

La cita está pactada para la hora 14.20 y cuando ECOS llega al encuentro, una larga mesa con café y vasos oficia de prólogo. Hay risas, muchas, abrazos y miradas cómplices, entre pedidos de silencio desde el interior de la sala de ensayo.

Sebastián Teysera, la cara más visible del grupo, saluda y da la bienvenida. La charla invita con el grabador apagado y las risas se multiplican, mientras otros integrantes de la familia puerca como el guitarrista Santiago Butler o el manager Juan Zas se suman al círculo.

Luego de un receso sabático de mutuo acuerdo entre sus integrantes, La Vela Puerca volvió al ruedo con Destilar, su séptimo disco de estudio y el motivo de una charla, de la que también participa el otro guitarrista, Rafael Di Bello.

-Destilar es el séptimo disco de estudio en una carrera con poco más de 20 años, casi un promedio de un disco cada tres años. ¿Está mecanizado o es fruto del recorrido y los tiempos de la banda?

Sebastián Teysera (ST): -Si, hay un promedio pero no por una cosa que hayamos planeado. Los discos nos llevaron a tocar muchísimo y no somos una banda que ande girando por ahí componiendo. Definitivamente no somos de escribir en hoteles. Cuando nos vamos de gira tocamos, dormimos y volvemos a tocar, así que el promedio es real pero no es premeditado. El tiempo decae por sí solo, no queremos quedar atrapados en la lógica de tener que sacar un disco cada tanto tiempo porque corremos el riesgo de cumplir con ese plazo pero sacar discos de mierda.

Rafael Di Bello (RDB): -Los discos vienen como se da la situación, no es que tengamos un calendario definido. Hay veces que nos damos cuenta del paso del tiempo porque nos pasa que estamos laburando todo el año, empezamos a rolar y cuando caemos pasaron dos años y medio y no podemos creer que ya pasó tanto desde el último disco.

-El público de la banda es un séquito muy fiel pero muy demandante, ¿tienen algún reclamo de canciones nuevas por parte de ellos?

ST: -El ida y vuelta de la gente está, pero pasa también que si tenés un repertorio que no renovás vos también te empezás a cansar. Tenemos gente que va a todos los shows y nos piden que cambiemos los temas. ‘Para un poco, no vengas a uno’. Igual vos mismo te das cuenta del paso del tiempo y querés ir renovando cosas. A Érase (el sexto disco de estudio lanzado en noviembre de 2014) estuvimos dos años y medio tocándolo, también se nos metió el show por los 20 años de la banda donde se repasaban canciones viejas, entonces fueron más de dos años tocando las mismas canciones y las ganas de sacar algo nuevo estaban.

-¿En qué momento de la banda los encuentra este disco?

ST: -Con un montón de libros más leídos, un montón de discos ya escuchados y mucha más experiencia de vida personal y de camino recorrido a nivel grupal. Cada disco es un desafío nuevo y te tiene que agarrar bien parado. Este nos agarró en un buen momento, descansados, con un receso de ocho meses y en una etapa también donde empezás a extrañar. No a irte de gira, sino a lo que llamamos nosotros que es jugar a hacer música. Reunirnos, empezar a tirar melodías y disfrutar del proceso de crear un disco.

-Deskarado fue su primer disco de estudio y pasaron 20 años desde su publicación. ¿En qué cambiaron ustedes?

RDB: -En nada, tengo menos pelo nomás (risas). Hablando en serio creo que mantenemos la misma esencia. Aprendimos, tratamos de corregir rumbos y quizás musicalmente nos enriquecimos más. Pero pese al paso del tiempo seguimos siendo los mismos que hace 23 años, tenemos las mismas mañas y las mismas muletillas. Hubiera estado bueno que el receso durara más.

ST: -Nos cagó el Mundial (risas). Pensamos en tomarnos todo el año sabático, ponernos a grabar en marzo y que el disco saliera entre junio y julio. Me puse hablar con un periodista argentino y me dijo, ‘si no pones a Messi o a Suárez en el disco olvidate, nadie te va a dar bola’. Ahí nos dimos cuenta que se jugaba el mundial (risas). Y empezamos a manejar fechas. Si lo sacábamos en septiembre, mientras la gente lo escuchaba, el disco se empezaba a difundir y preparábamos la presentación, no podíamos empezar a tocar antes de marzo. Y nos quedaba lejísimo esa fecha. Todo esto que te cuento fue en diciembre de 2017. Entonces decidimos interrumpir el receso, grabar el disco y tomarnos un descanso para ver el Mundial.

Campo, anonimato y una bioconstrucción

Durante ese receso los integrantes de la banda se enfocaron en distintos proyectos personales. Rafael Di Bello se fue a trabajar al campo (es veterinario y el único con un título universitario dentro de la banda, según señalan sus compañeros) mientras que Sebastián Teysera emprendió un viaje solo por España, algo que no hacía desde 1996, y recorrió desde Pamplona hasta País Vasco en un auto que le compró a su cuñado.

En España disfrutó del anonimato, paraba a cargar combustible y hacía las compras para comer como cualquier ciudadano. Eso, acostumbrado al pedido de los fanáticos, fue una forma vital de desconexión.

Sebastián Cebreiro, conocido como El Cebolla, también aparece en escena y acota lo suyo. Aprovechó el receso para acelerar en la edificación de su casa, una bioconstrucción que aprendió a hacer siguiendo manuales de youtube.

-Uno de los desafíos también fue producirse a sí mismo, porque Destilar no tiene un productor externo.

RDB: -Sobrevivir a la producción propia era un desafío también porque estaba pendiente saber quién iba a agarrar el timón en determinado momento, cuando lo iba a soltar y uno como integrante también debe saber cuándo tirar de la piola y cuando aflojar. Fue un proceso de entender al otro todo el tiempo y tantos años de convivencia hizo que eso fuera posible.

-En todos estos años de recorrido hay un cambio musical notorio. ¿Eso se buscó o decantó?

RDB: -Hay un cambio musical sí, pero cuando vos tocas en un grupo formas parte de una conversación con los demás integrantes. Yo creo que durante este disco buscamos tener una conversación más amigable y batallar menos. Somos hijos del rigor, nos tuvimos que poner a producir entre todos y nos apoyamos, el enano se re puso las pilas, el resto de la banda también. Todos fuimos para el mismo lado y ese fue uno de los secretos de la banda.

ST: -La experiencia estuvo buenísima y no hay mal que por bien no venga. Esto del Mundial nos obligó a pisar el acelerador y hacer un disco con muy poca preparación previa. Llegamos a cocinar el disco en el estudio y eso nos dejó un proceso más fresco y más lúdico. Creo que eso se refleja en lo compositivo y en el sonido. En un proceso con una preproducción larga, el disco viene ensayado de antes. Este disco lo vamos a tener que ensayar ahora. Es un proceso al revés porque fue muy espontáneo.

-En Destilar no hay como un hilo conductor sino que cada canción es un capítulo aparte, ¿a nivel compositivo en qué cambió?

ST: -Es así, no hay un hilo conductor como lo había en Piel y Hueso (quinto disco de estudio de la banda editado en octubre de 2011). En este disco cada tema es un mundo aparte y creo que el cambio es más bien lírico, a nivel de las letras y de las interrogantes que se plantean. Desde la inmediatez del mundo moderno hasta la búsqueda de aprobación constante. También la situación de estar sentado pensando que vas a vivir toda la vida y de un día para el otro pum (se golpea la mano contra una pierna), se acaba todo. Disfrutar el presente y entregarle todo a ese presente creo que puede ser el único hilo que tiene el disco.

-La Nube es el corte difusión de este nuevo disco y cuenta la historia de un tipo con vida muy mediocre que se conecta a la realidad virtual para pasar un poco mejor. ¿Ese concepto los inquieta?

RDB: -Ahora es todo tan fácil, tan instantáneo, que nada te sorprende, incluso las cosas que te llevaron pila de esfuerzo conseguir.

ST: -Muchas veces no sos consciente de lo que querés escribir, te ponés a jugar con la hoja en blanco y ahí se devela el tema del que te interesa hablar. Me preocupa hace tiempo la tecnología, el mundo moderno y esa búsqueda de aprobación. Ya no hay una guiñada por ejemplo, ahora es todo Tinder y pacate, pacate, pacate (hace un gesto con las manos como pasando rápido las hojas de una revista).

Como un catálogo de productos.

ST: -Exacto (risas). Eso me asombra. Tengo una personalidad romántica que me gusta y me lleva a pensar que me equivoqué de época. Se perdió la profundidad de descubrir algo. Llegar a tener una banda con el sueño de tocar es algo como que se perdió. Ahora es todo al palo. Llego, saco un tema, lo subo a internet, explota, se prende fuego todo y se apaga. Adiós a la banda. No reniego de la tecnología, pero creo que hay que dosificarla. Ese concepto de la nube como tal me aterra.

-Al inicio de su carrera había un perfil mucho más contestatario a la hora de escribir, algo que hoy hacen desde otro lugar.

ST: -Si es tal cual, pero si a los 22 años no sos contestatario no tenés sangre en las venas. Además, si a los 45 años escribo como lo hacía a los 22, hay algo que no está bien, hay algo que falla por más que quiera hablar de lo mismo. La canción siempre es la misma, pero uno se para desde otro lugar, sin duda.

-¿Por qué tomaron la decisión de ir a grabar a Córdoba?

ST: Nosotros siempre nos vamos a la hora de grabar porque no nos gusta estar en Montevideo. Si grabamos 25 días cada tres años, no jodamos, agarremos las cosas y vámonos. Estaba la opción de Buenos Aires, también buscamos en Brasil y menos mal que no fuimos a Brasil porque la grabación iba a durar dos meses (risas). Nos encontramos con Fernando Ruiz Díaz (líder de la banda argentina Catupecu Machu) y nos recomendó ese estudio. Y allá fuimos. El lugar es espectacular, los paisajes y la tranquilidad. Me acuerdo que incluso influyó porque estando ahí cambié palabras que me sonaban muy citadinas.

-Ruralizaste el discurso.

ST: -Exactamente.

-¿Y por qué terminaron el disco en La Pedrera?

ST: -Porque nos quedaron cosas puntuales de algunos temas para terminar. Alquilamos una casita en La Pedrera, yo me fui solo a terminar algunas letras y el resto de la banda cayó después para terminar de cerrarlas. Me gusta la tranquilidad para sentarme a escribir y por eso la decisión, soy hijo del rigor pero no soy pelotudo.

-¿Consideran que, a nivel estructural, este disco es uno de esos que se puede tocar en vivo y de corrido?

ST: -Se podría si, aún no lo planteamos por más que estamos buscando las canciones viejas que puedan complementarse bien, todo eso está en veremos. Es un disco muy tocable, muy del vivo y está la posibilidad sobre la mesa de tocarlo todo de una.

Segundo semestre de gira

Destilar tiene a Raly Barrionuevo, Mariano Otero y Ernesto Tabárez como músicos invitados. Para el segundo semestre del año hay una gira pactada que los llevará a tocar por Uruguay, Argentina, Perú, México y Chile.

Pasaron dos horas y la charla se termina. Llegan las pizzas, alguna cerveza suelta y varios refrescos. Todos comparten, pese a que este día esté reservado para atender a los medios, compartir con amigos y hablar de una nueva aventura.

La Vela Puerca está de regreso para festejar y sobrevivir porque, al fin y al cabo, esa es su especialidad.