Camila Rajchman enfrenta las críticas: “a mí me juzgan por todo”

Por: Joaquín Silva
Publicado: 10/09/2017 12:05
Camila Rajchman enfrenta las críticas: “a mí me juzgan por todo”
ECOS

La ex cantante de Rombai cuenta cómo enfrenta el ciberbullying y afirma que a veces se exagera al hablar de violencia de género.

“¿Querés que me saque una selfie, mejor?”, pregunta Camila Rajchman (22) sobre la foto que finalmente no ilustró esta nota. Sin esperar respuesta, toma el celular, extiende sus brazos –levemente en diagonal– y entonces aparece estridente, radiante, como iluminada artificialmente, su sonrisa de dientes grandes y blancos. Pero dura apenas unos segundos porque, una vez presionado una, dos, tres veces el aparato, su rostro se pone repentinamente serio, como si en ese instante hubiera recibido la peor de las noticias. Baja de inmediato el celular y no dice palabra. Pero no pasó nada, simplemente es que dio fin a su pequeña sesión fotográfica.

Sucede que su rostro, su imagen, su sonrisa, además de ser parte de su identidad, constituyen una de sus principales herramientas de trabajo. Así lo entiende y no tiene problema con ello, así como tampoco con el aluvión de críticas –ciberbullying, precisa ella– que aún después de abandonar Rombai sigue recibiendo a diario, haga lo que haga.

No le importó ni siquiera el espacio que el popular personaje radial Darwin Desbocatti le dedicó en “No Toquen Nada” –que, por supuesto, se hizo viral– para degradarla e insultarla, con su humor más ácido y agresivo, en su análisis sobre el video que Camila publicó a comienzos de agosto cantando junto a Ruben Rada.“Lo escuché y lloré de la risa –admite–; ¡me tuve que tirar al piso!”. De todos modos, no le hace gracia que se ensañe con ella.

Ocupada en mantener activos su canal de Youtube y su cuenta de Instagram, y a punto de lanzar la colección de verano de sus calzados By Cami, la entrevista transcurre en un centro de estética femenina de Punta Carretas, una suerte de refugio para ella. Allí recibe, tres veces por semana, varios tipos de tratamientos, que van desde electrodos y crioterapia, hasta cavitación y masajes. Aunque la “miman” y le “encanta” pasar horas aquí, dice, la verdadera razón por la que viene es que nota resultados, y eso son cambios en su cuerpo. “Si no fuera así, no tendría sentido venir”.

-A más de un año de haber dejado Rombai, tu agenda ya no debe ser la misma. ¿Hubo un cambio cualitativo?

-Sí, totalmente. Soy mi propia jefa y hago lo que quiero; me ordeno yo los tiempos. Eso es lo más destacable.

-¿Te sentís mejor ahora que cuando estabas en Rombai?

-Sí, porque no tenía una rutina. Los horarios de trabajo y las giras cambiaban todo el tiempo. A veces trabajábamos de martes a domingo, o de jueves a miércoles. Eran semanas largas y no sabíamos cuándo terminabas, cuándo volvías a Uruguay o cuándo estabas en Japón.

-Hoy tenés una intensa actividad en las redes sociales. Particularmente en Youtube e Instagram.

-Sí. Me encanta mi canal de Youtube. Tengo mi equipo, mi filmmaker, mi productora y nos llevamos bárbaro. Creo que estamos armando algo lindo, pero todavía es súper amateur. No soy muy youtuber, en el sentido de buscar y estar pendiente de lo que hacen los demás. Hago lo que tengo ganas de hacer. Y, es cierto, trabajo mucho con Instagram, pero soy muy selectiva con las marcas. Trabajo con muy pocas: las que realmente uso, me identifican, con las que comparto su filosofía; nada que contradiga lo que yo defiendo.

-¿Estás de acuerdo en que una herramienta importante en tu trabajo es tu propia imagen?

-Sí, hoy en día, sí.

-¿Y no te resulta angustiante tener que estar pendiente permanentemente de tu aspecto físico, sin siquiera permitir lastimarte?

-En realidad, nunca me preocupé por venderme como una persona con un cuerpo perfecto. No tengo un personaje. Soy Camila, y así como soy en mi casa soy en las redes y con todos. Entonces, no se me hace difícil porque no es que vendí algo que es mentira. Todo lo contrario: vendí mi yo más auténtico. Y un poco es eso, por algo vengo a un centro estético, para cuidar mi imagen.

-Pero, justamente, tenés que invertir mucho tiempo en esto último…

-O sea, sí, y me gusta. Pero soy cero "minita". Por ejemplo, recién ahora dejé de comerme las uñas, y me las pinto solo para no comérmelas. No soy nada detallista en ese sentido. No voy a la peluquería nunca. También mi desprolijidad tiene que ver con mi imagen. Creo que abarco un poco de todo. Si un día me quiero vestir de rock, lo hago; si un día quiero vestirme formal y ponerme unos tacos altísimos, también lo hago.

-¿Sentís miedo al paso del tiempo, al envejecimiento? Se sabe que el transcurso de la vida devalúa a quienes viven de la industria de la imagen y del espectáculo…

-Cero. Sí me pasa que antes de Rombai, como estaba de novia con un chico muy celoso, sentía que no podía vivir mi adolescencia, eso de salir con mis amigas y divertirme. Luego, cuando entré a la banda, pasé a tener una vida de adulto, trabajando de lunes a lunes, sin tener tiempo para divertirme. Y cuando dejé Rombai, ahora, recién siento que puedo vivir esas experiencias.

-¿Te afecta que te juzguen por tu apariencia?

-No me molesta. A mí me juzgan por todo, así que lo que menos me importa es que me juzguen por la apariencia.

-¿Y cómo convivís con eso?

-Bárbaro. Las críticas nacieron cuando empecé con la exposición y son inevitables. Hay gente que prefiere pasar más tiempo hablando mal de alguien que reconociendo lo bien que estuvo. Pero no me molesta, no me afecta, puedo vivir tranquilamente con eso. Hay veces que digo: “Pah, se fueron al carajo”, pero puedo seguir con mi vida tranquilamente. Y sucede además que a mí me categorizaron por muchos estereotipos. El primero, por ser mujer, como si pertenecer al género femenino fuera algo malo. Y además que cantaba cumbia, que era cheta.

-¿Regulás los comentarios negativos que aparecen en las redes sociales, en tus propias cuentas?

-Para nada. Que expresen lo que quieran. Siempre dije que lo que Juan habla de Pedro habla más de Juan que de Pedro. Es así. Si una foto que me saco en mi casa lo único que le genera a alguien es odio y ganas de comentar y publicar cualquier cosa, me parece que, o está muy al pedo en su casa, o le genera algo horrible que lo lamento mucho. Puede haber un poco de envidia, resentimiento. Es algo que le pasa a mucha gente, no me voy a poner en el rol de que soy la única que los sufre. Es el ciberbullying.

-¿Cómo nació la idea del video que publicaste en Youtube junto a Rada, versionando juntos su canción “Muriendo de Plena”? Tuvo una repercusión muy importante.


-Con Rada nos conocimos en un viaje de Buquebús. Fue su mujer quien se acercó para hablarme. Y ahí comenzó el contacto con él, hasta que un día le propuse hacer un tema juntos. La tiré para ver qué pasaba y se re copó.

-¿El proyecto era solamente eso, grabar un video juntos?

-Sí, aunque grabamos dos; voy a ver cuándo sale el segundo, pero no voy a decir de qué se trata.

-Fue una pieza, también, bastante criticada. Tuvo una gran divulgación un compacto del audiovisual acompañado del comentario de Darwin Desbocatti…

-Sí… Yo estaba de vacaciones en la isla de Formentera –España–, acostada en la playa con las patas para arriba, y me llegaban las cosas y decía: “Mirá si me voy a estresar por esto; estoy acá, quién me saca estas vacaciones”. No me afectó. Y luego, cuando llegué a Uruguay, y le podés preguntar a mis amigos, lo escuché y lloré de la risa; me tuve que tirar al piso. Igualmente, esta vez se le fue un poco la mano, porque ya habló 85 veces mal de mí. Pero se dedica a eso, y me río con él.

-¿Sabés si Rada quedó conforme con el trabajo?

-La verdad se portó muy bien cuando estábamos en el estudio. No hablé con él luego de esa crítica, por lo que no sé cómo la tomó. Pero me escribió su representante diciéndome que había sido un gol, un éxito total.

-Dentro de los casi 500.000 seguidores que tenés en Instragram, 121.000 en Twitter y 24.000 de Facebook, probablemente haya muchas adolescentes que te proyecten como un modelo de mujer a seguir. ¿Te planteaste esa posibilidad? ¿Sentís cierta responsabilidad al respecto?

-Sí, capaz tengo que cuidar ciertos temas, o que los tengo que tratar con mucha delicadeza, como cuando di la charla Ted en la que hablé de la depresión que superé en mi adolescencia. Entonces vi cómo mucha gente se identificó conmigo; me escribieron de todos lados, fue como un boom. Me preguntaban por consejos como si fuera especialista, y más allá de que es muy lindo que me hayan elegido a mí para escucharme, sentí que me pasaban una responsabilidad y yo no tengo fórmulas, ¡no las tengo! No estudié ni psicología ni medicina. Y sí, respondiendo a tu pregunta, la siento. Cuido lo que digo y los consejos que doy.

También soy muy de contestar en las redes sociales a mis seguidores. Estoy atenta a lo que ellos quieren, preguntan, a las inquietudes que les nacen. Quiero que me sientan cerca, no quiero que me vean como allá arriba. Mi deseo es que si ellos quieren tener mi jean, lo puedan tener; que si ellos quieren saber a dónde fui a comer, que lo sepan.

-¿Te preocupa la denominada “agenda de derechos”, en especial la referida a las reivindicaciones de los colectivos que pugnan por mejores condiciones de convivencia para las mujeres? La violencia de género y la alta tasa de femicidios están a la orden del día.

-Esos temas me recontra preocupan, pero no solamente que pasen, sino también a qué se le llama, por ejemplo, “violencia doméstica” o “violencia de género”. Pasa algo parecido con el bullying, que se usa hasta cuando alguien le esconde la lapicera a otro o cuando uno raya un auto. Hay como una exageración: a veces a una discusión entre novios que en realidad se trata de una peleíta, enseguida es catalogada de violencia doméstica o de género. Me parece que no hay que banalizar tanto la palabra, porque luego pierde sentido para cuando realmente hay que usarla. Si no, es difícil darle la trascendencia que se merece al problema en los casos en que sí hay esa violencia y que sufren muchas mujeres y familias.

-¿Pensaste en intervenir activamente o participar de alguna forma en la lucha contra ese problema, como figura pública que sos?

-Sinceramente, me gustaría mucho. Porque yo soy muy consciente y sensible al detectar esas situaciones. Me doy cuenta de los climas que se generan cuando escucho una discusión de pareja cerca de mí. Y además, en cierto punto a mí me tocó, entonces me gustaría concientizar sobre esta problemática.

-¿A qué te referís con que en cierto a ti punto te tocó?

-En la época en que estuve deprimida, entre principios de 2013 y octubre de 2014. Dejaba que me menospreciaran...

-¿Tenés inclinación política?

-Ninguna.

-¿Y alguna causa social a la que ya defiendas o te identifiques?

-Tampoco.